Opinion · La soledad del corredor de fondo

Unidas Podemos. ¿Por qué hemos perdido?

El pasado 26 de mayo, finalizó un largo ciclo electoral que ha dejado a Unidas Podemos (UP) como la gran derrotada. Una vez realizadas las valoraciones por parte de sus máximos líderes, la sensación de haber pasado por alto las cuestiones esenciales del porqué de tan malos resultados, han llevado a relevantes referentes de UP, como Manuel Monereo, a hablar de un vacío estratégico en dicho espacio.

Los líderes de IU y Podemos esgrimieron argumentos relacionados con la falta de unidad y recurrieron a factores mayormente exógenos para explicar la derrota. A pesar de que la izquierda, si algo tenemos ahora, es tiempo, no parece probable que se abra un debate estratégico sobre los problemas que arrastramos y que se manifestaron ya el 26 de junio de 2016.

La derrota de los Ayuntamientos del cambio y la difícil relación con las periferias urbanas

La derrota de las Ciudades del cambio, es probablemente el hecho político de mayor transcendencia que haya sufrido el espacio articulado en torno a UP. La pérdida de los Ayuntamientos del cambio lo es también de muchas de las expresiones municipalitas más originales, así como un duro golpe para los discursos de gestión, con las que UP pretendían presentarse a la sociedad con una imagen de gobierno y solvencia técnica.

Con la excepción de Valencia (Compromis) y Cádiz (Adelante Andalucía), las que fueron las joyas de la corona del primer Podemos, se han perdido principalmente por la desmovilización de voto proveniente de los barrios obreros.

Los casos de Madrid y de Barcelona son paradigmáticos en este sentido, donde distritos emblemáticos como los de Puente Vallecas (Madrid) o Nou Barris (Barcelona) han protagonizado junto a otros barrios periféricos, un aumento de abstención y desafección electoral hacia la izquierda, que contrastan con las mejoras electorales experimentadas por Más Madrid y Barcelona en Común en barrios de clases medias.

Derrota que sitúa a la izquierda española ante la constatación de su difícil relación con las realidades que emanan de las periferias urbanas, que de no superarse, puede relegar a la izquierda española a una situación de irrelevancia similar a la de otros países europeos como Italia.

No se nos ve muy diferentes al PSOE

El PSOE ha ganado con una estrategia muy sencilla: poralizarse con la derecha para neutralizar a la izquierda, no mucho más. En España, los problemas de fondo que nos llevaron a la crisis en 2007 siguen intactos, pero no se ven salidas, las cuales no son percibidas como posibles y cuya representación política no acaba de verse como real. En esa situación, el Secretario General del PSOE aparece como un mal menor en el que se desea confiar y al que, esperanzadamente, desean que acierte.

Pero lo más importante no estaría tanto en lo electoral como en lo político. Y es que los temas y el discurso de UP, no son vistos por una mayoría social como sustancialmente diferentes a los del PSOE, siendo en estos momentos el programa de Zapatero el programa máximo de la izquierda, incluso para Unidas Podemos, programa que podría resumirse en cuatro ideas: frenar a la derecha, PSOE, Constitución y Europa; ideas que para UP son hoy asumibles. Algo que no deja de sorprender, si tenemos en cuenta que fue precisamente contra ese Gobierno, el de Zapatero, contra el que se levantó el movimiento 15-M.

El programa socialdemócrata de Estado de bienestar más derechos humanos, es asumido como propio por UP, que con el viraje –retórico- de la socialdemocracia europea hacia el ecologismo, el multiculturalismo y el feminismo, deja sin mucho espacio a una UP que aparece como un mero corrector moral o cuantitativo del original socialista.

La falta de respuesta ante los nuevos problemas

Esta “convergencia” en los temas a tratar olvida, lo que en expresión del periodista Esteban Hernández, serían “los nuevos problemas”, es decir, el conjunto de problemas ligados con la “desigualdad”, en el que se encuadran los llamados “perdedores de la globalización”.

Las consecuencias de la crisis y las mutaciones del capitalismo contemporáneo (digitalización y financiarización), están generando un cambio de valores en nuestras sociedades, que suponen una ruptura con la idea de futuro. Para Esteban Hernández, “la sensación de un futuro que traería progreso en todos los sentidos, ha sido sustituida por la conciencia de deterioro, de caída, de pérdida de control de nuestras vivas, de declive”, apareciendo fenómenos de conflicto social que desbordan a la izquierda como los chalecos amarillos en Francia, o la creciente conflictividad en la España vaciada, regiones donde UP ha sido barrida, excepción hecha de Zamora en el caso de IU.

