Opinion · La oveja Negra

‘Ciudad Santa’: el corrupto y desesperanzado puzle humano

Al principio, todo puzle es un caótico conjunto de piezas sin sentido. Un amorfo montón de cartoncillos de colores tirados sobre la mesa. Abstracto, ilógico y absurdo. Pero poco a poco vamos reconociendo formas, parciales e incompletas (un retazo de nube, medio ojo seccionado, la mitad de una puerta, el ala de un ave). Una pieza encaja con otra y esa a su vez con una tercera. Y ya tenemos parte del cielo, el rostro de la joven, la entrada de la casa y el cisne. Entonces empezamos a entender. A apreciar qué se esconde detrás de toda esa incomprensible amalgama. Eso es lo que Guillermo Orsi hace en su novela Ciudad Santa, editada por Almuzara. Mostrarnos un puzle llamado Buenos Aires y descifrarlo para nosotros.

¿Se han fijado que muchas de esas piezas tienen forma humana? La cabeza, los brazos, las piernas… El escritor argentino también utiliza a sus personajes como piezas de un puzle. Cada uno con su historia, aparentemente desconectada de las demás, hasta que nos damos cuenta de que todo está relacionado. Una reina de la belleza boliviana que escapa de una vida miserable, un ex torturados que colecciona cabezas mientras busca su lugar dentro de una democracia que es mucho más amable con él de lo que cabría esperar. Un crucero que se queda varado en Río de la Plata con todos los turistas dentro. Una oportunidad para los secuestradores, el problema es que entre los turista viaja un capo de la droga colombiano y su amante. Policías corruptos, muchos, demasiados. Y Buenos Aires abrazándolos a todos, como una madrasta que quiere salir bien en la foto.

Orsi construye una trama compleja y densa. Con una literatura de ritmo cadencioso pero implacable. Un estilo contundente. Sin concesiones a la galería. Una despiadada vivisección de una ciudad y de sus habitantes. Y por extensión, de nuestra sociedad y de nuestro interior. Como en una sala de despiece, el escritor argentino muestra sin pudor las partes más siniestras de la condición humana. Imbecilidad, corrupción, ambición y egoísmo. Los cuatro jinetes del apocalipsis moderno. Ciudad Santa es una gran novela negra. Negra como la tinta que el calamar usa para defenderse. Porque eso es lo que hace Orsi, defenderse mostrándonos las entrañas de una sociedad que no le gusta.

“Un policía es como un cirujano, el cirujano abre los cuerpos, es un forense de los que todavía están vivos; el policía abre las tripas de una ciudad inmunda”

Con Ciudad Santa, el maestro argentino se alzó con el premio Dashiell Hammett de la Semana Negra de Gijón en 2010. Guillermo Orsi participará en el Festival de novela negra Black Mountain Bossòst que se celebrará del 29 de abril al 5 de mayo en esta localidad del Valle de Arán. Organizado por el incansable maestro José Luís Muñoz. Y le acompañarán escritores de la categoría de Andreu Martín, Juan Madrid, Marcelo Luján, Susana Martín Gijón, Empar Fernández, Paco Gómez Escribano, Mariano Sánchez Soler, Alberto Pasamontes, Noelia Lorenzo Pino y muchos más. No les estoy pidiendo que vayan. Se lo estoy ordenando.

Manejando una trama compleja en la que se entrecruzan policías ex torturadores reciclados a los hábitos democráticos, sin mucho éxito, una miss boliviana de guedejas rubias y unos turistas muy especiales ? un capo colombiano y su amante ? de un crucero encallado en el Río de la Plata que son secuestrados, el autor de Sueños de perro y Nadie ama a un policía construye un puzle enrevesado cuyas piezas van encajando con precisión de orfebre y provoca sequedad de garganta a quien se adentre en ella. Novela coral, con múltiples voces y verosímiles diálogos que definen a los personajes, en la que el talento narrativo de Orsi dibuja un Buenos Aires desnortado y sin horizontes por el que pululan personajes que mejor no encontrarse nunca.

Pero si la trama de esta Ciudad Santa es envolvente y los personajes creíbles con ese primer trazo con que acceden a sus páginas, donde Guillermo Orsi vuela muy alto es en su estilo literario, contundente pero sin artificios, de una negritud que no admite paliativos.

“Como ahora, desconfiado y sucio, solo, siempre, aplaudido por los alcahuetes que en privado se la chupan pero cuando se encienden las luces hablan de los derechos civiles, de la barbaridad de moler a golpes a un filicida nada más que por acortarle la vida que no merece, a veces, y otras por una información que siempre llegará tarde, como las ambulancias y los bomberos…”

Una novela que no puede decepcionar a los amantes de lo negro criminal, espléndidamente escrita de principio a fin por uno de los maestros actuales del género.