Opinion · La oveja Negra

‘Diamantes y otros demonios’: el esfuerzo inútil por recuperar un tiempo perdido

«Si lo que estás haciendo te importa de veras, si estás convencido de que es una buena historia, no hay nada que te interese más en el mundo y te sientas a escribir porque es lo único que quieres hacer, aunque te esté esperando Sofía Loren». Así describe Gabriel García Márquez lo que siente un escritor cuando una novela se te mete dentro. Puedes tardar años o solo unas pocas semanas. Pero tarde o temprano tienes que sacarla afuera, o te consumirá por dentro y te convertirás en uno de esos seres solitarios que habitan los extremos de las barras de los bares. Haciéndole confidencias a sus copas.

La historia de Diamantes y otros demonios, editada por Cuadernos del Laberinto, se le metió dentro a Miguel Sandín en 1987, mientras hacía el servicio militar en Melilla. Esa sensación de desubicación, de estar dentro de un paréntesis de tu propia vida, de haber sido arrancado del entorno, de lo que quieres, de lo que te importa… para caer atrapado en una enorme y pastosa pérdida de tiempo, fue la génesis de la obra y está presente en toda la novela.

Mario Castejón regresa a Madrid. Pero Madrid ya no lo reconoce. Ha pasado los últimos siete años de su vida en una prisión de Johannesburgo acusado de contrabando de diamantes. Cuando Levendarski se lo propuso le pareció una buena idea. Dejar de depender del cretino de su padre, como un disco rayado que repite siempre lo mismo. Esa era su cara A, la de político importante de intachable reputación. Pero luego estaba la cara B, la de las corruptelas y las comisiones. Con lo que sacara por los diamantes quería montar su propio local de jazz. Ha vuelto para recuperar lo que le han quitado, su novia, sus sueños, su dinero… porque ahora sabe que le traicionaron. Y nada como la venganza para recordarte a ti mismo quién eres.

Con un estilo elegante y depurado, y la personalidad que acompaña todas sus obras, Diamantes y otros demonios es una declaración de amor al jazz, a las noches eternas de Madrid. Un reconocimiento de que los sueños más hermosos son aquello que no se han cumplido. Que nunca se cumplirán. Porque si lo hicieran, la realidad los mancharía con sus sucias manos. Una historia cargada de lirismo y nostalgia, de derrota y de esperanza. Una demostración más de la maestría literaria de Miguel Sandín. Entren a escuchar jazz en este garito construido sobre páginas de papel. Yo ya he pedido otra copa con la esperanza de que en esta ocasión, por fin, el alba nunca llegue.