La verdad es siempre revolucionaria

¿Dónde están las feministas en Cataluña?

El profeta-líder-conductor de las masas catalanas, el Presidente de la Generalitat, Artur Mas, el pasado 13 de enero desgranó para los medios de comunicación el discurso de los logros y éxitos que su gobierno había obtenido durante el año 2014. En los 114 minutos en que se desarrolló el acto nos obsequió, con su habitual estilo suficiente y engreído, con un balance enormemente positivo de su gestión en todos los ámbitos.

Más trufado de retórica que de datos, estuvo alardeando de haber reactivado la economía, reducido el paro, llegado a acuerdos laborales, culturales y sociales con los otros partidos y las sociedades cívicas,  de aumentar las prestaciones a discapacitados e indigentes e, incluso —como un avance exitoso—, de haber  adelgazado el peso "muerto" del Estado, privatizando agencias y servicios públicos.

Todos los sectores de la producción, de la economía, de las artes y de las ciencias —donde al parecer los catalanes somos de los primeros de Europa a gran distancia de los atrasados e ignorantes españoles— y no digamos de la política, con acuerdos transcendentales con sus socios de gobierno para llevar adelante la transcendental misión de proclamar la independencia de Cataluña,  fueron analizados largamente, con una retórica ciertamente flatulenta, por el President.

De quienes únicamente no habló fue de las mujeres. Ni aun siquiera pronunció ese sustantivo en ningún momento. Que tal olvido o desprecio se produzca en el discurso de uno que pretende ser gran dirigente de una nación, en este año de Gracia de 2015, cuando analiza profundamente el estado de la Nación "urbi et orbi", resulta de un anacronismo entre ridículo e indignante.

En 2014, en Cataluña 14 mujeres —cifra oficial, Feminicidio.es calcula 20— fueron asesinadas por su marido o compañero sentimental, frente a las 4 que mataron en 2013. De ellas 6 habían presentado denuncia y los Mossos habían "actuado" en 7 casos. Las denuncias por maltrato aumentaron el 0,7% y 19 niñas habían sufrido mutilación genital.

De las cifras del paro, analizadas por sexos, de los 756.500 desempleados declarados en Cataluña, 406.000 son hombres (con una tasa de paro del 20,16 %) y 350.000 son mujeres (con una tasa de paro de 19,58 %). El trabajo a tiempo parcial es fundamentalmente femenino, ya que el porcentaje de mujeres que lo desarrollan es del 25%, más del triple que los hombres que son el 7,8% de esa modalidad de empleo.

En el caso del nivel de empleo de las mujeres en Cataluña (44,1 %) hay más de ocho puntos de diferencia con respecto a la tasa de empleo de los hombres (52,2 %). Esta diferencia repercute tanto en los salarios, en las prestaciones que se derivan, como en el paro o en las futuras pensiones de jubilación, lo que representa un factor importante de empobrecimiento de las mujeres. La población activa femenina es del 57,28% mientras la masculina asciende al 68,24%. La tasa de las mujeres es el 13% más baja que la francesa y el 23% que la sueca. Y en relación a la doble jornada, según la encuesta del uso del tiempo, en promedio, las mujeres dedican más de 4 horas al día al trabajo no remunerado (hogar y familia), mientras que los hombres dedican la mitad (2h 02 m).

A la vez, la brecha salarial entre hombres y mujeres ha crecido en Cataluña un 17% entre 2010 y 2011, mientras que en la Unión Europea (UE) se redujo ligeramente la diferencia, según los últimos datos del Instituto de Estadística de Cataluña. La desigualdad salarial media entre hombres y mujeres en Cataluña en 2011 era del 19,8%, es decir, las mujeres cobran casi una quinta parte menos que los hombres, frente al 16,9% que había en 2010, mientras que en la zona euro este porcentaje se redujo ligeramente al pasar del 16,5% al 16,4% y en la Unión Europea se mantuvo en el 16,2%.

Estos datos fueron expuestos por la Directora del Institut Català de les Dones (ICD), Montse Gatell, el 22 de febrero del 2014, durante una jornada formativa para, según sus propias palabras, "avanzar en la eliminación de la brecha salarial de género desde la negociación colectiva, con el objetivo de sensibilizar e impulsar mecanismos que acaben con la brecha salarial de género desde este ámbito".

Esa sesión, que se realizó en el marco de la conmemoración del Día europeo para la igualdad salarial entre mujeres y hombres, contó con la participación también del director general de Relaciones Laborales y Calidad en el Trabajo, Jordi Miró. Y la propia presidenta del Instituto denunció que "no se puede aceptar que en cuanto a desigualdad salarial entre mujeres y hombres vamos atrás".

