Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

El papel y el destino del movimiento feminista

Cuando todas las formaciones políticas están haciendo sus reflexiones y comentarios sobre los resultados electorales, y esforzándose agónicamente por tener la mayor tasa de poder en el gobierno central y en los de las Comunidades y Ayuntamientos, el Movimiento Feminista permanece callado como si estuviese ajeno a los graves problemas políticos y sociales que nos aquejan y cuya solución depende de los gobiernos que acaben formándose.

Con la misma tozudez y falta de visión que padece el MF desde hace 40 años, ninguna de las comisiones, asambleas, asociaciones o plataformas que marcan de violeta el territorio español, ha abierto la boca para hacer algún análisis, crítica o elogio a la conducta de los partidos que acabarán gobernando, y menos aún para decantarse por las alianzas que crean más útiles para mejorar la vida de las mujeres. Si este es, como hay que asumir, el objetivo del Movimiento.

He de suponer que las organizaciones creadas o ligadas al PSOE se dan por satisfechas con los resultados electorales que garantizan un gobierno socialista, lo que les significará  obtener las subvenciones habituales con las que se mantienen. Pero aun así, y teniendo en cuenta que ese gobierno no tiene asegurada la estabilidad, podrían al menos ser valientes y decantarse por aconsejar la coalición o entendimiento con los partidos que consideraran más proclives a llevar adelante unas políticas feministas.

Y las demás, las que se proclaman independientes o de feminismo radical, están tan calladas y mortecinas como las socialistas. Han apoyado, en los tiempos de campaña,  tímidas medidas de reformas feministas, con manifiestos tan inoperantes como mendicantes. Concluida esa etapa, cuando es comprobable que ninguna de las grandes formaciones, y apenas las pequeñas, ha hecho suyo el programa que planteaba el MF, y que ni en las declaraciones públicas ni en las alianzas que se plantean los problemas de las mujeres tienen  protagonismo, no se oye ninguna voz autorizada ni proclama colectiva exigiendo que los próximos gobiernos cumplan las exigencias que se les formularon en campaña electoral.

Las informaciones que inundan los periódicos, los programas de radio y de televisión, los diarios digitales, las tertulias públicas, se centran, hasta hastiarnos, en discutir las alianzas posibles entre partidos para lograr atenuar el problema catalán, el paro, la precariedad laboral, garantizar las pensiones o resolver la escasez de viviendas. Nada se oye de qué medidas se van a tomar, con urgencia, para frenar la masacre de los asesinatos machistas, que causa dos o tres víctimas cada semana, ni la infamia de la custodia compartida que está dejando impune el abuso sexual de los menores ni la brecha salarial ya estructural ni de que las pensiones de las mujeres son el 38% menores que las de los hombres ni de que la pobreza tiene rostro de mujer ni de qué manera van a acabar con la prostitución, la pornografía y los vientres de alquiler.

Estos temas, por más repetidos, se han quedado en el universo de las redes sociales, manejados por las youtubers y las tuiteras que viven en un mundo virtual que no se relaciona con el mundo político, reducido a las discusiones en el seno de los grupos feministas, que más parecen sectas que movimiento social. Un movimiento, el feminista, que no se hace eco de las explotaciones laborales de miles de mujeres en los sectores agrícola, industrial y de servicios, ya que está compuesto fundamentalmente por señoritas universitarias.

Mientras tanto, cada semana tenemos que dolernos de varios feminicidios,  agresiones sexuales y físicas graves, y las demandas que se difundieron en la legislatura pasada de las Kellys, las limpiadoras, las trabajadoras de la fresa, los plátanos, la aceituna, las mariscadoras, han quedado en silencio, porque ninguno de los próceres de la política las hace suyas.

Este Movimiento Feminista que se opone, agresiva y hasta violentamente, a que el Partido Feminista tenga un lugar preferente en las manifestaciones del 8 de marzo y del 25 de noviembre, que hace profesión de fe de apoliticismo y apartidismo, y que cuando llegan elecciones, es incapaz de dar consigna de voto, aunque cuando los resultados electorales no son de su agrado vuelve a convocar manifestaciones de repulsa. Con esta estrategia, difícilmente podremos avanzar en alcanzar la satisfacción de nuestras más urgentes y necesarias reclamaciones.

Y cuando a las componentes de la vanguardia de ese Movimiento se les reclama  que apoyen al Partido Feminista, responden que es preciso que se presente independientemente de IU, donde está coaligado, presumiendo de mantener una postura virtuosa que rechaza contaminarse con partidos que no consideran  suficientemente feministas.

Pero en estas últimas convocatorias se han presentado varias listas que se autoproclaman feministas. La más veterana, Iniciativa Feminista, que se postula desde hace años a las elecciones europeas, ha obtenido, por tercera vez, 30.000 votos en toda España, lo que indefectiblemente la ha dejado fuera de conseguir ninguna representación cuando un escaño en la Cámara de Estrasburgo cuesta de 280.000 a 650.000 votos. Un partido, Feminism8, se ha presentado en Tenerife con el resultado de 560 votos. Otras activistas que con diversas formaciones se postulaban como feministas, en Barcelona y en Granada, no han pasado en el primer caso el filtro de las firmas y en el segundo no han logrado más que 400 votos. El episodio más patético ha sido el de Plazandreoak, en San Sebastián, que después de presentarse durante 20 años a las elecciones municipales, en esta ocasión no ha podido hacerlo porque no ha encontrado ninguna compañera más joven que quisiera ser cabeza de lista. Ese mismo rechazo y cobardía es el que ha impedido que en Málaga y en diversas poblaciones de Valencia se presentaran listas feministas.

Es decir, que las activistas se muestran despectivas con el Partido Feminista porque está aliado con IU, y este con Podemos, pero cuando otras compañeras se lanzan a la competición en solitario, tampoco las votan. Si la ingente cantidad de gente que se manifiesta los 8 de marzo eligieran a las formaciones feministas, estas serían hoy un fuerza política indiscutible.

No se comprende cual es la estrategia que pretende el MF, como  tal, para los próximos años. Alejado, y hasta enfrentado, en su inmensa mayoría, a los partidos políticos, sus acciones se limitarán a las conocidas manifestaciones y asambleas, rechazando el compromiso electoral. Lo que el Partido Feminista pronosticaba ya en los años 80, que sin una fuerza política feminista en las instituciones el avance de nuestras reclamaciones se detendría y en según qué momentos retrocedería, se está cumpliendo.

Hemos fracasado rotundamente en detener la violencia machista, que ha aumentado, la ofensiva de los maltratadores y violadores es cada vez mayor y tienen como buena aliada una parte de la judicatura, y en los temas laborales, salariales, económicos y en la influencia política no hemos avanzado un ápice. Mientras, la mafia prostituidora es cada vez más fuerte e influye muy determinantemente en ciertos partidos políticos y en la conducta de los gobernantes municipales, especialmente en Barcelona y en Madrid. Y el infame comercio del alquiler de úteros de mujeres pobres continúa y aumenta.

A estos objetivos del Capital y el Patriarcado, que operan  impunemente en España, puesto que nos dominan con su poder, el Movimiento Feminista sólo sabe oponerse con una pancarta en la calle. Si después de las grandes demostraciones de fuerza que han sido las manifestaciones del 8 de marzo no se ha notado en ninguna institución, Parlamento, Senado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, mejora alguna de la situación de la mujer ni cumplimiento por parte de los partidos políticos de las demandas que el MF le ha presentado, convertidas las fechas conmemorativas en otros días de fiesta, al estilo del Orgullo Gay, es evidente que el MF no saldrá de la irrelevancia.