Opinion · La oveja Negra

‘La verdad más profunda’: el regreso de Michael Koryta

-La gente está equivocada. La gente siempre está equivocada. Piensan que la diferencia entre un buen bebedor y un borracho radica en la cantidad de alcohol que consumen. Y no es así. No se trata de cuánto beben sino de qué beben.

Era una de esas conversaciones espontáneas de barra de bar. No conocía a aquel tipo ni le había visto en mi vida. Tampoco quería saber su nombre ni ser su amigo. Solo quería estar allí, sentado a su lado. Bebiendo y escuchando. Solo quería seguir engañando a la soledad.

-Si bebes whisky con Coca-cola eres un borracho. Si bebes un Old Fashioned eres un bebedor. Los cócteles son la aristocracia etílica. La demostración de que la perfección cabe en un vaso. Pero hay que tener cuidado con ellos. Cambias un ingrediente y todo se vuelve distinto. A la vida le sucede lo mismo. Mira si no lo que ocurre con el Manhattan y el Rob Roy. Los dos llevan whisky, angostura, vermut dulce. Solo que uno está hecho con whisky de malta y el otro, con escocés. Y eso lo cambia todo. Sí, así son los cócteles… y la vida.

Los libros de Michael Koryta son cócteles. Toma los ingredientes clásicos de la novela negra (como sus obras protagonizadas por el detective privado Lincoln Perry. Sí, sí, a estas alturas y se atreve con un detective privado), los agita con maestría hasta que todo se mezcla. Y lo que crea son novelas nuevas, distintas, cargadas de personalidad y originalidad. Por eso es tan extraño que hayan pasado nueve años desde la última vez que Koryta fue publicado en nuestro país. Afortunadamente, la espera ha terminado.

En La verdad más profunda, publicada por RBA, el autor norteamericano lo vuelve a hacer. Un agente del FBI, un extraño crimen en un pueblo, un reencuentro con una exnovia a la que nunca ha podido olvidar… la canción nos suena porque la hemos escuchado mil veces. Pues no. Desde la primera página nos damos cuenta de que esta novela es otra cosa. Comienza con una confesión en primera persona sin preguntas y con una frase que es como un flechazo para cualquier amante del género negro: «No lo había visto nunca antes del día en que lo matamos».

El agente del FBI Rob Barrett se ofrece voluntario para ir a resolver un caso en Port Hope, una pequeña localidad del estado de Maine. Y no por casualidad. Allí vivió su abuelo, con el que pasó algunos veranos. Un hombre bronco y primario relacionado con un oscuro episodio del pasado de Barrett. Quizás por eso pidió regresar. Él es un especialista en interrogatorios y consigue que Kimberly Crepeaux, una conocida yonqui,  confiese. Ella, una amiga y Mathias Burke, borrachos y colocados, asesinaron a una pareja arrojando sus cuerpos a un lago. Caso cerrado. Pero los buzos no encuentran los cuerpos, la investigación se complica y nadie en Port Hope cree la versión de Kimberly. Nadie excepto Barrett.

Intriga, drogas, ambición y chantaje. Una trama en apariencia convencional que pronto descubrimos que no lo es. Un thriller con elementos de novela negra. Koryta nos hace creer que vamos en línea recta cuando en realidad todo se retuerce una y otra vez como un muelle. Una montaña rusa. Diversión garantizada.

-… Sí, así son los cócteles… y la vida. Aumentas la parte etílica y se te sube a la cabeza. Te crees más de lo que eres. Te pasas con el azúcar, te empalagas y ya no disfrutas del dulce, de las cosas buenas del mundo. Sí, amigo, hay que tener cuidado con los ingredientes, porque siempre que puede la vida te sirve un cóctel amargo. Te lo digo por experiencia.

Y nos quedamos en silencio. Acodados en la barra de bar. Sin mirarnos. Regresando a los brazos de nuestras respectivas soledades. Esperando a que el barman nos pusiera delante una última copa. Un cóctel amargo.