Opinión · La verdad es siempre revolucionaria

Elecciones en Andalucía

Cuando se cumplen 15 días de las elecciones andaluzas resuenan unos clamorosos silencios por parte de las formaciones de izquierdas que las han perdido. Resulta insólito e inaceptable que ni el PSOE ni Podemos ni Izquierda Unida hayan realizado un análisis sincero de las circunstancias y condiciones que han llevado a la abstención a 2.660.000 andaluces, y sobre todo andaluzas, y que expliquen cómo se han perdido más de 700.000 votos para el PSOE y para Adelante Andalucía, y cómo el voto de castigo consistente en introducir papeletas nulas en las urnas llega al 2,20% de los votos, superando a los que apoyan a PACMA, Equo o UPyD.

Adelante Andalucía, la coalición de Podemos e Izquierda Unida en estas elecciones andaluzas 2018, ha logrado 17 escaños, con el 16% de votos (560.374) por lo que pierde tres escaños en Andalucía y se queda como cuarta fuerza en el Parlamento andaluz, tras unos comicios que el PSOE ha ganado con su peor resultado histórico, mientras que el partido de extrema derecha Vox ha irrumpido con 12 escaños.

Ambas formaciones, IU y Podemos, que concurren con Izquierda Andalucista y Primavera Andaluza, no han logrado mantener los escaños conseguidos por separado en 2015, cuando Podemos, en su primera cita electoral consiguió 15 escaños, un 14,84% de los votos (590.011), e Izquierda Unida-Los Verdes obtuvo 5 escaños (273.927 votos).

Explicar por qué la coalición de izquierdas, que con una ceguera triunfalista profetizó que se produciría el “sorpasso” al PSOE en estas elecciones con esa marca blanca de Adelante Andalucía – nombre que lo mismo sirve para la derecha que para la izquierda- ha perdido más de 300.000 votos respecto a las elecciones anteriores, en que los votantes de las formaciones IU y Podemos obtuvieron 864.000 -la abstención de los votantes de IU y Podemos es la mayor de todas las formaciones políticas-, es imprescindible para consolar a la militancia de izquierda, averiguar las causas del fracaso y corregir los errores en previsión de lo que puede suceder en las próximas elecciones que son inmediatas.

Sin embargo, ni Maíllo, tan entusiasmado en los meses previos a la cita electoral con esa nueva coalición de la que habían desaparecido los nombres de las formaciones ya prestigiadas, ni Teresa Rodríguez que se cree ya la dirigente máxima de  Andalucía, han tenido el valor de explicar en público los errores que han cometido en este nuevo experimento de la izquierda.

Es imprescindible recordar que excepto en el año 1936, cuando todas las fuerzas políticas democráticas republicanas se unieron en el Frente Popular, en las demás ocasiones en que los partidos de izquierda se han coaligado para presentarse a las elecciones en vez de sumar votos los han perdido. En 1994, cuando el PSOE comandado por Joaquín Almunia e Izquierda Unida dirigida por Francisco Frutos se presentaron juntos obtuvieron un resultado peor que cuando competían por separado, lo que motivó la inmediata dimisión de Almunia y su apartamiento de la política nacional. En junio de 2016 con la marca Unidos Podemos entre Izquierda unida y Podemos, se perdieron 1.200.000 votos respecto a la competición anterior en diciembre de 2015 cuando concurrieron por separado, y  el nuevo fracaso ahora en las elecciones andaluzas.

Al mismo tiempo, esa estrategia ridícula de Adelante Andalucía haciendo hincapié en el andalucismo como si regresáramos a los años setenta, que ha llevado incluso a prohibir en sus actos electorales todas las banderas que no fueran la andaluza, y despreciando el discurso de lucha de clases, ha perturbado y disgustado a las clases trabajadoras, que son la base electoral de la izquierda, que siempre se han sentido internacionalistas. Sin que se entienda semejante táctica, como si las reivindicaciones de los independentistas catalanes hubiesen contaminado la ideología y el programa de las fuerzas de izquierda andaluzas.

Un tema fundamental como es la defensa del medio ambiente no tuvo protagonismo en la campaña electoral de AA. De tal modo que la formación Equo, cuyo trabajo ecologista es bien conocido, se salió de la coalición denunciando el ninguneo a que los dirigentes de IU y Podemos habían condenado a su partido.

Así mismo es la primera vez que no ha habido trasferencia de votos del PSOE a IU. Y aunque el votante de IU se ha demostrado que es el más fiel, la abstención de sus simpatizantes es muy alta y deberían ser analizadas las causas de semejante desafección.

Ha sido pública y notoria la tensión que mantienen Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias, en una competición por parte de Teresa, que tiene mucho de infantil, para convertirse en la única líder de Andalucía. En este ambiente del siglo XXI las banderías y enfrentamientos entre líderes de la izquierda se han hecho crónicos. Se pueden citar al menos media docena más las divisiones protagonizadas incluso por veteranos dirigentes, que no tienen empacho en publicarlas y dar ruedas de prensa para emitir una acerba crítica de sus camaradas y dirigentes. Bueno sería que todos, y especialmente Rodríguez, se preguntaran seriamente si semejante conducta favorece no solo al proyecto que defendemos desde la izquierda sino también a sus expectativas personales.

Y por último, aunque para el Partido Feminista es lo primero, se ha olvidado, yo diría despreciado, el voto de las mujeres. Ni en el programa cocinado entre Maíllo y Rodríguez ni en la campaña electoral han tenido ningún protagonismo los temas que son prioritarios para el feminismo. Más penoso todavía: a pesar del paripé de convocar asambleas y comisiones populares en los llamados Patios de Sevilla para debatir los términos del programa de la coalición, los pactos establecidos con anterioridad eliminaron del redactado la abolición de la prostitución. Con esa tibieza e indefinición que caracteriza a Podemos obviaron una declaración rotunda en tal sentido y en consecuencia se enajenaron el voto feminista.

La mayoría de los dirigentes de izquierda, incluyendo muchas mujeres, minusvaloran el voto femenino. De tal modo, desde hace 30 años es imposible en la campaña electoral el llamamiento a las mujeres para que apoyen el proyecto de esas formaciones, ya que no se introducen los temas que más las conciernen.

No sólo la denuncia de las desigualdades salariales y de participación profesional de las mujeres  no tan tenido protagonismo  en el programa, los discursos, declaraciones, mítines, entrevistas, de los dirigentes de AA, sino que incluso la violencia, esa terrible lacra que está diezmando a mujeres y niños, no ha sido vista como un tema trascendental.

Minusvalorando la violencia machista, sin exigir la igualdad salarial y profesional de las mujeres, pretendiendo legalizar la prostitución y los vientres de alquiler, aceptando la pornografía, sin dar soluciones a la imposibilidad de conciliar el trabajo asalariado con el doméstico y la maternidad, con la confusión que supone hoy la demanda de algún sector trans de eliminar a las mujeres como sujeto político del Movimiento Feminista, y sin hacer hincapié en la absoluta necesidad del protagonismo político que necesita el feminismo, Adelante Andalucía se ha enajenado la simpatía de las mujeres. Y por tanto no les han dado su voto.

Quizá los ideólogos y estrategas de la izquierda desprecien nuevamente estas reflexiones, pero les auguro que se equivocan, porque el triunfo de la izquierda será feminista o no será. Lo peor es que no sólo pierden Izquierda Unida y Podemos y sus formaciones afines, sino todas las demás mujeres y trabajadores que no tendremos representantes políticos que nos defiendan.