Opinión · La oveja Negra

‘Soy la venganza de un hombre muerto’: el rostro de la mala suerte

Imaginen todos esos momentos de su vida en los que debería haber salido cara y sin embargo la moneda les mostró la cruz. Todas esas veces en las que el destino les puso la zancadilla (aquel examen en el que les preguntaron justo lo que no habían estudiado, aquella chica a la que nunca se atrevieron a besar, aquel ascenso que tanto merecían y jamás consiguieron). Esos instantes decisivos que podrían haber hecho que su vida fuese otra… si hubieran tenido un poco de suerte. Si la existencia hubiese sido una calle recta, sin tantas esquinas en las que perderse. Si la maldita realidad no estropeara todos nuestros planes. Y ahora imaginen que todas las decepciones, las frustraciones y los fracasos vitales que han sufrido durante toda su vida no fueran fruto del azar. Que la casualidad no hubiera tenido nada que ver. Que nuestra mala suerte tuviera un rostro humano. Que alguien, sin que nosotros lo supiéramos, hubiera planeado destruir metódicamente todos y cada uno de nuestros sueños.

Esto es lo que se nos plantea Alberto Valle en su novela Soy la venganza de un hombre muerto, editada por Alrevés y ganadora del Premio de narrativa Ciutat de Vila-real 2018.

  1. Barcelona. Un suceso extraño. Aparece el cadáver calcinado de un joven. Pero el asesino ha cometido un error. La documentación del muerto no se ha quemado totalmente y la policía no tarda en identificarlo. Se trata de Ángel Madera Cruañes. O eso parece. Porque el inspector Guillermo Arganda sospecha que detrás del crimen hay algo más. Algo oscuro. Todas las pistas le conducen a un nombre: Miguel Morera. Un joven acaudalado que acaba de perder a su familia. O eso parece. Porque Guillermo Arganda nunca debió de cruzarse en el camino de Miguel. Porque desde entonces toda su vida fue como caer desde lo alto de una escalera, golpe tras golpe descendiendo por la pendiente hasta tocar fondo. O eso parece.

En esta obra, Alberto Valle se quita la careta de Pascual Ulpiano con la que firma las novelas pulp protagonizadas por Palop, para afrontar nuevos riesgos. Casi cuatrocientas páginas de una obra coral narrada en primera persona, con las dificultades que eso conlleva, que solventa con maestría demostrando su talla como escritor. Soy la venganza de un hombre muerto es una obra ambiciosa, un recorrido por la evolución de una ciudad, Barcelona, de la mano de los personajes que también son el reflejo de los cambios de nuestra sociedad desde 1952 hasta 1991. Sin abandonar su estilo, violento y crudo, Alberto Valle se ha puesto serio creando una novela dura, sobria y oscura. Como esas copas de coñac barato que algunos tipos toman para desayunar. Esos tipos que nunca han tenido suerte.

En otro orden de cosas, del 10 al 19 de mayo se está celebrando el Festival Valencia Negra que este año quiere poner en acento en las escritoras del género. Participarán autoras como Johana Gustawsson, Sandrine Destombes, Antonella Latanzzi, Fiona Barton, Vanessa Savage, Berna G. Harbour, Lourdes Ortiz, Margarida Arizteta, Domingo Villar, Lorenzo Silva o Víctor del Árbol. Luego no digan que no les avisé.