Opinion · La oveja Negra

‘Voraces’: aventura sobrenatural en el siglo XIX

Si es usted lector habitual de esta columna, ya habrá notado (he dado múltiples pruebas de ello) que me gustan los cócteles, las mezclas, los combinados. Huyó de la monotonía del whisky solo, cuyos monoteístas bebedores únicamente admiten como aceptable la variante «con hielo» (declaran anatema a quienes lo piden con agua). Yo, en cambio, prefiero convertir mi copa en un caleidoscopio donde mezclar sabores, matices, sensaciones. El dandy negroni, el sedoso ruso blanco, el excéntrico Mai Tai… obras de arte alcohólicas fruto del trabajo abnegado de miles de hígados anónimos y de incontables noches de juerga. Con los libros me pasa igual. Me gustan los que mezclan temas, géneros… Aunque si me dan a elegir entre una novela negra y otra que no lo es tengo las mismas dudas que ante una cerveza con o sin. Ninguna.

Voraces, de Nieves Abarca y editada por Espasa, es una de esas obras difíciles de definir por la cantidad de géneros que mezcla. Histórica, fantástica, gótica, de terror, de aventuras. Pero no es negra.

La trama se desarrolla en dos espacios temporales y físicos. El Londres de 1830, donde los liberales españoles se refugian de la persecución de Fernando VII. Personajes como los generales Espoz y Mina y Torrijos se juntan con el poeta José de Espronceda para preparar un alzamiento que derroque al Rey Borbón. Todos ellos agrupados bajo el manto protector del Duque de Wellington, compañero de armas en la guerra de independencia. Pero el duque de hierro oculta un siniestro secreto, algo que se remonta al tiempo que pasó en La India. El segundo espacio temporal y físico nos traslada a 1854. Cuando un tétrico barco negro llega a la bahía de La Coruña. Juana de Vega, viuda del general Espoz y Mina, lucha contra el cólera que asola la ciudad. Pero el barco trae consigo otra maldición. Una mucho más terrible. Una que Juana conoce, porque ya tuvo que enfrentarse a ella en Londres.

Nieves Abarca construye una novela llena de matices y de aciertos. Dosificando con maestría la información para aumentar el suspense, a pesar de que los acontecimientos históricos sean conocidos. Escrita con un leguaje elegante, acorde con la época, en la que destacan la creación de ambientes y la humanización de los personajes históricos. La utilización de capítulos cortos aumenta el ritmo de la narración y hace imposible que el lector deje de leer hasta pasar la última página. Una novela divertida, original y con empaque. Donde se nota que estamos ante una gran escritora. No, no es una novela negra. Pero es una gran novela.