La verdad es siempre revolucionaria

Todos han perdido

Al contrario de lo que habitualmente sucede después de una jornada electoral, en que la mayoría de las formaciones políticas aseguran haber ganado y celebran su triunfo, en ésta del 24 de mayo es obvio que todos los partidos políticos que se presentaron a las elecciones han perdido.

No es necesario demostrar que UPyD está condenada a desaparecer. Y no sólo por sus resultados en las votaciones sino porque su objetivo, su necesidad de estar en el mapa político ha desaparecido. Al tener tan poco programa (perseguir la corrupción y unificar España) ha sido muy fácil para Ciudadanos arrebatarle el protagonismo. UPyD ha sido una formación de transición, completamente irrelevante en el desarrollo de la sociedad española, a pesar de presumir de ser protagonista en la denuncia  de los casos más escandalosos de cohechos y malversaciones, porque sin que existiera ese partido y su esforzada persecución del mal, de igual manera hubieran aflorado las estafas de Urdangarin, Bárcenas, Blesa, Rato, y otros individuos del mismo jaez. Desde tiempo atrás estaban siendo investigados por buenos y trabajadores periodistas de investigación y los casos comenzaron a publicarse en diversos medios antes de que Rosa Díez se erigiera en líder de los justicieros. E incluso ese supuesto sindicato Manos Limpias, se ha presentado también como el Lohengrin de la justicia, cuando sus sospechosos antecedentes y objetivos deberían ser objeto de una investigación  seria por parte de la Fiscalía del Estado. Y en cuanto el anticuado y fuera de toda sensatez objetivo de unificar España arrebatándole las competencias a las Comunidades Autónomas para devolvérselas al Estado, solamente desde el fanatismo puede creerse que tenga éxito más allá que entre sectores de población influidos por el ideario franquista.

Izquierda Unida en Madrid se duele de su fracaso en esta convocatoria, cuando hace sólo 3 años y medio se sentía exultante de gozo al obtener 11 escaños -con un 1.600.000 votos en las elecciones generales- y revalidar este resultado en 2014 en las europeas. Semejante cifra auguraba un gran ascenso de la formación de izquierdas. Pero de pronto, en sólo un año, se ve asaltada desde dentro y por fuera por los caballos de Troya de Podemos. Así, la precaria unidad lograda en Madrid se destroza, los traidores y colaboracionistas y entreguistas se multiplican y, siguiendo la fanática tradición de la izquierda, van destrozándose uno tras otro y una tras otra hasta dar un precario triunfo a los y las candidatas de Podemos. Pero tampoco es cierto que todo sea derrota en los resultados de IU. Casos como el de Zamora -donde puede erigirse con la Alcaldía—, otras poblaciones medianas que no tienen protagonismo en las portadas, los concejales que aporta a la coalición de Ada Colau en Barcelona, y el 12% obtenido en el Principado de Asturias permiten pensar que la izquierda está viva en España.

El triunfador de la jornada, Podemos, parece que no está tan contento como podría esperarse. Ninguna de las expresiones de sus representantes, comenzando por la de Iglesias, era de júbilo la noche del 24. Madrid constituye el pináculo de su supuesto triunfo con 27 diputados (de 129) en la Asamblea y 20 concejales en el Ayuntamiento. Pero el PP ha obtenido 21 y de la formación de Podemos, en la coalición de Ahora Madrid, únicamente son 8. En Aragón gana 14 de 67, mientras en Castilla la Mancha logra 3;  en  Castilla León, 10; en Murcia, 6; en La Rioja, 4; o en Baleares, 10. En Asturias, donde se esperaba que gobernara, Podemos alcanza el 19,45% mientras el PSOE logra el 26,45. Por supuesto que no eran esos resultados los que esperaban.

La experiencia de Andalucía debería haberles hecho aceptar el principio de realidad: que su techo, de momento, está entre el 15 y el 20%, lo que sin duda es un éxito. Pero su derrota consiste no en lo conseguido (que para una formación sin historia, ni edad ni experiencia, con unos programas confusos, vacilantes y que se contradicen al albur de las circunstancias, apoyada por un magma de "gente" con mucha rabia pero sin ideología es realmente un triunfo), sino en las fantasías que han abrigado durante estos meses de rodaje, desde las marchas del 22 de marzo de 2014.

