Opinion · La oveja Negra

‘Meridiano de sangre’: novela negra fuera del género

El escritor argentino Marcelo Figueras publicó en la revista El Cohete a la Luna un formidable artículo titulado Bailando lento en una habitación en llamas (gracias Paco Gómez Escribano por hacérmelo llegar) en el que reflexionaba sobre los nuevos caminos de la novela negra. Para Figueras, en las novelas negras clásicas el crimen era una anomalía, un cuerpo extraño dentro de la sociedad que la policía o el detective de turno localiza y soluciona para que los buenos ciudadanos puedan volver a dormir tranquilos. El delito presentado como un virus externo al que se combate con antibióticos para que el organismo siga funcionando a la perfección. ¿Pero qué pasa cuando la sociedad es la criminal?: “Si a diario no estafa, abusa, viola y mata, este sistema no funciona. Si no crea o prolonga guerras artificialmente, este sistema no funciona. Si no asesina por codicia —escatimando o adulterando medicinas y alimentos, jodiendo al mundo mediante minería ilegal, contaminación o fumigando con veneno—, este sistema no funciona.”.

Y va más allá: “Ya no podemos alegar que vivimos en un sistema infectado por la corrupción: la corrupción, más bien, es el sistema. Aquí la democracia es una cáscara vacía, la economía es el nombre del expolio, la prensa se dedica a desinformar y difamar, el Poder Judicial trabaja para los ricos y lo que mantiene la calesita en movimiento es la violencia”.

Por todo esto para Figueras, las novelas que recogen esta nueva visión global de lo criminal son dos obras que no están consideradas novelas negras. Una es El club de la lucha, de Chuck Palahniuk (1996) y Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy (1985), la novela de la que hablaremos hoy.

Mitad del siglo XIX. Frontera entre México y Estados Unidos. Ambos países quieren extenderse. Por eso crean el llamado Grupo Glanton. Asesinos a sueldo contratados para que maten al mayor número de indios posibles, pagándoles por cada cabellera. De entre todos aquellos hombres destaca el juez Holden, un albino calvo y gigantesco que disfruta violando y asesinando niños indios.

Meridiano de sangre es una de las más brillantes y brutales novelas de McCarthy. Un werstern sin épica ni moral que nos habla de cómo se construye un país, con cimientos de sangre. Cuando los asesinos se dan cuenta de que para seguir siendo criminales el mejor camino es crear un nuevo Estado. Una maravilla para descubrir que lo negro no solo está en las estanterías de las novelas policiales.