Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Shangay Lily, feminista

Con la tristeza que siento al haber perdido a Lily no puedo menos de recordar cómo siempre me había apoyado y defendido. Yo nunca recibí broncas ni regaños de ella, por el contrario desde que la conocí y me hizo una memorable entrevista en la televisión con motivo de la publicación de mi libro de memorias La Vida Arrebatada, he tenido su admiración, su cariño y su indignación compartida contra todas las injusticias que se cometen contra las mujeres. Lily me llenó de elogios en todas las ocasiones que tuvo de encontrarnos y de escribirnos, y conté con su apoyo, con su cariño y con su comprensión, como tantas veces no he tenido de otros personajes que se consideran más inteligentes y respetables, y que únicamente quieren pertenecer al stablishment.

Porque ella no quería estar entre los elegidos, los poderosos y los que tienen las influencias. Ella siempre se situó en el margen de los desfavorecidos, de los perseguidos, de los sin poder. Sin concesiones.

Porque Lily defendió a todos los que merecían ser defendidos, pero sobre todo a las mujeres. Era admirable, y tan insólito, cómo comprendía a las víctimas del maltrato, de las violaciones, de la custodia compartida, de las discriminaciones salariales y culturales y sociales. Cómo se hermanaba conmigo repudiando la prostitución, sin caer nunca en la trampa en que tantos de sus hermanos y hermanas gays y lesbianas están atrapados de defender la prostitución como un «trabajo sexual». Nunca aceptó utilizar eufemismos como la «maternidad subrogada», mostrándose militantemente en contra de los vientres de alquiler, nuevo negocio a costa del cuerpo y de las facultades reproductoras de las mujeres.

Y nuestro último encuentro e intercambio de opiniones y de solidaridad, cuando a raíz de haber publicado un artículo contra la jueza de Málaga que fue capaz de archivar la causa de violación perpetrada por cinco bestias contra una pobre muchacha, se encontró perseguida por la susodicha jueza con una querella. Su artículo era transgresor e insultante, producto de su justa indignación, porque Lily no tenía miedo. Y ser valiente es una cualidad hoy muy poco común.

Era uno de esos seres únicos que no estaba amordazado por las amenazas, las críticas y los desprecios. Era hermosa, era valiente y era feminista. Y me quería. Y esa conjunción es muy difícil de encontrar. No podré substituirla.

Hasta siempre Lily.