Pues bien, ninguno de estos penosos datos para el primer tercio del siglo XXI, trágicos en lo que respecta a la violencia contra las mujeres, fueron ofrecidos por el señor Artur Mas en su optimista balance del año 2014. Olvidadas, silenciadas, invisibilizadas las mujeres de Cataluña, como si no existieran ni las concernieran problemas específicos que precisan de medidas y soluciones adecuadas.

Y yo me pregunto, ¿qué han hecho las feministas catalanas en ese ínclito año para que su Presidente las desprecie a ellas y sus supuestas demandas, tan ostensiblemente? Puedo dar testimonio de algunas de las actividades que han consumido su tiempo y sus esfuerzos desde que comenzó la crisis. Unas cuantas se pronunciaron por la independencia, enrocándose en tal reclamación lo que las hizo muy simpáticas al Institut Catalá de les Dones, como se le denomina ahora, en un cambio de nombre producto del posmodernismo, puesto que ya no existen categorías definitorias de la clase mujer, sino una multitud de diferentes mujeres a las que no se cómo puede representar un único Instituto.

Las independentistas, encerradas con un solo juguete como el título de la novela de Juan Marsé, en la seguridad de que la independencia traerá a las catalanas la riqueza y la felicidad, con independencia de lo que les pase a sus hermanastras españolas, consideran que no deben plantear al gobierno las seculares reclamaciones que las mujeres tienen todavía por alcanzar, incluyendo a las catalanas.

En los libros que han publicado y en las actuaciones, orales y escritas, que han realizado en estos años tanto las más conspicuas veteranas activistas como las recién llegadas, los temas protagonistas han sido la teoría queer, la pornografía, la legalización de la prostitución —con la instalación de una escuela de prostitución que han logrado montar en Barcelona las que organizaron el primer curso para enseñar a prostituirse a las aspirantes a tal puesto de trabajo— o la prohibición del burka. Temas mucho más presentes que las asesinadas cada año, el paro femenino, las diferencias salariales entre hombres y mujeres, la amenaza de prohibir el aborto o la imposición de la custodia compartida —aceptada con una mansedumbre insólita—.

En los últimos años supe de la existencia de un grupo de encuentro que adoptaron el excluyente y pomposo nombre de "Feministas de Catalunya". Entre ellas se encontraban dirigentes de Iniciativa per Catalunya, miembras del PSC, y otras ilustres periodistas, profesoras y políticas. No asistí a sus reuniones, pero participaba en los debates a través de la omnipresente herramienta de internet. El más arduo fue el de la prohibición del burka, cuya proposición de ley presentó en el Parlamento la diputada de Ciudadanos, Karina Mejías. Durante bastantes semanas el tema absorbió el interés y las energías de muchas participantes en la discusión, sin que las propuestas más radicales llegaran a hacerse realidad, entre otras cuestiones porque no podían solicitar la complicidad de Karina, ya que pertenece al partido apestado por oponerse a la independencia, y después el debate se agotó como la hoguera que se extingue sin combustible.

El tema de la prostitución mediatizó e hipotecó siempre la posibilidad de llegar a aprobar un manifiesto en un frente unido de mujeres frente a las numerosas fuerzas machistas que nos oprimen. Y fue tal la agresividad de algunas participantes en el debate contra las que propugnamos la abolición que se prohibió, tal cual, hablar del tema. No sé quiénes son todas las que dirigen ese foro, pero desde luego la conocida socióloga Marina Subirats allí estaba. Y la más chocante disposición que tomó fue la de primero proponer a la "asamblea" virtual que me expulsaran y después planteármelo a mí directamente. Eso sí, añadía el adjetivo de "educadamente", lo que es de agradecer, teniendo en cuenta lo mal educadas que han sido siempre conmigo. Una asamblea a la que nunca he asistido, de una organización que, yo sepa, jamás se ha legalizado, donde no existían estatutos ni órganos de dirección ni comités de reclamaciones. Pero las demás participantes, muchas de las cuales se habían relacionado conmigo durante largos años de forma aparentemente cordial, no dijeron nada. Y nada he sabido después de mi expulsión.

Aparte de tal actividad no he tenido noticia de que Feministas de Catalunya llevaran a cabo más acciones, ni para pelearse entre ellas ni para expulsar a otras. Y mucho menos para plantear al gobierno los graves problemas que afectan a las mujeres en Cataluña. Diríase que concluir el curso 2014 con mi expulsión del foro cibernético las gratificó tanto que sintieron colmados sus objetivos.

Y ahora las feministas de unos y otros grupos —no sé si las de los partidos de la oposición también— han aguantado el triunfal discurso del señor Mas en el que ignora olímpicamente a las mujeres, el 51% de la población del país, sin que hayan emitido un comentario ni una queja ni una reclamación.

Ya sabemos que a los señores como Artur Mas, y muchos otros dirigentes de los principales partidos que gobiernan Cataluña y España, las mujeres no les importan nada. Lo penoso es que a las feministas tampoco.