Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

El feminismo, objeto de deseo

La vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, nos ha informado de que el feminismo  es propiedad del socialismo. No ha precisado del Partido Socialista Obrero Español porque quizá sus homólogos europeos habrían protestado. Esta declaración se enmarca en la estrategia practicada siempre por ese partido de reconocer únicamente dos posturas políticas: la de derecha, representada por el PP y la del PSOE que para ellos tiene el monopolio de la izquierda. No hay que olvidar la declaración lapidaria de Alfonso Guerra de que no hay nadie a la izquierda del PSOE.

Ciertamente la derecha, con un ejercicio de cinismo sin igual, también quiere presumir de haber sido protagonista de los avances en la igualdad de la mujer. Un comentarista del PP se atreve a afirmar que ha sido la derecha la que aprobó las leyes progresistas, y para ello se atribuye nada menos que la redacción de la Constitución de 1812 que aceptaba que las mujeres pudiesen ocupar un escaño en las Cortes, cuando los diputados reunidos en Cádiz representaban lo más avanzado de la época, enfrentados al régimen absolutista de Fernando VII.

Situar a Carmen de Burgos y a Clara Campoamor en la derecha es un insulto a la inteligencia, como aún más injurioso es decir que las primeras leyes que concedían independencia jurídica a las mujeres se aprobaron en los años 1958 y 1967, cuando se reconoce la igualdad legal de la mujer es en la Constitución de la II República de 1931, así como el matrimonio y el divorcio civil, y en 1937, el aborto, por la Ministra de Sanidad, la anarquista Federica Montseny que fue la primera de España, y no la desvaída Soledad Becerril, en el gobierno de UCD de 1981. Lo único que le queda a este exégeta de la derecha es decir que Pilar Primo de Rivera era feminista.

El nombramiento de varias ministras, presidentas del Congreso, alcaldesas y presidentas de Comunidades, como Esperanza Aguirre, Dolores de Cospedal y Cristina Cifuentes, es una de las engañosas estrategias que ha utilizado la derecha para atribuirse nada menos que su adscripción al feminismo, utilizándolas de cómplices del Capital y el Patriarcado. Ya expliqué en un artículo anterior que no se es feminista por el sólo hecho de ser mujer.

Pero tratando el tema seriamente, cierto es que Clara Campoamor hubo de presentarse a las elecciones al Parlamento en 1931 por el Partido Radical porque el Partido Socialista en aquel momento se oponía a la concesión del voto a la mujer. Clásica es ya la disputa en las Cortes de la II República entre Victoria Kent y Clara Campoamor sobre la aprobación del sufragio femenino.

Pero tergiversando la historia, tanto el comentarista de la extrema derecha como la Vicepresidenta del Gobierno, al unísono, y cada uno arguyendo en la defensa de su tesis los datos que les convienen para atribuirse la propiedad del feminismo, hoy con toda evidencia objeto de deseo, lo que hacen ambos es confundir al ignorante público sobre la verdadera identidad del feminismo.

Porque, señora Calvo, mucho antes de que su partido, ni ningún otro, se declarara a favor del feminismo, ya muchas escritoras habían elaborado los primeros manifiestos reclamando los derechos tanto tiempo hurtados a las mujeres: Safo de Lesbos, María de Zayas, Mary Wollstoncraft, Flora Tristán, Concepción Arenal, Susan B. Anthony, María de Maeztu, analizan los principios que serán el cimiento de la teoría feminista que todavía seguimos elaborando. Y el Movimiento Feminista, como impulso de rebeldía, como organización de mujeres que se sublevan ante las injusticias que el Patriarcado comete contra ellas, surge de las primeras manifestaciones que las mujeres de París protagonizan en Versalles, y que prosiguen en la destrucción de la Bastilla, en el asalto a las Tullerías, en las reclamaciones que presentan ante los representantes del Tercer Estado en la convocatoria de los Estados Generales aquel mayo de 1789, que cambió el mundo.

Y el Movimiento Feminista, señora Calvo, se construye a través de varios siglos, mucho antes de que se constituyeran el Movimiento Sindical y los partidos políticos. El MF surge en defensa de los derechos de la mujer, la clase más explotada de todas, cuando todavía está por definirse el proletariado. En Francia Olimpia de Gougesen 1789 proclamará “Los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” en reclamación de la igualdad que la “Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano” les ha negado a las mujeres, y que han aprobado los señores diputados instalados en la Asamblea Francesa. Flora Tristán escribirá las obras claves para entender la explotación de la mujer y la necesidad de crear los sindicatos, Peregrinaciones de una Paria y  la Unión Obrera. 1838, 1840.

En EEUU, en 1848, El MF se alinea con la lucha por la liberación de  los esclavos y la abolición de la esclavitud, y  estará en primera línea en la rebelión de 1968 que dará la vuelta al mundo y en la lucha contra la guerra de Vietnam y la defensa de los Derechos Civiles.

 En España las Mujeres Libres, anarquistas, se batirán con las armas en la mano en las trincheras de la Guerra Civil y denunciarán, en el boletín del mismo nombre, el machismo de una sociedad que permitía la explotación de las mujeres prostituidas. Y las militantes del Partido Comunista de España sumaron las denuncias de la explotación de la mujer a las del proletariado. De estas luchas se siguió la elaboración de una filosofía que construiría la base ideológica del feminismo del siglo XX e impulsaría la constitución del Partido Feminista de España.

No quiera adueñarse, señora Calvo, de la ingente tarea que han realizado las mujeres españolas, y de todo el mundo, en el feminismo, con la lucha que ha comportado y los sufrimientos consiguientes, como una propiedad del PSOE, que, por cierto, durante más cincuenta años se niega a aceptar el sufragio femenino y el derecho al trabajo de la mujer.

Ya sé que para usted se trata de enfrentarse únicamente a esa derecha filofascista que ahora nos asedia, pero señora Calvo, hay más organizaciones feministas a la izquierda del PSOE, y en ellas hemos batallado miles de mujeres durante decenas de años, con poca ayuda a veces de su partido. El ninguneo que practican constantemente usted y sus compañeros contra el Partido Feminista, y  otras asociaciones, donde nos alineamos las más veteranas de esta lucha interminable dice muy poco bien de su honradez política.

Porque el feminismo es mucho más que pedir la legalización del aborto, la abolición de la prostitución y la prohibición de los vientres de alquiler. El feminismo es un movimiento de reclamación de las reivindicaciones ya bicentenarias de igualdad entre la mujer y el hombre, y es también una ideología liberadora contra todas las explotaciones, de clase, de sexo, de identidad racial, de pueblos oprimidos, y que como Partido Feminista tiene un programa político.

 Y todo ese caudal de lucha y de rebeldía no cabe en el PSOE, señora Calvo, que  ha abandonado la reclamación de la III República; nos introdujo en la OTAN,  hoy está vendiendo misiles inteligentes a Arabia Saudí, y mantiene las leyes laborales aprobadas por la derecha, con las enormes discriminaciones contra la mujer, entre otras deficiencias, como esa indiferente desprotección de las víctimas de la violencia machista.

El feminismo es un Movimiento Social, es una ideología filosófica y es un programa político que supera en mucho el  reformismo del PSOE. Y es necesario repetirlo porque la verdad es siempre revolucionaria como decía Antonio Gramsci.