Opinion · La soledad del corredor de fondo

Dar a la huelga de Movistar la relevancia política que merece

Los comentarios y debates suscitados a raíz de mi último artículo en Público, La huelga de técnicos de Movistar y la irrupción del nuevo asalariado urbano, me animan a volver a profundizar sobre las implicaciones políticas y sociales de una huelga que ya supera el mes de duración.

Las condiciones de trabajo que denuncian los trabajadores, subcontratistas y falsos autónomos de Movistar son las que conforman la condición del trabajo en su modalidad actual.

La huelga vuelve a situar en primer plano la ocultada y sumergida realidad de la empresa como un lugar de conflicto, y recuperan la concepción de la empresa como el más acabado símbolo del conflicto social, por mucho que hoy día haya adquirido protagonismo otras variantes y otras modalidades de la conflictividad social. Conflicto que se da en un ámbito en el que para muchos era impensable que en estos sectores y estos trabajadores, pudiesen desarrollar una lucha de tales características.

En el anterior artículo advertía con el error de minusvalorar el conflicto abierto con la huelga indefinida de los técnicos de Movistar. Estamos ante uno de los primeros conflictos obreros de la “España que viene”, y es fundamental trazar una estrategia del conjunto de la izquierda política, social y sindical para ganarlo, porque de no hacerlo, estaremos reafirmando a las élites de este país en su modelo social de precariedad estructural.

Sin embargo, y de manera sorprendente, la izquierda llevamos año y medio sumidas en una estrategia de absoluto protagonismo electoral, que da poco pie para airear los conflictos sociales. Y como diría López Bulla en su artículo dedicado a la huelga de Movistar: “la solidaridad es un instrumento de primer orden y, tal vez en este caso de Movistar, no está a la altura que merece”.

En la empresa actual se desarrollan extraordinarios y potentes procesos de innovación tecnológica, que profundizan en la marginación, el despido y el olvido del trabajo humano. Procesos de renacimiento autoritario que no son sino la otra cara de la moneda que se da en el resurgir del autoritarismo político de nuestras sociedades; procesos de control del ser humano, a través de mandos intermedios, subcontratas, teletrabajo, economía sumergida y controles informáticos que hacen que hoy día el trabajador, incluso el más formado técnicamente, esté sometido a un gran hermano digital que le vigila y censura desde la empresa matriz.

Frente a esta realidad, el pensamiento predominante dentro de la izquierda toma el territorio como marco exclusivo del conflicto social y centra en el Estado el único ámbito de reivindicación. En este contexto se avanzó en una apuesta teórica y de interpretación política “por fuera de la fábrica”, que desarrolló marcos teóricos más interesados por otras esferas de la acción colectiva alejada del mundo del trabajo.

En las condiciones actuales necesitamos dar por terminada la fase de desatención de la izquierda de la consideración del espacio productivo como espacio político predominante y del conflicto colectivo como herramienta fundamental de la acción. Abandonar la acción en los centros de trabajo y abandonar la huelga y el conflicto colectivo como herramienta de conflicto, es ceder toda la suerte de la acción popular a su mera dimensión electoral.

Dedicar este artículo a los compañeros y compañeras en huelga, que con su lucha, representan la dignidad de todo un país.