Opinión · La verdad es siempre revolucionaria

La izquierda satisfecha

Desde el 2 diciembre, en que se celebraron las elecciones en Andalucía, no he leído ni escuchado ningún análisis, digno de ser llamado así, por parte de la izquierda ante los penosos resultados obtenidos. Resulta patético oír repetir a Susana Díaz que ha ganado las elecciones. Con el mismo estribillo Mariano Rajoy intentó convencer al Parlamento que debía seguir gobernando cuando la oposición lo defenestró. Y esa consigna se utiliza, especialmente por el PP, cuando el partido que ha sacado mayor número de votos pretende evitar que la oposición se una y lo derribe del pódium.

Pero en la situación actual, tanto Susana Díaz como la cúpula del PSOE, que posee muchos y buenos analistas –o al menos de ellos presumen- hora sería que hubiesen tenido el valor de relacionar lo sucedido en las elecciones andaluzas con sus tareas de gobierno. No se pueden despachar 37 años de hegemonía política y toparse de pronto con que son desalojados de la Junta, sin una explicación.

Siguiendo una táctica deplorable, que he observado también en EEUU por parte del Partido Demócrata, las explicaciones que han ofrecido hasta ahora los responsables del PSOE se limitan a echarle la culpa de su fracaso a todos los demás: la extrema derecha, la extrema izquierda, los populismos, la crisis económica. De su actuación durante casi cuatro décadas al frente de los destinos de Andalucía ni una palabra. Ni los procesos de los ERES, es terrible y patético ver cotidianamente en la televisión a Griñán y a Chávez en los juzgados aguantando durante meses la tortura de ser tratados como vulgares ladrones, en una repetición angustiada de los procesos que han acosado al PP durante años y que acabaron con la moción de censura que lo desalojó de la Moncloa. Ni la evidencia de que Andalucía sigue siendo la región que tiene el índice de paro más alto, donde se ha desmontado la industria hasta la raíz, con el infame resultado de que los trabajadores ahora reclamen fabricar misiles para venderlos a Arabia Saudí, con tal de tener un puesto de trabajo. Ni los problemas crónicos que siguen enquistados acerca de la violencia contra las mujeres y los niños, el paro femenino, los menores desprotegidos, españoles y extranjeros, los dependientes, la muy deficiente sanidad, unos niveles de formación educativa manifiestamente mejorables, unas vías de comunicación malas y deterioradas, han sido objeto de análisis y de rendir cuentas.

Diríase que la izquierda ha nacido para estar satisfecha de sí misma.

La misma actuación se observa en los dirigentes de Adelante Andalucía, y todavía con menor causa. Ni IU ni Podemos saben o quieren llevar adelante una veraz descripción de lo sucedido desde que iniciaron su andadura juntos. Son incapaces de aceptar que las incompletas y torcidas alianzas que han forjado desde junio de 2016 hasta ahora no solo no han dado el resultado prometido sino que han ido rebajando sistemáticamente el apoyo electoral que tuvieron por separado.

En las primeras elecciones en que concurrieron con la marca de Unidos Podemos, las dos formaciones y sus acólitos perdieron 1.200.000 votos. En la convocatoria autonómica de Catalunya pasó de tener 11 diputados la coalición de Iniciativa per Catalunya, Esquerra Unida y Alternativa Verds a 8 cuando se unieron a Podemos. Y ahora, en Andalucía, a todas las pérdidas se suman 300.000 votos menos de IU y más de 400.000 de Podemos. Cuando en la Coordinadora de IU, un mes después de las elecciones, se reúnen los representantes de las federaciones y de los partidos que la integran, se silencia el malestar de Equo que se retiró de las listas, por la falta de relevancia que se daba a los temas de medio ambiente, y no merece ni un comentario la denuncia que hace el Partido Feminista sobre la eliminación de la abolición de la prostitución del programa de Adelante Andalucía y la ausencia de los temas feministas en la campaña electoral.

Que la máxima dirigente de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, sea regulacionista de la prostitución y por tanto haya vetado nuestra demanda -que forma parte de los principios de IU desde hace decenios- de que se pronuncien por la abolición, y que ni en el programa ni en la campaña hayan tenido las mujeres el protagonismo que se merecen, ha sido motivo de reflexión ni debate en el seno de la coalición.

Es evidente el desprecio manifiesto que muestra la coalición acerca de integrar al feminismo, como desdichadamente se ha visto en la dimisión de las doce dirigentes del Área de la Mujer de IU, que un mes antes de las elecciones andaluzas aseguraban que disolvían el Área, y a cuyo manifiesto ni contestó la dirección ni han dado explicaciones cuando se les ha requerido.

Esta actitud se ha mostrado tanto en la cesión de los principios del programa de Adelante Andalucía ante la presión de Podemos como en la falta de discurso dirigido a las mujeres en la campaña electoral. En consecuencia, el feminismo no ha apoyado a la coalición.

Tampoco se dan explicaciones de por qué José Couso, uno de los activos más importantes de IU se va de la formación política enviando un duro escrito contra la dirección, ni cómo Marina Albiol sigue el mismo camino. Ambos después de haber permanecido años en la tarea de representar a la coalición en el Parlamento Europeo.

Con un triunfalismo digno de mejor causa, la carta que dirige Alberto Garzón  a los militantes afirma que pueden estar orgullosos del trabajo que han realizado este 2018. Y, ¿cómo se puede estar orgulloso después de haber perdido las elecciones? Y, ¿cuáles han sido las causas de que casi un millón de electores se hayan abstenido?

Porque no es cierto que la militancia de IU muestre entusiasmo por su tarea. Cualquiera que siga de cerca su evolución ha podido observar cómo desde hace tres años se ha rebajado sustancialmente la entrega y la iniciativa de los afiliados. Desde que en 2016 Unidos Podemos situó como cabeza de lista en Almería al general Julio Rodríguez, miembro que fue de la JUJEM de un Ejército que tiene el triste destino de ser miembro de la OTAN y que diseñó el bombardeo de Libia, para una candidatura que tiene entre sus miembros a IU, organización política que cuenta al PCE como fundador y cuyo nacimiento se forjó en la lucha contra la OTAN.

Y en Catalunya Podemos articula un confuso discurso que no se pronuncia ni por la independencia ni por la Federación, que no muestra ninguna seguridad ni firmeza en sus postulados, unas veces manifestándose con los independentistas y otras haciendo declaraciones contra la conducta del gobierno catalán, manteniendo una actitud de superioridad intelectual y ética que les da derecho a criticar a todos sin pronunciarse por nada.  El resultado de las elecciones autonómicas últimas fue la pérdida de tres escaños y la ulterior dimisión del portavoz Xavier Doménech.

Si añadimos que Rodríguez se ha pasado 4 años enfrentada a Susana Díaz, repitiendo que nunca pactaría con ella y considerándola el enemigo principal, no es de extrañar que el resultado haya sido tan penoso como el cosechado.

Lo temible es que de seguir actuando de igual manera en las próximas elecciones la izquierda coseche mayores derrotas.