Opinion · La oveja Negra

«El asesino sin rostro»: las víctimas también cuentan

El libro comienza con una relación de las víctimas. Las víctimas reales. Todas las mujeres violadas, todos los nombres de los hombres y mujeres asesinados por el llamado Violador de Golden State. Un depredador que asedió California en las décadas de los 70 y 80. Porque de eso va este libro. De las víctimas. Del dolor, del miedo, de la devastación, de cómo la acción criminal de un solo hombre cambió la conciencia, las costumbres, la vida de todo un estado.

El asesino sin rostro, de Michelle McNamara, publicada por RBA, es una incansable e inquietante búsqueda de la verdad. Un true crime literario, una brillante indagación criminal que muestra con minuciosidad los pasos de una investigación policial de más de cuarenta años. McNamara hace una descripción detallada de todos los pasos, actos y movimientos del asesino en serie. Como pasa de agresor en sus primeros años, a violador, para dar un paso más en su espiral de violencia y comenzar a matar. Pero el libro también recoge la obsesión de McNamara con este caso, cómo influye en su vida, tanto que parece que estaba predestinada a contar esta historia (maravillosa la escena en la que abandona la alfombra roja de un acto en Hollywood al que asistía con su marido actor para regresar a casa y conectarse al ordenador porque la policía había encontrado a un antiguo asesino).

El asesino sin rostro es una obra apabullante. McNamara consigue sumergirnos en el trabajo policial, en toda la acumulación de pruebas, de indicios, en las cientos de entrevistas, en la frustración de los agentes al no poder atrapar al asesino, hasta convertir el caso en algo personal. Incluso el caos en la estructura de la novela ayuda a interiorizar mejor cómo se desarrolló la investigación. Avances y retrocesos. Pruebas que parecen definitivas y luego se desvanecen. Se sospechó de un ex militar, incluso de un policía. Pero aquello solo fue otro callejón sin salida. El juego de frío y caliente. Crees que estás muy cerca y ni siquiera me ves. Pero lo que hace a este libro diferente es la delicadeza y respeto con el que McNamara habla de las víctimas.
En abril de 2018, 42 años después; tras 13 muertes y 50 violaciones, el ex veterano y ex agente de policía Joseph James DeAngelo, de 72 años, fue detenido en Auburg (Sacramento). La misma ciudad en la que, décadas atrás, cometió algunos de sus crímenes. Como señalaba la investigación era un ex militar y también un ex policía. Las pruebas de ADN genealógico fueron el fin de una agonía que no parecía tener fin. Michelle McNamara no pudo ser testigo de su detención, pese a que su trabajo fue esencial para atraparlo. McNamara llegó a congregar 3500 archivos sobre el Violador de Golden State, 37 cajas de expedientes que había recibido del fiscal del condado de Orange, docenas de libretas y miles de páginas de informes policiales. Su obsesión por dar caza al asesino en serie fue el desencadenante que acabó con su vida a causa de un ataque al corazón. Ocurrió en 2016 a la edad de 46 años. En su sangre se encontraron Adderal, Fentanilo y Xanax, fármacos que consumió para combatir el estrés y la ansiedad mientras escribía el libro.