Opinion · La oveja Negra

’29 balas y una nota de amor’: sexo, odio y teléfonos móviles

Nunca he creído eso de que la realidad supera a la ficción. Reconozco que el peor de los crímenes generado por la mente de un escritor palidece ante el horror cotidiano de la página de sucesos. Pero realidad y ficción no juegan al mismo juego, ni siguen las mismas reglas. Por eso compararlas tiene algo de tramposo, de inverosímil. Como ese cómic en el que se enfrentaban Muhammad Ali y Superman. La ficción tiene que contar una historia, con sus normas, más o menos establecidas. Necesita resultar atractiva a un público, plantear una serie de preguntas que se verán resueltas a lo largo de la narración, en la mayoría de los casos. La realidad, no. La realidad es sucia, mancha. No necesita motivos ni causas. Es torpe y miserable. En muchos casos no hay explicación a los crímenes o si la hay, la estupidez está muy presente en ella.

29 balas y una nota de amor, escrito por el periodista Alfonso Egea y editado por Alrevés inaugurando una nueva colección de historias reales bajo el clarificador título de Sinficción, narra la investigación de lo que los medios bautizaron como el caso de la Guardia Urbana.

Un coche carbonizado aparece en un camino forestal. En su interior lo que queda de un cuerpo descuartizado y consumido por el fuego. Se trata de Pedro Rodríguez, agente de la Guardia Urbana de Barcelona. Los investigadores, en un primer momento, barajan la hipótesis de un ajuste de cuentas, de una venganza por parte de delincuentes. Pero a medida que van conociendo a Rosa Peral, la novia de Pedro, también agente de la Guardia Urbana, todos los indicios empiezan a señalar en su dirección. Sospechas que aumentan cuando descubren que Rosa mantenía una relación con otro compañero: Albert López. Declaraciones contradictorias, falsas coartadas, intentos de desviar la atención de los investigadores. Sexo, odio y teléfonos móviles.

29 balas y una nota de amor es un libro brillante, lúcido y esclarecedor. Con un estilo directo y descarnado, Egea consigue plasmar paso a paso toda la investigación logrando un relato apasionante y atractivo sin perder rigor. Un ejemplo de narrativa periodística de primer nivel en la que el autor presenta todas las pruebas, los indicios, las declaraciones que fueron conformando el caso sin tomar partido. Dejando que sea el lector, después de conocer todos los datos, el que saque sus propias conclusiones. Imposible no quedar atrapado ante la compleja personalidad de Rosal Peral, la verdadera protagonista del libro. Una obra que gustará a los amantes de la novela negra, a los que siguieron este caso en los medios y a cualquiera que quiera saber cómo actúa el mal en la vida real. Una espléndida forma de inaugurar esta colección.