La verdad es siempre revolucionaria

La ciudadanía ha ganado, pero puede perder

En el artículo anterior Todos han perdido me preguntaba al final si la ciudadanía había ganado. Después de estas semanas de observar el resultado de las elecciones creo que en una buena mayoría sí. No me cabe duda de que en las ciudades y pueblos en donde se han firmado los pactos municipales entre las coaliciones de los movimientos sociales e IU, los derechos sociales se garantizarán mucho mejor que cuando el PP arrasaba con su mayoría absoluta. Y de la misma manera veremos atender las necesidades varias: vivienda, transporte, escuelas, limpieza, con  dedicación a las personas y no a las empresas privadas y a los consorcios a los que beneficia siempre la derecha.

Pero este éxito que celebramos no debe obnubilarnos. El mapa de las elecciones muestra en azul la casi totalidad de las comunidades. Excepto Extremadura y Asturias, en todas las demás el partido más votado ha sido el PP, aunque haya perdido en total 2.500.000 de votos. Y únicamente la alianza con Podemos o y IU, Equo y alguna otra formación de izquierdas, permite que gobierne el PSOE incluso en esas autonomías, a la par que en Valencia, Castilla La Mancha, Baleares, Aragón y Cantabria. Pero ahí tenemos Murcia, La Rioja, Castilla-León, y no digamos la joya de la corona: Madrid, donde el feudo de la derecha se perpetúa.  Canarias es un caso repetido de alianza de Coalición Canaria con el que saque más votos, donde ni las mareas ciudadanas ni Podemos han aportado ningún cambio.

No quiero ser bombera de los entusiasmos que tantos amplios sectores de la ciudadanía sienten ante estos cambios. Pero ante una realidad visible no me es posible repetir los lugares comunes y la satisfacción acrítica que muestran una buena parte de los comentaristas.

Puesto que los más optimistas vaticinios se pronunciaban por un estrepitoso éxito de Podemos, que arrasaría con cualquier pretensión del PSOE para gobernar y dejaría al PP en la cuenta, el resultado final debe hacer reflexionar de modo más sensato.

El PSOE gobierna en Aragón, en Valencia, en Castilla –La Mancha, en Canarias, en Asturias, en Extremadura, en Cantabria, y por supuesto en Andalucía. Y en todas esas comunidades –excepto en Andalucía donde se ha visto que a Teresa Rodríguez le falta una buena dosis de experiencia-  Podemos ha tenido que apoyar al PSOE, que es casta de largo arraigo, bajo riesgo de suicidarse en caso contrario. En Navarra no se puede desplazar a las fuerzas nacionalistas, por lo que más valía unirse a ellas. Y en las otras cuatro autonomías que han salido a elección la fuerza de Podemos ha sido tan débil que no garantizaba el triunfo de la izquierda.

Este repaso a las cifras y a los pactos resultantes nos deja ver claramente que allí donde se ha aprovechado el trabajo de las movilizaciones ciudadanas, con la fuerza de IU y de IC, las candidaturas municipales opositoras a la derecha han obtenido bastantes éxitos.  En Barcelona y en Madrid, en Valencia y en Zamora, en Sevilla y en Cádiz, el consistorio se dirige a partir de ahora por organizaciones que quieren llevar adelante políticas que beneficien un poco a los hombres y mujeres más pobres. Estoy segura de que esas ciudades y otros muchos más pueblos destinarán parte de sus recursos a viviendas sociales y comedores para indigentes. Y eso es bueno. Pero ese no puede ser el objetivo final de una política verdaderamente de izquierdas. Hay que trascender el pan cotidiano, como decía Rosa Luxemburgo, hacia objetivos de ruptura definitiva con el régimen monárquico capitalista patriarcal que nos domina. Claro que primero hemos de definir que entendemos por izquierda y para qué queremos que triunfe.

