Opinion · La oveja Negra

‘La estrella de la Fortuna’: viva la irreverencia, viva Merinero

En estos tiempos en los que todo ofende e indigna. Donde se quiere prohibir (desde programas de humor hasta patinetes eléctricos) todo lo que se desvía de la línea recta de lo convencional, de las buenas costumbres y del decoro. Cuando a nuestra sociedad no le paran de salir tics autoritarios, convendría regresar a uno de los autores más originales, inmorales, salvajes, libres y brillantes que ha dado el género negro de este país: Carlos Pérez Merinero. Una de sus últimas novelas, publicada después de su fallecimiento es La estrella de la fortuna, editada por Cuadernos del Laberinto.

Miguel Casares, un famoso actor, es invitado al Festival de Cine de San Sebastián donde se va a proyectar una retrospectiva de su obra. Viaja hasta allí, pero nada más llegar se arrepiente de haberlo hecho. No soporta estar rodeado de halagadores profesionales, ni la falsa admiración rancia, ni la superficialidad empalagosa. Y para colmo tiene que volver a ver sus películas. Todas ellas abominables. Así que decide pasar el menor tiempo posible en el festival. En una de sus escapadas, ve como un hombre arroja a una mujer por un acantilado. Él es el único testigo del crimen. Y el asesino lo sabe.

‘La estrella de la fortuna’

Desde ese momento, Casares comprueba que el asesino le sigue a todos los actos del Festival. Pero no siente miedo. Porque a veces, ser testigo de un asesinato no es un problema sino una solución.

La estrella de la fortuna estuvo a punto de ser llevada al cine por Fernando Fernán Gómez como protagonista y director. Cuando lean el libro comprenderán por qué se sintió tan identificado con el personaje. Merinero es un maestro a la hora de retorcer tramas aparentemente convencionales. La novela es una vuelta de tuerca que nadie más que él ha sabido dar. Con una prosa descarnada cargada de lirismo y una originalidad radical, Merinero logra en La estrella de la fortuna unir intriga, humor y sorpresa. Una de sus novelas más inteligentes.

Merinero fue un adelantado a su tiempo. Sus protagonistas no eran policías, ni periodistas, ni detectives empeñados que hacer justicia. No, a él le interesaba la cara B de la historia. Mostrarnos cómo somos los seres humanos en realidad. Toda la violencia, el horror, la crueldad que llevamos dentro. Y quería que cuando la contempláramos expuesta en sus libros nos escandalizáramos. Un soplo de aire fresco, de irreverencia, de crítica mordaz e inteligente. Un escritor único. Y como tal, libre.