Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

Carta abierta a Pedro Sánchez por la exhumación de Franco

Me dirijo a V. no sólo porque es el máximo responsable del Gobierno de España sino también porque es el secretario general del Partido Socialista Obrero Español, que ha gobernado en nuestro país durante 25 años, en tres ocasiones, desde la muerte del dictador Francisco Franco; porque ha dirigido la operación de exhumación de los restos de este que se hallaban en el Valle de los Caídos, y sobre todo, porque después de dicha operación nos ha obsequiado con un discurso con el que, según usted, se ha zanjado la deuda que tenía la dictadura con la democracia y ahora ya nos hemos reconciliado todos: vencedores y vencidos.

Para usted, ciertas deudas se pagan muy baratas. Estamos en tiempos de rebajas ¿verdad? Desde que, después de tres años de Guerra Civil exterminadores y cuarenta de dictadura, que dejó exhausta a la población española, se aceptó la monarquía con aplausos por su talante democrático, se nos rindió al poder de la Iglesia, esa misma que manda en el Valle de los Caídos, y después nos pusieron al servicio y obediencia de la OTAN, la deuda con las víctimas de tanta insania sigue sin extinguirse. No hemos obtenido ni justicia ni reparación.

Ni siquiera Verdad. Porque, señor Sánchez, «no se ha puesto fin a un afrenta moral» como ha tenido V. el atrevimiento de afirmar en el discurso público que ha seguido a esa ceremonia indigna con que se ha trasladado los restos del dictador. Con ese infame paripé de exhumar el cadáver, mientras dentro permanecen los de 33.000 republicanos que no han recibido nunca el menor homenaje. Ni mucho menos se pondrá fin a las afrentas que hemos recibido mientras permanezca el monumento erigido al triunfo fascista en lo alto de Cuelga Muros.

No se nos ha compensado ni hecho justicia a los republicanos desde que una horda de militares fascistas interrumpió el democrático y avanzado proceso de progreso que había iniciado la II República, nos diezmó en una guerra de exterminio y nos hundió en el túnel de la dictadura, el periodo más largo nunca vivido antes en nuestro país de represión, crímenes, miseria, torturas y humillaciones, mientras los cadáveres se amontonan en las cunetas de las carreteras, en los muros de los cementerios, en todos los campos de España.  Sin que ninguno de los dirigentes del PSOE que han gobernado España en un cuarto de siglo, ni usted mismo, hayan pensado poner en marcha una verdadera operación de recuperación e identificación de los restos, para darles sepultura digna y ofrecerles los homenajes que se merecen.

Como dice Paloma Aguilar en El País del 25 de octubre, «A la conciencia democrática le resultan ofensivas muchas cosas consustanciales al Valle de los Caídos… Hasta el hecho de que muchos presos políticos fueran los encargados, en condiciones penosas y arrestando muchos peligros, de su construcción. Y conviene no pasar por alto, aunque la página web oficial si lo haga, que en el mosaico de la enorme bóveda de la basílica, junto a los santos y mártires, figuran las banderas carlista y falangista, un cañón, un hombre con camisa azul haciendo el saludo fascista (que muchos consideran que representa José Antonio) y varios militares con cascos uno de los cuales guarda un sospechoso parecido con Franco.… No hay espacio aquí para comentar todas las anomalías que siguen rodeando este monumento, como lo que dicen los religiosos en las misas que allí se celebran, de un sesgo ideológico  indisimulado;  el hecho de que la Comunidad de Madrid incentive desde hace muchos años sus visitas, ya que forma parte de la denominada Ruta Imperial; o que algunos de los guías oficiales reproduzca una visión benévola de la dictadura y elogian el carácter reconciliador del monumento; o que siempre haya habido flores frescas en las tumbas de franco y José Antonio, ubicadas además en el lugar más preeminente de la basílica».

Como tan acertadamente señaló Santos Julia, el Valle de los caídos difícilmente podrá llegar a encarnar la idea de reconciliación. Pero V. no está pensando en volar el monumento para eliminar de una vez por todas esa ignominia que constituye un perverso homenaje al fascismo, y que es el único de Europa que se mantiene en pie después de la Segunda Guerra Mundial, como hicieron las mujeres de París en 1789 cuando demolieron, piedra por piedra, la prisión de la Bastilla que era el símbolo de la crueldad del Ancienne Règime.  Por el contrario, al parecer V. y sus colaboradores se proponen convertirlo en lo que llaman “monumento a la concordia” para que se produzca de una vez la reconciliación entre todos los españoles.