En otro artículo anterior "Los anticuados" definí lo que significa ser de izquierdas, que a estas fechas me causa verdadero pasmo tener que repetirlo. Pero el rechazo que manifiestan los nuevos dirigentes de partidos emergentes a esa calificación, como Podemos y Ciudadanos, no demuestra más que que la ideología liberal dominante, es decir, la derecha, ha ganado. Ha ganado en la propaganda continua y descarada que se transmite a través de todos los medios de comunicación importantes, de la escuela, de la Universidad, de la Academia, de tertulianos y políticos.

Por ello, ahora, resulta tan "moderno" decir que no se es de izquierdas ni de derechas. Pero a esos "modernos" de Podemos que desprecian agresivamente a IU, querría recordarles, desde mi vejez, que cuando era una niña y en España reinaba el tirano, ya era una frase acuñada por la derecha decir que ellos no eran de izquierdas ni de derechas, con lo cual se conocía rápidamente que el que tal afirmaba era de derechas. Significaba definirse  apolítico. Absolutamente esperpéntico es aquel consejo de Franco a uno de sus ministros: "Haga como yo, no se meta usted en política".

Debería ser conocido de la ciudadanía, y especialmente de los dirigentes políticos, que no solo fue la izquierda la que comenzó hace más de doscientos años las heroicas luchas contra el poder en varios continentes, sino que en España ha sacrificado a los mejores de sus hombres y de sus mujeres por implantar los derechos humanos y sociales. Y gracias a esas luchas ha sido posible que no sigamos bajo la bota directa del fascismo, por lo que resulta tan injusto despreciar a las generaciones que nos precedieron en esa cruel y amarga lucha y que hoy está siendo ignorada por las nuevas generaciones.

Pero aparte de los malos modos, insultos y desprecios con que el líder de Podemos trata a los y a las representantes de IU, está la evidencia de que ellos solos  no gobernarán España, por más que sus ambiciones así se lo aseguren.

Las elecciones que acaban de celebrarse han constituido una buena prueba de ello. Mejor que cualquier encuesta tenemos los resultados de los comicios autonómicos donde se han presentado bajo la marca Podemos, y han obtenido un 14% de votos de media  que no permite más ilusiones.

Cuando en 1936 –esa historia vieja, despreciada hoy, y que sin embargo es la que condiciona todo nuestro presente, aunque los "modernos" ignorantes no lo sepan- se formó el Frente Popular se hizo con la coalición de los partidos que no ignoraban el enemigo al que se enfrentaban: –por ello lo de Frente- el fascismo. Y ganaron porque les votaron varios millones de españoles y españolas que sabían también quien era el enemigo.

Cuando hoy Podemos rechaza despreciativamente una coalición de fuerzas de izquierda porque al parecer se cree vencedor omnipotente de las próximas elecciones,  está escogiendo el panorama italiano. Para convertirse en una formación como el Partido Demócrata que no tiene definición –a la americana-,  y que es aliado de cualquier fuerza para mantener el poder.  Pero para lograr semejante propósito es necesario liquidar también a IU y disolver el PCE, como hicieron en Italia con el PCI, lo que es una estrategia inmejorable para el capital.

Mientras, el electorado de derecha está ahí, enquistado en el corazón y en el ombligo de España, y el PP no recibirá menos del 20% de los votos; resultado semejante para el PSOE, sino mayor, ahora que se ha envuelto en una enorme bandera monárquica, la que nos impusieron en la Transición, bajo la amenaza de una nueva Guerra Civil. A estos hay que añadir los porcentajes de los partidos nacionalistas y de Ciudadanos, y, aunque solo saquen "algunos votos", los de los partidos de izquierda, de modo que los votantes no permitirán que Podemos se alce con una victoria por mayoría absoluta.  Y si no se organiza una coalición fuerte de Unidad Popular la izquierda está arriesgando peligrosamente sus propias posibilidades de vencer a la derecha, en lo que sería una nueva derrota de un pueblo que ya ha sufrido demasiado.

Así, lo que la ciudadanía ha ganado el 24 de mayo lo puede perder dentro de seis meses.