Opinion · La oveja Negra

‘La melodía de la oscuridad’: cuando la tragedia te señala

La melodía de la oscuridad

No queremos verla. Nunca queremos verla. Pero la tragedia está ahí. Delante de nosotros. Esperándonos. Su dedo se mueve señalando a la gente que pasa mientras recita: «pito, pito, gorgorito…». Puede que aceche a un par de pasos. Tras la siguiente esquina. Puede que aún nos quede mucho para que su índice se detenga delante de nuestro rostro. Pero allí está, eligiendo quien será el desafortunado, aguardando el momento idóneo para echarse encima. «…Dónde vas tú tan bonito…». La monotonía de nuestras vidas, esa absurda sucesión de días clónicos nos hace confiarnos, pensar que todo seguirá siempre así. Una existencia inmutable, sin grandes cambios más allá de los pequeños imprevistos —la lavadora que se estropea, una arruga nueva en el espejo—. Hasta que la tragedia aparece. Para mirarnos a los ojos. Para señalarnos con su largo dedo. «…Esconde la mano que viene la vieja…». Llevando de la mano al miedo y a la tristeza. Entregándonoslos como a dos niños huérfanos de los que ya no nos podremos separar nunca. La cara del doctor antes de darte el resultado del análisis, el grito del teléfono a las tres de la madrugada, el corazón que mengua cuando no ves a tu hijo salir del colegio. Bofetadas que nos da la tragedia para hacernos despertar. Para recordarnos que está ahí, aunque le demos la espalda. Aunque juguemos a que no existe.

En La melodía de la oscuridad, escrita por Daniel Fopiani y editada por Espasa, la tragedia a señalado a sus protagonistas cambiando sus vidas para siempre.

A Adriano, exsargento de la Guardia Civil, su existencia cada vez le resulta más insufrible. El atentado terrorista que sufrió en el País Vasco desfiguró su rostro y su mundo. La bomba le reventó los globos oculares y le arrancó la posibilidad de ser padre. Quizás por eso cada día soporte menos los cuidados de su mujer. Quizás ya esté cansado de ser solo eso, una carga. Pero una serie de extraños asesinatos en Cádiz hacen que los investigadores reclamen su ayuda. Paradójicamente, esas muertes le dan la vida. Le hacen volver a sentirse útil. Le dan un motivo para levantarse cada mañana. Él es el único que se da cuenta de que los asesinatos está relacionados con los doce trabajos de Hércules. Paralelamente conocemos también la vida de Alceo, un hombre que carga con un gran pecado y que busca desesperadamente la absolución: de joven acabó con la vida de toda su familia.

Fopiani construye un thriller magnifico que atrapa al lector no solo por la intriga de la trama sino también desplegando una sensibilidad y una pericia a la hora de describir la difícil relación entre Adriano y su mujer. Conmovedora y profunda. Rebosante de verdad. Lo mejor de la novela. Lenguaje directo al servicio de una historia original que la diferencia de otras novelas enigma en que no solo busca entretener al lector. También quiere hacerlo reflexionar. Fopiani vuelve a demostrar que es un escritor de una pieza. Con La melodía de la oscuridad el 2019 empieza muy fuerte.