La soledad del corredor de fondo

La estética geopolítica de la derecha reaccionaria contemporánea. El caso de las series de televisión

Familia viendo la television
Familia viendo la television

El Estado de alarma aprobado consecuencia de la crisis desatada por el Covid-19, ha provocado el confinamiento de millones de personas que buscan en el entreteniendo una salida a esta excepcional situación, donde las series de televisión vuelven a ser objeto de consumo masivo. Series de televisión que conforman un formidable dispositivo cultural favorable a la derecha reaccionaria contemporánea, en especial, a su imaginario geopolítico. Veamos porqué.

Las series de televisión en la cultura contemporánea

Se cumplen 30 años de las conferencias que el marxista y teórico cultural estadounidense, Fredric Jameson, impartió en el British Film Institute, abriendo con ello sus análisis sobre la posmodernidad y la estética geopolítica en el cine, donde marcó tres conceptos teóricos claves. El marxismo, al entender que la relación económica es un elemento fundamental en el objeto cultural a analizar; el inconsciente político, al plantear que la relación entre materialidad y la cultura no se da tanto en los procesos económicos que rodean al objeto cultural, sino en el de los procesos psíquicos que interviene en su producción y recepción; y posmodernidad, al defender que ese inconsciente político surge en términos históricos en torno a una nueva realidad cultural: la posmodernidad.

Así, siguiendo el análisis propuesto por Jameson, diríamos que en relación al contexto estaríamos ante la crisis de la globalización y el neoliberalismo como régimen de acumulación dentro del capitalismo; el miedo, la idea de declive y la nostalgia del orden como el inconsciente político predominante en las sociedades del centro capitalista; donde las series de televisión asumen la forma artística de masas más acabada de la posmodernidad. Aspectos que tienen en Juego de tronos su máxima expresión formal.

La fascinación del caos y la nostalgia del orden

El aumento en importancia y calidad de las series de televisión se produce en el momento en el que el 11 de septiembre transforma la relación de Estados Unidos con el mundo, pero también consigo mismo. Las series van a integrar de manera directa las consecuencias de aquella fecha y el impacto en toda la sociedad estadounidense.

Si en The Americans, los tiempos de la guerra fría regresan para así caracterizar la doctrina del enemigo –en este caso interior-, The Walking Dead refleja como EE UU se va a relacionar con la nueva realidad geopolítica de manera paranoica, a través de la teoría de la conspiración y de un enemigo exterior más cultural que ideológico, el mundo musulmán.

Con el desplome de las torres gemelas, el viejo occidente hegemónico busca un nuevo equilibrio frente al nuevo (des)orden geopolítico. Por primera vez, desde mediados del siglo XVI, Occidente –europeo primero, estadounidense después- ya no se impone plenamente en el mundo, perdiendo el monopolio ante una transición geopolítica donde la unipolaridad de EE UU y la centralidad euro atlántica, cede ante una progresiva multilateralidad y una nueva centralidad de Asia Pacífico y Eurasia.

Ante su declive, la reconstrucción del viejo orden euroatlántico desata el caos en Afganistán e Iraq, para continuar por Siria, Yemen, Libia, las crisis migratorias o los golpes de estado en América Latina; fascinación por el caos a la que sigue la nostalgia por el orden perdido.

EEUU y el nuevo imperialismo

Desde un punto de vista de la geopolítica popular, las series de televisión podrían verse como la expresión cultural de un EE UU obsesionado por el tema de su declive. Así, series como House of Cards, pero en especial, Juego de tronos, basan su imaginario geopolítico en el realismo y la Geopolítica conservadora estadounidense, de inspiración hobbesiana, donde la política internacional es descrita como una realidad "anárquica", marcada por la continua pugna por el poder, donde cada Estado, en expresión de John Agnew "desea la supremacía o teme la subordinación".

En Juego de tronos, la Geopolítica es descrita a la manera clásica, como una disciplina –un saber- al servicio del poder, donde una élite pragmática y conspirativa actúa según una concepción reduccionista del poder, el cual se presenta como algo que se puede conquistar, mantener o perder, independizado de las relaciones sociales y concentradas exclusivamente en el Estado.

Esta concepción de la Geopolítica conservadora, propone una identificación total entre Estado y política, donde las relaciones políticas se identifican solo con el ámbito estatal, y éste a su vez, se ve reducido a una élite burocrática de funcionarios relacionados con el núcleo duro del gobierno, lo que encubre una concepción totalitaria de un Estado todopoderoso.

Esta lucha por el poder, justifica en términos morales la descripción de un mundo desigual y jerárquico, consecuencia inevitable del proceso de competición que se da entre ellos, en el que esas desigualdades entre Estados son vistas como una condición "normal" de la política internacional.

Para la Geopolítica tradicional, existe una inseguridad ontológica del ser humano que solo puede ser garantizada por la seguridad del Estado, quedando el bienestar social y económico de los Estados vinculado a su mayor o menor capacidad en desarrollar un poderío militar, siempre asociado a un control geográfico: el control del mar Atlántico (Inglaterra), el control del mediterráneo (Francia), el control del Caribe y el Pacífico (EE UU), el control de Europa continental (Alemania). De aquí surge de nuevo la doctrina de la "Guerra justa", entendida como una manifestación de la doctrina de la "seguridad nacional" y la construcción del enemigo exterior, tal y como hiciera Bush con su famoso "Eje del Mal".

