Opinión · La verdad es siempre revolucionaria

Carta abierta a Amnistía Internacional

Queridos y admirados (hasta ahora) colegas:

Muchos han sido los años y los avatares que me han ligado a vosotros y vosotras, en el curso de las peripecias, algunas bien desgraciadas, que me llevaron a conoceros. He sido adoptada por la organización cuando el infame régimen de la dictadura me detuvo y encarceló en Barcelona, y cuando dos años más tarde volvió a perseguirme y a torturarme salvajemente. Tuve también vuestra ayuda a pesar de que mi proceso no se adecuaba a los estatutos de la organización. A Bo Lindblom, de la Sección sueca, le debo gratitud eterna por el trabajo que realizó para defendernos a mis compañeros de infortunio y a mí.

Más tarde logré, no sin resistencias es cierto, que AI admitiera la lucha contra tortura, la violación y la violencia contra la mujer como uno de sus objetivos, entendiendo que constituye una persecución política y no un asunto privado. Son muy buenos los informes que publicó sobre la Ley española de Violencia de Género, donde señalaba todas las carencias y errores que padece esa legislación, y las nefastas consecuencias que de tales iban a seguirse. Y después, y durante decenios, he admirado la labor tenaz y nunca abandonada de defender, altruistamente, a las víctimas de la insania humana.

He querido comenzar esta carta con semejante introito porque creo que AI se merecía que mi crítica no fuera tan ingrata como para olvidar los beneficios que su labor ha proporcionado al mundo durante medio siglo. Pero me siento enormemente triste y disgustada ante la resolución que ha tomado la organización de pronunciarse a favor de despenalizar cualquier tipo de prostitución. Supongo que no habla de la trata forzosa de seres humanos sino de la que cree ejercida en “libertad”. Pero sin entrar, en esta carta, en la trascendente reflexión sobre la libertad sí creo que los socios y las socias y las y los dirigentes de AI deberían haber estado mejor informados y haberse dejado aconsejar por las miles de organizaciones feministas que estamos luchando, también incansable e interminablemente, por abolir la prostitución.

No quiero pensar que es la mafia del proxenetismo, con todo su dinero y su poder la que ha dirigido la decisión de AI, sino la ignorancia de las consecuencias que la tal habrá de tener.

Aplicando a este tema la pregunta sacramental de ¿a quién beneficia?, la respuesta obvia es: a los proxenetas que organizan y se lucran del tráfico de personas con fines de explotación sexual. Son esas tramas infames las que quedarán libres de toda persecución penal, que como sabemos ya es bien débil, puesto que los poderes institucionales: políticos, jueces, policías, están infiltrados y corrompidos por los ingentes beneficios que proporciona prostituir mujeres, niñas y niños, las principales víctimas de ese negocio criminal.

No hacía falta, amigos y amigas de AI, que os pronunciarais por despenalizar las conductas sexuales porque en los países algo avanzados ya lo están. Siguiendo el ejemplo de España, ninguna conducta sexual entre adultos, libre y consentida, está calificada como delito. Únicamente es un delincuente quien se lucra de la actividad sexual de otro ser, es decir el explotador, y las feministas logramos que el artículo 188 del Código Penal añadiera la coletilla de “aún con su consentimiento”, porque sabemos que la prostitución siempre es obligada y que quien se enriquece con la de otra persona no es más que un esclavista.

Pero que nadie se espante, porque aquel triunfo ha sido un brindis al sol. Ni las víctimas confiesan que son explotadas ni los encargados de perseguir ese delito tienen verdadero interés en acabar con él. Seguramente perderían buenos ingresos. Unido ello a la permisividad perversa de la sociedad española, nuestro país ostenta el dudoso honor de tener los machos más ‘prostituidores’ de Europa y de consentir el tráfico de 500.000 mujeres anualmente que, aparte de las que recalan un tiempo aquí, van a parar a los burdeles, los prostíbulos, las casas de masaje, los puticlubs y los pisos particulares de toda la Europa consentidora de este negocio y de esta infamia moral.

El argumento que habéis esgrimido de que hay que proteger a las prostitutas del maltrato que sufren, resulta, además de ridículo, enormemente irritante. No se concibe cómo se protegerá a las mujeres de los golpes, las violaciones y los asesinatos que sufren cotidianamente a manos de sus verdugos: chulos, macarras, prostituidores, eliminando el delito. ¿Queréis decir que cuando ya no se pueda denunciar la explotación sexual, cuando la policía no pueda intervenir ni exista la posibilidad de incoar un proceso penal contra los explotadores, las mujeres no sufrirán más vejaciones ni malos tratos? Diríase que es una broma si no resultara tan dramático.

Los ideólogos de esta determinación quizá se refieren a que no se debe perseguir penalmente a las mujeres como sucede en algunos países, pero para llegar a esta conclusión no hacía falta que ilustres pensadores, políticos y activistas se esforzaran tanto reflexionando. Quizá si nos hubieran consultado a las organizaciones feministas que llevamos un cuarto de siglo explicando lo que es la abolición, lo hubieran entendido.

Las mujeres, las niñas, los niños, los hombres, víctimas de esa explotación son siempre eso: víctimas. Para ellas han de destinarse todos los recursos que un Estado democrático y decente tiene que invertir: para salvarlas de sus verdugos, proporcionarles manutención, vivienda y formación profesional. Pero para ellos: proxenetas, chulos, macarras, madames, intermediarios y los llamados clientes no hay más destino que la cárcel. Y eso sólo se consigue estableciendo los delitos de proxenetismo: lucrarse con la actividad sexual de otra persona; de incitación a la prostitución: con la intermediación y la seducción; de publicidad: con los anuncios en los medios de comunicación, de complicidad: para todos aquellos implicados en las complejas y extensas redes del negocio. Para todos esos seres inmundos y pervertidos no queda más que las rejas, hasta que en un futuro indeterminado podamos educar ciudadanos que tengan una calidad moral muy superior a la actual.

Supongo que los que han tomado esta determinación en AI no han tenido en cuenta lo muy satisfechos que están en estos momentos los capos de las diversas mafias que se dedican a seducir y engañar mujeres y niñas principalmente, a transportarlas de un continente a otro, a estabularlas en prostíbulos más o menos tugurios o elegantes, a apalearlas para someterlas, a drogarlas para tenerlas inermes y a cambiarlas o a matarlas, según sea necesario.

Ya sé que protestarán todos, y desgraciadamente también todas, los que me lean y que defienden la “libertad” de prostituirse voluntariamente. Incluso quienes afirman o que es un vicio o que resulta una opción laboral mucho más lucrativa y agradable que fregar escaleras –siempre ponen a continuación este ejemplo, lo que demuestra que las que optan por prostituirse no tienen opciones laborales mejores.

Pero deben de ser muy estúpidos o muy ingenuos o muy bien pagados, los miembros de AI que crean semejante cuento que únicamente beneficia a los explotadores. Porque nadie puede ignorar que la miseria es la primera causa de inducción a la prostitución; otras muchas más como la violación, el incesto, el engaño, siguen el mismo camino, y aplicar a tales motivaciones el término libertad es puramente una estafa.

Y ¿realmente los dirigentes de AI han tomado esa determinación con buena fe? Las respuestas que den a mis preguntas son fundamentales para mantener a esa organización en el ranking que tenía hasta ahora de integridad, honradez, independencia y altruismo. Lamentaría profundamente que lo perdiera.