Opinion · La oveja Negra

‘Disparad al pianista’: la biblia de los malditos

Hay una santísima trinidad, aceptada por la inmensa mayoría de feligreses de la novela negra, formada por Raymond Chandler, Dasiell Hammett y Jim Thompson. Es indiscutible la calidad y la influencia que han tenido estos tres autores dentro del género. Hasta el punto de ser considerados los padres fundadores. Pero, en mi opinión, existe otra trinidad. No tan santa como la primera. Ni tan Influyente. Ni tan reconocida. La trinidad de los malditos (evidentemente Thompson podría estar también en esta, bueno, Thompson podría estar donde le diera la gana). Una trinidad formada por James Sallis, James M. Cain y David Goodis. Se podría añadir a la lista otros nombres como Horace Mccoy, Chester Himes, Marc Behm… Sin embargo, creo que las obras de los tres primeros tienen un punto en común que las hace distintas al resto. Ese desencanto vital de todos sus personajes. Esa tristeza existencial. Seres enfrentados al absurdo de la vida, al dolor íntimo de vivir. Como ese brazo que no para de molestar aunque nos lo hayan amputado. Sujetos autodestructivos, incapaces de escapar del fatalismo que acompaña todos sus actos. Cansados de levantarse después de tantas caídas. Conscientes de que la vida no es más que una ridícula colección de derrotas. Porque al final del camino nos espera ella, saludándonos con la mano desde el andén de la estación. La muerte. El gran tema de todos sus libros.

Para ilustrar esta trinidad de los malditos he escogido una de las novelas en las que mejor se aprecia las características de sus obras. Disparad al pianista, el imperecedero clásico de David Goodis editado por RBA.

Eddie Webster toca el piano en un bar de mala muerte de Filadelfia, el Harriet´s Hut. Y así pasa los días, sin sobresaltos. Como si la vida consistiera en una monótona espera a que llegue la muerte. Pero un día entra por la puerta su hermano Turley. Dos mafiosos le persiguen y necesita que su hermano le eche una mano. Eddie no quiere meterse en líos. Solo quiere quedarse allí, tocando el piano. Pero cuando los dos matones entran en el bar, Eddie ayuda a su hermano a escapar. Y sabe que es un error. Un grave error. Otra vez la vida le tiende una trampa en la que él, irremediablemente cae. Ahora es Eddie el que tiene que huir y lo hace con Lena, una camarera del Harriet´s Hut. Otra equivocación. Pero Lena es la única que sabe su secreto. Sabe quién es en realidad Eddie Webster, Sabe que tocó el cielo con los dedos para instalarse definitivamente en el infierno.

Decían que David Goodis no escribía novelas sino notas de suicidio. Disparad al pianista es una obra oscura, intensa, profunda. Hermosa y trágica como una demolición. Con esa inteligencia cínica del que ya está de vuelta de todo. La vida mostrándonos todo su repertorio de golpes.