La geopolítica de Juego de Tronos

Juego de tronos es, con mucho, la serie que ha suscitado más comentarios geopolíticos. Si la expansión y popularidad de las series de televisión se da en el contexto abierto tras los atentados del 11-S, es normal que la gran serie de televisión de los últimos años se relacione con el escenario del conflicto geopolítico por excelencia en este siglo: Oriente Medio.

En el libro Geopolítica de las series de televisión (Errata Naturae, 2017), Dominique Moïse, traspone el mundo fantástico de Juego de tronos a la Geopolítica, por medio de su relación con conflicto de Oriente Próximo actual, haciendo las siguientes analogías:

  • Los Lannister, serían Arabia Saudí, una familia exageradamente rica y poderosa, cuyo lema es: "La familia primero".
  • La casa Stark, la que más simpatía suele despertar, es el equivalente a los movimientos de oposición que protagonizaron las primaveras árabes.
  • La casa Baratheon representaría, por su parte, a los autócratas árabes. Reinaban con los Lannister pero, por problemas de sucesión recientes, han tratado de buscarse nuevos aliados.
  • La casa Targaryen no es otra que Estados Unidos. La dinastía reinaba en Poniente desde hacía décadas. Su poder de fuego, muy suprior al de otras casas –debido a los dragones, que podemos imaginar como el equivalente fantástico en la Edad Media de los drones actuales-, era garante de su hegemonía.
  • La casa Greyjoy sería Turquía en su nuevo giro neo otomano, una casa nostálgica de la época en la que controlaba grandes partes del reino de Poniente.
  • En relación a la casa Martell, es Irán. Sus miembros se consideran distintos de las otras grandes casas de Poniente. De origen étnico diverso, orgullosos de su diferencia, su odio a los Lannister (Arabia Saudí) solo es comparable al que sienten por lo Tyrell.
  • La casa Tyrell es, por supuesto, Israel. Está orgullosa del próspero reino que ha construido en Poniente y ha hecho causa común con los Lannister, a pesar de sus diferencias.
  • Los salvajes son los islamistas. Instalados al norte del Muro, se definen a sí mismos como el pueblo libre, porque rechazan las reglas del sistema.
  • Los Caminantes Blancos, por su parte, son el Dáesh. Su táctica es terriblemente eficaz. Reclutan en masa e, incluso en un contexto de violencia generalizada que reina sobre Poniente, su comportamiento resulta de una violencia extrema.
  • La Guardia de la Noche son los Kurdos, encargados de defender Poniente de toda invasión venida del norte del Muro, ya se trate de salvajes o de Caminantes Blancos.

Al igual que las intervenciones basadas en el "intervencionismo humanitario", "la guerra global contra el terrorismo" o la "guerra global contra la droga", el nuevo imperialismo norteamericano encuentra su justificación en el supuesto deber moral de restablecer el orden y la civilización allá dónde esté amenazada.

Así, la "madre de los dragones" convencida de la necesidad de su misión civilizatoria, debe recurrir al poder de fuego de sus dragones para aniquilar a unos rebeldes cada vez más numerosos, tal y como hacían al arrojar napalm sobre los vietnamitas.

Asimismo, Juego de tronos nos ofrece una visión sincrética de la geopolítica mundial bajo los parámetros ideológicos del realismo norteamericano, de la Geopolítica conservadora que hizo famoso a Kissinger o el recientemente fallecido Colin S. Gray. Un mundo dominado por el eterno caos y conflicto en geografías binarias marcadas por el supuesto deber civilizatorio de Occidente y el fanatismo religioso de la barbarie que viene de Oriente.

Juego de tronos y el fin de la moral

En Juego de tronos los que quieren el bien son ingenuos e impotentes; los que son puramente cínicos pueden sobrevivir más tiempo, aunque acaben convirtiéndose en víctimas de sus propias maquinaciones.

Juego de tronos representa el triunfo de la Realpolitik y el cinismo. Quienes ganan sistemáticamente son pragmáticos, políticos hábiles curtidos en el engaño y la negociación, mientras aquellos que anteponen la justicia a cualquier cálculo siempre pierden. En Juego de tronos tener un sentimiento sincero es letal, para tener éxito, para sobrevivir, es necesario estar convencido de que engaño y la traición es la escalera para el éxito. Y es que en Juego de tronos, y a diferencia de El Padrino, subyace una continua fascinación la violencia amoral.

Siguiendo el libro de Moïsi, en Juego de tronos no hay principios que se sostengan, no hay maniqueísmo alguno en esta visión del mundo en el que no hay nadie verdaderamente bueno. Así, en lógica, todo está permitido: matar al padre, al hermano, al hijo, traicionar a la familia, acostarse con el hermano y tener descendencia con él. En Juego de tronos, todo el mundo, con rarísimas excepciones, es más o menos malo.

Parámetros ideológicos, imaginarios geopolíticos y criterios éticos que hacen de Juegos de tronos el antagonista cultural de una izquierda transformadora, que sin embargo se rinde fascinada ante la serie. Manifestación clara de cómo en términos culturales, la derecha más reaccionaria, también va ganando.

Dedicado a los profesores Heriberto Cairo y María Lois, quienes dedican su trabajo a construir una visión alternativa de la Geopolítica.