Opinion · La preguntadora

Empieza lo bueno

La semana pasada los siete países europeos, invitados a la próxima cumbre del G-20, se propusieron erradicar los paraísos fiscales que, en mi cabeza, siempre vienen acompañados de la cabecera de la mítica serie de televisión “Vacaciones en el mar”. En ella aparecía un trasatlántico (último modelo), con una tripulación encantadora sonriendo a cámara, invitándonos a entrar en el cielo (sin morir) para surcar un inexplicable siempre apacible y soleado mar. Merkel anunció que habrá hasta una lista negra de los que no cooperen y Sarkozy que se les sancionará. 38 son los cruceros libres de impuestos que navegan la corriente económica mundial y dos de ellos están muy cerca: Gibraltar y Andorra –esta última, además, es firme candidata a encabezar la lista de los malos, que propone hacer Alemania–.  

Desde que leí la noticia, llevo la música dentro sonando a toda castaña. Porque, aunque Mónaco y las Islas Caimán ya no volverán a ser lo mismo –es más que probable que les deje de entrar tanta pasta–, ésta es la primera consecuencia positiva de la hecatombe financiera mundial. Con un poco de suerte, terminan con el sistema de castas, en el que vivimos, con guetos también para los que tienen más. Pero, para eso, tendrían que hacer lo mismo con los fondos especulativos –aunque Gordon Brown, inexplicablemente, se resista– porque si no sólo eliminarán los paraísos de unos dejando que otros sigan disfrutando de limbos financieros sin explicar.   

Así que, adelante; acaben con mi sueño de niña. Ahora ya sé que, para disfrutar de esos paraísos, hay que darles la espalda a los que no entran. Y luego, supérense a sí mismos y hasta a Obama. Vayan a por los “paracaídas de oro”. El que la pifie que la pague; como todos. Será populista pero hará al mundo más justo y a la economía más racional.