Opinión · La preguntadora

LA REVOLUCIÓN CIVIL SE PROPAGA

El 13 de febrero un millón de mujeres salieron a la calle en 230 ciudades de Italia y en otras 50 de todo el mundo para reclamar dignidad y respeto para las féminas, la dimisión de Silvio Berlusconi y para mostrar su hartazgo de su modelo político y cultural de estirpe machista y patriarcal. Las protestas tenían un origen civil y no estuvieron encabezadas por ningún partido político o sindicato. En esas marchas había mujeres de toda condición, acompañadas por hombres de lo mismo, que demostraban que las reivindicaciones femeninas empiezan a ser cosa de hombres y mujeres juntos. No llevaban ninguna bandera, ni recordaban a el arquetipo de la feminista que alberga el inconsciente colectivo: esa gritona marimacho que defiende la supremacía de la hembra y que, en el fondo, lo que reclama es venganza. Aquellas señoras hasta se autoacusaron con pancartas que decían: “Bastaba con no haberle votado”. Algunas en sus declaraciones, también señalaron a las que “creen lícita cualquier ignominia para trepar, incluso entregar a sus vírgenes al dragón”. Ellas hicieron que las feministas de verdad (según el diccionario, las que defienden la igualdad de derechos) nos sintiéramos orgullosas. Protagonizaron un episodio más de la pandemia de protestas civiles pacíficas que se está propagando por todo el globo y que amenaza esperanzadoramente con cambiarlo a mejor.  Ojalá no encuentren la vacuna para esta nueva epidemia de sensatez ciudadana porque seguro que hay un montón de poderosos dispuestos a pagar por ella el precio que sea para mantener sus status quos.