La revolución digital y el cambio de paradigma

En cuanto a “los nuevos temas”, desde postulados liberales como los de José María Lasalle o desde la izquierda más actual como la obra de Ekaitz Cancela, se advierte como el proceso de digitalización está destruyendo los cimientos de nuestra sociedad, realidad que está afectando no solo a los trabajos más descualificados, sino que inquieta a sectores crecientes de técnicos y profesionales, así como del pequeño comercio o la pequeña y mediana empresa.

Pero no solo el paro tecnológico, sino la concentración de poder, el autoritarismo, la pulverización de las relaciones sociales, el creciente poder de las transnacionales digitales y los procesos de desposesión de la riqueza social, tienen en la revolución digital un acelerador nunca visto.

La digitalización, la robotización, la irrupción de la inteligencia artificial, el enfrentamiento geopolítico entre China y EE UU por el control del 5G, son realidades cada vez más presentes en nuestra vida cotidiana, protagonizando muchas de las conversaciones de cualquier bar, de las aulas de nuestras universidades, botellones o grupos de wasap familiares, todo, menos de la izquierda, cuyos ámbitos políticos y culturales vivimos en nuestra particular burbuja que el último ciclo electoral parece haber roto.

Sin proyecto de país

El ex Senador de Podemos por Barcelona, Óscar Guardingo, señala como para importantes sectores populares UP le ha dado la espalda a España, al entender que “un proyecto de país es un proyecto para jóvenes y mayores, para zona rural y urbana, para estudiantes, trabajadores manuales o para profesionales”. Sin embargo, UP expresa un discurso de minorías y un programa que solo tiene posición en tres o cuatro temas.

Esta falta de proyecto de país se manifestó con toda su crudeza durante la campaña electoral de las europeas, en las cuáles UP desplegó un discurso europeísta, en el que no se trató algo que cada vez adquiere más atención: las consecuencias que para España tiene la reconfiguración del poder mundial y la transición geopolítica que estamos viviendo.

En este contexto de transito geopolítico Europa se presenta como clara perdedora, lo cual nos abre la necesidad de analizar cuál va a ser el papel de España, un país subordinado en el papel de funciones globales, que nos obliga a plantearnos cuál será el futuro de nuestro país en el nuevo contexto geopolítico, asunto olvidado por la izquierda española.

Cada vez más desconectados de las clases trabajadoras

Uno de los problemas fundamentales es la progresiva reducción de UP a un espacio político de clases medias. La presencia de este sector en órganos de dirección y en las listas electorales es desproporcionada respecto al de su peso real en la sociedad.

Las dificultades de UP son de fondo y se manifestaron ya pronto con el resultado de 2016, donde la primera experiencia electoral de UP se saldó con la pérdida de un millón de votos. Dichas limitaciones no fueron analizadas en toda su profundidad por las direcciones políticas de IU y de Podemos, pero sí lo fueron en sectores culturales (periodistas, editoriales y fundaciones) cercanos en menor o mayor medida a UP, como Víctor Lenore, Daniel Bernabé, Arantxa Tirado, Ricardo Romero (Nega), o editores como Emmanuel Rodríguez o Brais Fernández, para quiénes UP tiene en la clase media su “oficialidad” política. Así, los problemas de Unidas Podemos serían de carácter estructural, expresión de las “limitaciones de hacer política ante el ocaso de las clases medias” y el ascenso del nuevo asalariado urbano.

Solo un ejemplo. Miles de familias en Villaverde (Madrid), viven de hacer cajas de cambios para los coches Peugeot que se fabrican allí. Pues bien, los coches eléctricos no llevan caja de cambio. Ahí tenemos una incertidumbre material sobre qué va a pasar con esas familias trabajadoras y los empleos relacionados con este modelo industrial. El mitin cierre de UP en Madrid fue en ese barrio, a poca distancia de la factoría de PSA, evento en el que no se hizo ni una mención a nada que tuviese que ver con la gente que vivía allí. Un dato, Villaverde fue el segundo distrito madrileño donde más se incrementó la abstención en las pasadas elecciones municipales.

Exceso de oferta política de clases medias

La política española pivota en torno a lo que genéricamente llamamos “clase media”, sector de la sociedad en la que se concentra la “oferta” electoral. Curiosamente, mientras más se reduce su peso en la población, más se concentra en ella la ”oferta” electoral tanto de la derecha como de la izquierda como de los nacionalismos periféricos.

