Opinion · La oveja Negra

‘Vivir sin permiso’: la Galicia surreal del narco

Cuando uno llega a cierta edad, lo único que le queda, que realmente le da satisfacción en la vida, son los vicios y los prejuicios. De los primeros no voy a hablar, no sea que entre los lectores de esta columna se encuentre algún miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. En cuanto a los segundos, uno de los que están más firmemente arraigados en mi interior es el prejuicio que siento ante las incursiones que algunos escritores llamados “serios” hacen en el género negro. Leyendo entrevistas con algunos de ellos suelen decir cosas como: “me apetecía probar”, transmitiendo esa imagen del género negro como de algo menor, sencillo, simple. Como si ellos pudieran escribir en dos tardes “El largo adiós”, “Jazz Blanco”, “Prótesis” o “Extraños en un tren”. Claro, uno luego lee las novelas negras de los escritores “serios” y empieza el ja, je, ji, jo, ju y no para. Que no sabes si han querido hacer una incursión en el mundo criminal o en el del humor.

Con toda mi mochila de prejuicios, me enfrenté a Vivir sin permiso, la novela de Manuel Rivas editada por Alfaguara. Y he de reconocer que, a medida que iba pasando las páginas, mis prejuicios se fueron disolviendo, como la cocaína en el mar.

Tres relatos, El miedo de los erizos, Vivir sin miedo y Sagrado mar, con el narcotráfico en Galicia como telón de fondo. La cuadrilla de los erizos encuentra unos fardos de droga en alta mar. Les ha tocado la lotería. Esconden la coca y esperan que pase el tiempo para poder venderla. Pero el tiempo lo que les trae es a dos hombres del narco. Dos heraldos de la muerte.

Nemo Bandeira, es desde hace años el hombre más poderoso de Oeste. Un poder nacido de la violencia y del delito. Pero el dinero compra la respetabilidad. El dinero y el miedo. Aunque de esto último le queda poco. Está perdiendo la memoria y sus enemigos comienzan a devorarle, con pequeños mordiscos, muy pequeños, aunque sabe que irán siendo mayores.

Camagüey y Nel comparten celda cuando Duroc, el capo de la prisión les hace una visita. La traición se paga y la obediencia es más fuerte que el amor porque tiene el apoyo del miedo.

Con su estilo personal, Rivas construye tres historias brillantes e inolvidables. Esa mezcla de naturalismo y surrealismo que casa tan bien con Galicia. Unos personajes originales, locos y contradictorios como los son los seres humanos, no los clichés. Un manejo del lenguaje al alcance de muy pocos y un derroche de imaginación que convierten la lectura de este libro en una experiencia deliciosa.  Vivir sin permiso no es una novela negra canónica, ni falta que hace. La personalidad del autor y su universo literario están muy presentes, como también lo está el mundo del narco y el ambiente criminal de Galicia. Por una vez, mis prejuicios se han equivocado.