Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Campaña electoral: ¿Qué hace España en la OTAN?

Cuando la campaña electoral está terminando me admiro de que ninguna formación política de izquierda se haya pronunciado contra nuestra permanencia en esa organización criminal que es la OTAN. Es muy triste constatar lo poco que dura la memoria en nuestro país.

Si hubo algún momento de protagonismo para la izquierda después de la Transición fue cuando se enfrentó al plan de las oligarquías mundiales, representadas en España por el PSOE y Alianza Popular, de mantenernos en la OTAN, donde nos había metido aquel malencarado e incompetente presidente de gobierno, que fue Calvo Sotelo. ¡Duele constatar que después de medio siglo tendríamos a otro Calvo Sotelo protagonizando la política de nuestro país!

Fue en aquellos meses de la primavera de 1986 en los que se dirimió nuevamente el futuro del mundo en España, como había sucedido medio siglo antes. Integrar a nuestro país en la OTAN significaba que ya no habría ninguna frontera que saltar, ninguna trinchera, ningún freno, a los propósitos genocidas de esa organización. Conquistadas todas las plazas occidentales en el extremo sur de Europa, tan importante para dominar el continente africano y el Próximo Oriente, el Capital y sus fuerzas exterminadoras tienen todo el espacio libre para llevar a término sus criminales propósitos.

De las bases de Torrejón de Ardoz, de Mallorca, de Zaragoza, de Morón de la Frontera, de las Bárdenas Reales, de San Pablo de Sevilla, de Rota, de Canarias, salen los aviones que bombardean Afganistán, Irak, Libia, Siria, y los barcos que llevan los repuestos y el armamento a todos los países aliados, como Arabia Saudí para que bombardee Yemen. En la cuenta de las acciones otanistas realizadas por militares españoles tenemos que apuntar los miles de muertos, de inválidos, de niños huérfanos, de mujeres violadas, de aldeas y ciudades y carreteras y aeropuertos destruidas, de obras de arte desaparecidas, de restos arqueológicos destrozados, del medio ambiente contaminado. A esta obra genocida, la más exterminadora de la humanidad, contribuimos los españoles con nuestros impuestos, nuestra aceptación, nuestra tolerancia, nuestra indiferencia, nuestra conciencia anestesiada. Y ahora con nuestro voto.

¿Y que gastamos en esa obra infernal? Nadie lo sabe. Los presupuestos militares españoles son un misterio. Distribuidos entre varios ministerios permanecen en una opacidad que ninguna formación política se propone desvelar. Si esto es así respecto al presupuesto de nuestro ministerio de Defensa, ¡qué sabemos de lo que aportamos o gastamos en pertenecer a la OTAN y en contribuir a las acciones militares que llevamos a cabo en varias áreas del mundo!

Desde septiembre de 2016 a marzo de 2017 se llevaron a cabo desde Gibraltar a Murcia las maniobras militares de la OTAN más importantes después de la II Guerra Mundial. Durante seis meses 30.000 efectivos –hombres, barcos, portaaviones, helicópteros, misiles, tanques, etc.etc.- se pasearon por las aguas antaño de nuestro Mediterráneo, disparando, torpedeando y destrozando el mar y el fondo marino y las costas y el aire, para demostrarle su poderío…no sé a quién. En aquel momento, en un día de maniobras de la OTAN se gastaba lo equivalente al presupuesto de Sanidad de todo un año en España.

Esas operaciones son las que permiten el destrozo de Palmira, los bombardeos de Bagdad, la destrucción del Estado libio – convertido el país hoy en un territorio salvaje donde las facciones y las tribus campas por sus respetos esclavizando a los emigrantes que caen allí, violando mujeres y matando hombres y niños y ancianos y muchachas-, la guerra sin fin de Afganistán, el terrorismo de Irak, los bombardeos de Yemen. Se destroza el planeta para mantener el dominio del imperio industrial militar estadounidense, del que toda la población del mundo es súbdita. Y el exterminio de Palestina que lleva a cabo sistemáticamente el gobierno de Israel.

Siete millones de españoles y españolas votamos no a permanecer en la OTAN. Diez millones quisieron continuar, según nos contaron. Pero la pregunta del referéndum aseguraba que era con las condiciones de no pertenecer a la organización militar y de cerrar las bases militares estadounidenses. Falsas promesas que naturalmente el gobierno de Aznar se saltó con alegría.

Hoy estamos orgullosamente inmersos en esa organización, facilitando las operaciones exterminadoras a los aviones y drones y misiles –inteligentes eso sí- que bombardean aquí y allí para demostrar quién manda en el mundo. Y los españoles y las españolas lo aguantamos o lo aceptamos o ni siquiera nos enteramos.

El Movimiento Feminista, ese magma de miles de organizaciones que salen contentas dos veces al año a gritar y cantar a la calle, no dice nada de nuestra permanencia en la OTAN. Las organizaciones sindicales callan porque no es asunto suyo. Al movimiento estudiantil ni se le ve ni se le espera. Las asociaciones de vecinos ni saben lo que es la OTAN.

Y los partidos políticos, ¿qué están diciendo de tal espeluznante situación bélica que dura desde hace setenta años y que ha causado más muertos que todas las víctimas de la II Guerra Mundial? Pues nada. Ni siquiera aquellos de izquierda que tendrían el deber imperativo de recordar la vocación pacifista del pueblo español que se plasmó en el Artículo 6 de la Constitución de la II República que afirmaba que la República Española renunciaba a la guerra para resolver los conflictos internacionales. Ni siquiera aquella que como Izquierda Unida nace de las movilizaciones que propugnaron el NO en el tramposo referéndum que nos organizó el PSOE. Podemos se atreve a designar al general de la OTAN Julio Rodríguez, que diseñó el bombardeo de Libia, como candidato de Unidos Podemos en las elecciones de 2016 en Almería, y lo presenta también en Zaragoza y ahora lo tiene a su vera en Madrid.

La pregunta evidente es, ¿qué significa ser de izquierdas para la izquierda de hoy? O quizá ya no hay que ser de izquierda, según la consigna ampliamente difundida de que ya no hay izquierda ni derecha, como se dice también del feminismo, y ni existen las clases ni la lucha de clases. El Capital debe de ser un invento mal intencionado de sectores radicales extremistas, y el Departamento de Estado de EEUU y la OTAN y la CIA son organizaciones altruistas dedicadas a hacer el bien en el mundo. Como las bases americanas que siguen instaladas en nuestra Península, creciendo en hombres y materiales mortíferos. Como el apoyo logístico que prestamos en los aeropuertos civiles y militares de nuestro país para que se trasladen los presos secuestrados de Guantánamo o se envíen suministros militares a Próximo Oriente.

¿Ustedes han oído en esta campaña electoral alguna mención a la OTAN, por parte de los partidos que se autodenominan de progreso o de cambio o de cualquiera de esos eufemismos con que ahora se enmascaran las clásicas categorías políticas, que antes definían perfectamente la ideología de cada uno de ellos? Yo tampoco.

¿Dónde está la izquierda que siempre apostó por el antimilitarismo y por el pacifismo, espantada ante las guerras que ha organizado el Capital en más de un siglo?
¿Dónde está la ciudadanía que abarrotó durante días las calles de España manifestándose contra la OTAN y contra la guerra de Irak?

¿Dónde está ahora nuestro corazón que latía a la izquierda?