Porque las víctimas de la insania y la persecución fascista no merecemos justicia y reparación, pero los verdugos sí se merecen reconciliación. Así es legal una Asociación llamada Francisco Franco, que recibe subvenciones públicas, que se permite realizar actos de exaltación del franquismo y que no tiene ningún impedimento para convocar concentraciones donde se cantan los himnos fascistas y se exhiben las banderas de la dictadura. Y ahí siguen los familiares del dictador disfrutando de la fortuna que nos han robado y negándose a cumplir los pequeños deberes que les impusieron, como esa ridícula condición de que el Pazo de Meirás se exhiba a los turistas un día a la semana.

Y ahí sigue mandando en el complejo arquitectónico  el Prior del Valle de los Caídos, presentando recursos y haciendo declaraciones públicas contra lo acordado por el gobierno de España, y celebrando misas y oficios, todo ello pagado por los ciudadanos, entre los que estamos también las víctimas.

No solamente fusilaron a nuestros abuelos y abuelas y padres y madres. No solamente asesinaron a los dirigentes sindicales, políticos, cívicos, a los maestros, a los intelectuales, a los profesores, a los científicos, a los obreros y campesinos y a las mujeres, que se opusieron al horror del fascismo. No solamente nos entregaron inermes a nuestros carceleros y torturadores. No solamente hundieron en la miseria, la ignorancia y la desesperanza a las clases trabajadoras y a las mujeres. No solamente impidieron el avance del país en todos los aspectos durante casi medio siglo, sino que después, en todo el periodo democrático transcurrido los mismos criminales que imperaron en la dictadura gobernaron la democracia, y sus hijos y herederos disfrutan de las fortunas expoliadas a miles de familias españolas republicanas y ocupan los puestos más importantes de las instituciones públicas.

Y hoy, en una ceremonia inaceptable, los restos del dictador han recibido el homenaje de las mesnadas franquistas, entre cantos y banderas fascistas, con la asistencia de la Ministra de Justicia,  que ha asistido impávida a esa ceremonia de exaltación de Franco con la atención mediática más espectacular desde que se informó de su muerte, 44 años después.

Cuando asistimos, expectantes, a la designación de tantas ministras, que se autoproclaman feministas, no podíamos suponer que iban a ser simplemente transmisoras de las órdenes de su jefe y complacientes con las más penosas decisiones de éste. La ministra de Justicia (¿) diciendo que «había asumido la jornada con mucho respeto y solemnidad». La de Educación (¿) declarando “que se ha tenido mucho respeto con la familia del dictador”. Al parecer el respeto únicamente se lo merece los fascistas.

No, señor Sánchez, «Hoy España no cumple consigo misma» ni esta ceremonia es tampoco fruto del perdón. Para las víctimas y sus descendientes no hay ni olvido ni perdón.

La mayor humillación, señor Sánchez, para aquellas personas que hemos sobrevivido, impensablemente, a los terribles acontecimientos del siglo XX, ha sido escucharle que a partir de ahora estaban cerradas las cuentas con la dictadura y que procedía la reconciliación. De tal manera, en lo que a mí me toca directamente, ¿tengo que reconciliarme con Billy el Niño? ¿Por qué? ¿Por qué usted ha ordenado el traslado del féretro de Franco a una tumba, propiedad de Patrimonio Nacional, con toda clase de honores? ¿Y los demás? ¿Los hijos y nietos y sobrinos y amigos y correligionarios de los republicanos asesinados, han de reconciliarse con sus asesinos? ¿Sin que se hayan realizado las exhumaciones de sus deudos y los homenajes que se les deben ni celebrado los juicios correspondientes ni reparado las deudas pendientes? ¿Y mientras, el Monumento del Valle de los Caídos nos recordará in sécula seculorum la tragedia de nuestra patria y el triunfo de los fascistas?

En un artículo inolvidable del pintor Tapies dedicado a Dalí, una frase memorable define el momento actual: “En España no hay nada más rentable que haber tenido un pasado fascista”.

¿Usted cree que las víctimas nos vamos a reconciliar con nuestros verdugos? ¿Ni con usted, que está permitiendo que se perpetúe esta infamia?