Esta especie de overbooking político “clasemediero”, tiene consecuencias para la izquierda. En un reciente informe, que sobre la izquierda española, acaba de editar la Fundación Rosa Luxemburgo, los sociólogos César Rendueles y Jorge Sola señalan como “La movilización social del 15-M y sus ramificaciones ha contado con la primacía de un determinado grupo social: los jóvenes de clase media con educación universitaria que habían visto frustradas sus expectativas de reproducción social y eran los que vivían con más intensidad el incumplimiento de la ideología meritocrática. Por el contrario, los jóvenes de clase trabajadora o la población migrante estuvieron notablemente infrarrepresentados tanto en la dinámica de las movilizaciones, como en los discursos e imágenes que proyectaron. La brecha social en que se basaba el bloque del cambio era la generacional, pero la voz cantante de la nueva generación tenía un marcado sesgo de clase. Ni las mareas, ni Podemos, ni el municipalismo ni el feminismo han conseguido romper esa dinámica y articular políticamente a los de (más) abajo, que sufren con mayor intensidad los efectos materiales de la crisis”.

Es en estos (más) abajo, formado por sectores heterogéneos de la sociedad, donde UP puede encontrar un ámbito de reconstrucción, ante la evidencia que, para las nuevas clases medias progresistas, la opción del PSOE, Iñigo Errejón o fuerzas como Compromís presentan un mayor atractivo. Si en UP continuamos con una fórmula urbanita, su espacio social y electoral será cada vez más reducido.

La nueva división social. El eje dentro/fuera

Los análisis de las elecciones coinciden en señalar como el eje izquierda/derecha vuelve a ser el eje central de la política española. Sin embargo, tal realidad puede ser cuestionada en un futuro.

Como señalan Esteban Hernández y el investigador Guillermo Fernández, el sociólogo francés Christophe Guilly, autor del ensayo La Francia periférica, defiende que estamos ante una nueva división social abierta entre una “población urbana, globalista, interconectada, abierta al cambio y que ocupa trabajos simbólicamente relevantes”, y la de sus periferias, ya sean de la ciudad o en el mundo rural. Frente a las clases medias “cool” o “pijas” de derechas y de izquierdas, se sitúan “las clases medias en descenso, las que viven en la inestabilidad continua, los habitantes de las ciudades pequeñas, de los barrios periféricos en las grandes ciudades, el mundo rural, donde habitan jubilados, trabajadores manuales y funcionarios”.

Ante la evidencia de estar viviendo un cierre de la crisis de régimen, las tensiones en el espacio de UP aparecen como la inercia entre los que buscan su inserción dentro de él, o los que optamos por reelaborar un proyecto transformador viable. En ese peligro de cierre de la crisis con nosotros “dentro”, la sustitución del eje izquierda/derecha por el de dentro/fuera o perdedor/ganador de la crisis, permitiría un mayor horizonte de reconstrucción del espacio de UP.

Dirigirse a la “gente corriente”

Para el sociólogo Ignacio Urquizu a «la izquierda le fascinan los millenials, los periodistas y el Congreso, pero no se habla de la gente corriente». Así, el español medio es una mujer que ronda 45 años, gana entre 900 euros y 1.200 euros al mes, vive en pareja y tiene 1,6 hijos. Va camino de cambiarse de casa expulsada de la gran ciudad por los precios del alquiler, tiene miedo a perder el empleo y recela de las instituciones. Trabaja en una fábrica de coches y teme el final del diésel, o ha encontrado un empleo precario en un hotel o en una tienda de marca de ropa o franquicia y ve con suspicacia el auge del Airbnb. O peor, esta parada o desempleado. Es de centro izquierdas o de izquierdas. Vive donde Vox saca los peores resultados y cuando votó en 2015 y 2016 lo hizo mayoritariamente por UP.

Este retrato del español o española media, alcanza al 30% de la población total de nuestro país, y con los obreros descualificados supera el 50%. Éste es el sector que mayoritariamente se quedó en casa y no votó el 26 de mayo, el día que UP sufrió su mayor derrota.

El inicio de la gran restauración y la pregunta clave a responder

El impulso de cambio abierto por el 15-M se ha agotado, y sus restos políticos tienden a ser cooptados por el sistema, vía inserción en las instituciones de la mano del PSOE.

Lo que estamos viviendo es el cierre político de la crisis de régimen. En lo fundamental, las tareas han sido realizadas. ¿Cuáles? Desactivar las condiciones que hacían posible, e incluso probable en 2014, una ruptura de régimen en España.

Las condiciones para la gran restauración están dadas. El cierre de la crisis de régimen por su parte “reformista”, puede ser hoy un hecho.

En este marco, la pregunta que tenemos que resolver tal y como nos recuerda Manuel Monereo es ¿qué papel va a jugar Unidas Podemos ante la enésima restauración monárquica en España?

Este debate trasciende al marco en el que parece establecerse la discusión dentro de la galaxia UP, y es que sea unidos o por separado, la realidad nos da la espalada. Y si esto es así, es porque interpelamos a la sociedad desde posiciones que presentan claros síntomas de desconexión con la realidad.