Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Ninguneando al Partido Feminista

Ya conocemos la vieja táctica española de ningunear al competidor. Y el PSOE es experto en ello. Pero resulta realmente indigno que Pedro Sánchez presuma de consultar al Movimiento Feminista para la trascendental tarea de redactar un programa de gobierno en los momentos de incertidumbre y urgencia que estamos viviendo y no haya convocado ni a mí ni al Partido Feminista. Como tampoco a Vindicación Feminista, al Tribunal de Crímenes contra la Mujer y al Frente de Lucha Feminista, organizaciones todas que las más veteranas militantes del feminismo en España hemos levantado y sostenido con nuestro sólo esfuerzo a lo largo de décadas. En esas épocas heroicas para nosotras no hubo subvenciones ni premios ni aún ese partido que se llama socialista ha sido capaz de publicar noticias, reportajes o entrevistas sobre nuestro trabajo en las revistas institucionales de los Institutos de la Mujer, de las que viven unas cuantas funcionarias,

Ya sabemos, porque así nos lo comunicó Carmen Calvo hace pocos días, que el feminismo es propiedad privada del PSOE, pero no imaginaba tanto pertinaz ninguneo contra nosotras como si fuéramos sus enemigas. Cuando necesitaron nuestro apoyo en las reivindicaciones fundamentales se mostraron moderadamente amables, que nunca lo son sinceramente, pero cuando se creen triunfantes entonces borran del mapa toda presencia que no sea la de sus afiliadas y simpatizantes, a las que les va bien esa lealtad.

Lo peor es que tal hostilidad no beneficia a ninguna. Las dirigentes socialistas y sus ámbitos de influencia podrían haber aprendido del resultado de las elecciones en Andalucía y ahora en Madrid, donde con el triunfo de las derechas más reaccionarias retrocedemos en derechos y libertades, todavía no sabemos hasta cuánto. Pero cuando desde el Partido Feminista estuvimos alertando antes de las consultas electorales de la necesidad de que el Movimiento Feminista se implicara en dar consigna de voto y en hacer campaña electoral contra la derecha que venía, ni aún respuesta obtuvimos.

Pero que no engañen a nadie. Esas representantes del MF que se han reunido con Carmen Calvo y Pedro Sánchez en la representación teatral de fingir que consultan a la variedad del feminismo, son todas del PSOE o de sus aledaños. Y sólo se puede esperar de ellas adulaciones y consensos con el gobierno  para no llevar adelante verdaderas transformaciones de la realidad social, de las que más necesitadas estamos las mujeres.

En un país donde se asesinan una o más mujeres cada día, donde se presenta una denuncia por violación cada 8 horas, donde hemos enterrado 1.012 mujeres, asesinadas por algún hombre, y quedan 500 niños huérfanos desde la aprobación de la Ley de Violencia de Género de 2004, ni ese Partido Socialista ni ese sector del MF adscrito a él muestran la preocupación que debería suscitarles esta masacre ni toman las medidas imprescindibles para atajarla.

El muy publicitado Pacto de Estado contra la Violencia de Género, una farsa que representaron los 13 grupos parlamentarios que se reunieron durante 9 meses en 2016, con la intervención de 90 asesores que decidieron las ilustres señorías, alguna de las cuales eran partidarias de legalizar la prostitución, ni se ha implementado ni ha tenido resultado alguno. Y ya nos hemos acostumbrado.

No oigo ni leo, en la multitud de comunicaciones que se transmiten por las caóticas RRSS, que se reclame con urgencia la aplicación de las medidas aprobadas, aunque sean tan inocuas e ineficaces como las que componen los dos centenares de artículos de que consta el Pacto. Y eso solo en referencia a la violencia, porque, ¿qué se proyecta acerca de las diferencias salariales, el acoso sexual en el trabajo, la marginación de la mujer de los puestos de dirección?

Los datos que nos ofrecen periódicamente los sindicatos son tan patéticos como hace una década. Un último titular de la prensa dice que han aumentado un 30% las solicitudes de las trabajadoras de reducción de jornada laboral para cuidar hijos. Y esa ridiculez de los permisos parentales para “igualar” las condiciones de contratación de hombres y mujeres, ni se practica, como ya vaticiné, ni significa avance alguno, cuando supongo que no es un secreto para nadie que un hijo no se cría en unos meses.

Y, ¿qué decir de otros gravísimos dramas que se están produciendo en nuestro país ante la indiferencia culpable del gobierno, del PSOE, del Movimiento Feminista? En estos momentos se intentan rescatar los cadáveres de los 170 emigrantes ahogados en el Mediterráneo hace un par de días. Y seguimos, siguiendo instrucciones de la OTAN, fabricando armamento para suministrarlo a satrapías como Arabia Saudí.

Los más firmes principios de la izquierda, que fueron defendidos con valentía por sus militantes en los tiempos heroicos, la República, el antimilitarismo, el antiimperialismo, la laicidad, el reparto de la riqueza y la lucha contra la desigualdad, y que fueron fundamentales en las reivindicaciones de nuestras predecesoras como Mujeres Libres y el Partido Comunista han desaparecido de las reivindicaciones feministas, centradas hoy en tres o cuatro temas a que se reducen sus agendas, como las llaman.

El Movimiento Feminista se enfrenta en este momento al reto trascendental de convertirse en una fuerza política de verdadera izquierda para poder influir decisivamente en las políticas de los gobiernos, o ser condenado a la irrelevancia de la que emerge, como un vampiro, un día al año. O, como en este momento, ser reducido a una decena de asociaciones creadas por o en el entorno del PSOE, que pedirán respetuosamente a sus jefes unas cuantas mejoras, que además no se llevan a cabo. Véase la abolición de la prostitución, la prohibición de los vientres de alquiler y la pornografía, ni aún se ha aprobado una ley contra la trata de personas con fines de explotación sexual, de la que llevan hablando una década.

Mientras tanto, millones de mujeres siguen viviendo en la miseria, la explotación, la desesperanza, y con ellas sus hijos, y sus mayores, y los discapacitados y los enfermos, y todas las personas que están sufriendo interminablemente la explotación del Capital y el Patriarcado, de los que el PSOE es cómplice consentido.