Apoyados en las redes sociales y en alguna manifestación multitudinaria,  los dirigentes de Podemos han asegurado durante las campañas electorales que ellos han aparecido para gobernar. Como César, llegaban, veían y vencían. Iglesias ha repetido demasiadas veces que en realidad la única confrontación que existía era entre Podemos y el Partido Popular. Sin parar mientes en la contradicción que eso suponía cuando decía que luchaba arriscadamente por certificar la defunción del bipartidismo.

Por tanto, los débiles resultados obtenidos el 24 de mayo no les han satisfecho. Si han ganado en Barcelona y Madrid no ha sido por sus propios méritos. Ada Colau llevaba mucho camino recorrido cuando los de Podemos se han sumado al calorcito del éxito y allí la militancia de Iniciativa per Catalunya y de Esquerra Unida i Alternativa le ha hecho el trabajo. Manuela Carmena es una buena cabeza de lista y a ella se han arrimado, pero ni una ni otra gobernarán las dos principales ciudades de España sin que el PSOE les preste su apoyo. Y aquí la nueva contradicción de Podemos, que durante año y medio ha hecho famoso su calificativo de "casta" para los dos grandes partidos, PP y PSOE, acusándolos, por igual, de corruptos, envejecidos, favorecedores de bancos y delincuentes. Ahora Iglesias asegura que su programa "le va a gustar mucho al PSOE". Pero, sobre todo, lo que va gustarle es a Podemos la alianza con el PSOE, porque sin este partido no tendrán alcaldías como la de Cádiz, ni Comunidades como la de Aragón, ni muchas esperanzas para influir en el Gobierno después de las generales. Esta evidencia ensombrecía claramente las expresiones de los dirigentes de Podemos la noche electoral –la mayoría hombres, como siempre-.

Que el PP ha sido derrotado es más que obvio, con la pérdida de 2.500.000 de votos, aunque su mascarón de proa, Mariano Rajoy, salga de su ferrugio habitual para declarar con la voz impostada, como el cabezudo de las procesiones, que todo va muy bien para España, para su partido y para él mismo.

El PSOE, aliviado al comprobar que no ha quedado en la insignificancia, está muy contento cuando ha dejado en el camino 600.000 votos, lo que demuestra la verdad del refrán que asegura que "el que no se conforma es porque no quiere". Ahora tendrá que pactar con Podemos si quiere mantenerse en una posición digna en Andalucía, en Madrid, en Barcelona, en Aragón, etc. etc. Pactos que Podemos parece que quiera vender caros, a pesar de que no tiene más remedio si pretende mantenerse como partido político que acceda a algunas cotas de poder.

En último término Ciudadanos es el que ha salido menos dañado, pero también, como a Podemos, la desilusión se nota en algunas expresiones y declaraciones. Haciéndose los puros absolutos, se les ocurre ahora exigirle al PP –su aliado natural, como ya sabemos- que haga primarias en el partido si quiere su apoyo, no se si porque Albert Rivera está verde –cosa evidente- o porque quiere esgrimir esa excusa para pactar con el PSOE.

El resultado hasta ahora de este rompecabezas es que excepto la felicidad de ver desesperarse a Esperanza Aguirre por no ser investida alcaldesa de Madrid, los que querían un cambio sustancial de política escorado a la izquierda van a tener como todo consuelo el de obtener quizá algunas ventajas hipotecarias y ayudas sociales.

Lo más chusco que he oído al día siguiente del proceso electoral es que Manuela Carmena ya ha hablado con los Magistrados de la Audiencia de Madrid para parar los desahucios, y afirma que los jueces están muy contentos porque es lo que querían desde hace tiempo. Y yo me pregunto, y pregunto, a ver quién me contesta: ¿desde cuando los alcaldes o las alcaldesas pueden dar ni órdenes ni consejos ni recomendaciones a los magistrados?

En definitiva, a pesar de las felicitaciones que se autodedican unos cuantos, lo cierto es que hoy todos los partidos han perdido. Unos, en cifras redondas; otros, en expectativas. Lo que no se sabe todavía es si los ciudadanos han ganado.