Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

El Ateneo de Madrid fascista

El Ateneo de Madrid ha albergado un acto de exaltación fascista. Allí, en el impresionante y cargado de símbolos y de historia salón de actos de la bicentenaria institución, el sábado 26 de octubre se dieron cita varias sectas falangistas para exaltar la figura del Caudillo, cantar los himnos franquistas, alzar el brazo con la mano extendida y afirmar que hay que derogar la Constitución por antiespañola. Y semejante espanto lo aprobó la Junta de Gobierno de la institución a la que tanto respeto teníamos.

En ese Ateneo se creó, hace doscientos años, un espacio de libertad en tiempos en que era tan escasa, para forjar proyectos de estudio (es el Ateneo Científico, Literario y Artístico) avance y progreso político, social, económico, cultural. Allí se habló, se discutió, se conspiró por salvar a España de la mugre monárquica y lograr la proclamación de las dos Repúblicas que asesinaron sangrientamente los fascistas. Allí crecieron las asociaciones republicanas, laicas, masónicas, anarquistas, feministas.

Desde 1820 el Ateneo vivió con su creación y asentamiento en la nueva sociedad liberal del primer tercio del siglo XIX, una trayectoria de institución de la sociedad civil: autónoma del Estado y fiel a sus postulados, con plena autoconfianza en la razón y la libertad como guías, así como en la realización de un programa de capacitación social y humana. El Ateneo fue capaz, sin edificio propio ni gran patrimonio material, de ensanchar el horizonte intelectual entre generaciones, con gran intercambio de ideas y experiencias diversas, para contraste y enriquecimiento cultural de la sociedad española.”, escribe Alejandro Díez Torres.

Lo fundaron, entre otros, el Duque de Rivas, Mesonero Romanos, Alcalá Galiano. Mariano José de Larra, Harzentbusch, Zorrilla, Bravo Murillo, Donoso Cortés, Mesonero Romanos, honraron y engrandecieron la institución y construyeron un espacio liberal de encuentro, de investigación, de enseñanza y de conocimiento. Crearon una biblioteca que hoy es la más dotada sobre la historia de España y que estuvo abierta para ofrecer un espacio de estudio, durante decenas de años, desde las 9 de la mañana a las 2 de la madrugada. En sus pupitres se ha estudiado y escrito durante interminables horas y días permitiendo que sus usuarios ganaran oposiciones, colaboraran en periódicos y revistas, publicaran libros. No hubo intelectual, político ni científico –Ramón y Cajal se formó en su biblioteca- que no fuera ateneísta. La historia intelectual, política y artística española no se entiende sin el Ateneo de Madrid.  De esa institución salieron 16 Presidentes del gobierno.

Allí dio la primera conferencia una mujer, Rosario de Acuña, mi tía abuela, genial dramaturga, atea, masona, que escribió: «Habiéndome separado de la religión católica por una larga serie de razonamientos derivados de múltiples estudios y observaciones, quiero que conste así, después de mi muerte, en la única forma posible de hacerlo constar, que es no consintiendo que mi cadáver sea entregado a la jurisdicción eclesiástica testificando de este modo, hasta después de muerta, lo que afirmé en vida con palabras y obras, que es mi desprecio completo y profundo del dogma infantil y sanguinario, cruel y ridículo, que sirve de mayor rémora para la racionalización de la especie humana«. Emilia Pardo Bazán con su amante Benito Pérez Galdós contribuyeron a elevar el nivel de la institución.

Ese Ateneo fue presidido por Manuel Azaña y por Carlos París.

No tengo espacio en este artículo para rememorar la historia del Ateneo de Madrid, sus personajes, sus estudios, sus logros, su enseñanza. Por ello, cuando los criminales franquistas se hicieron con el Madrid republicano Falange Española y de las JONS, entraron a sangre y fuego en el Ateneo, lo incautaron, se llevaron los archivos, que no se han recuperado, robaron las obras de arte, hasta arrancaron los frisos masónicos, persiguieron a sus socios, los denunciaron, los encarcelaron y los fusilaron,  y se instalaron en una farsa que llamaron Delegación de Educación, donde mandaron a su gusto hasta que nos vimos libres del dictador. Que no de sus secuaces, como hemos comprobado este infausto sábado en que los herederos del ideólogo de la Falange José Antonio Primo de Rivera celebraron el aniversario de la constitución de ese partido el 29 de octubre de 1933.

Y se dieron el gustazo de ofenderlo y a todos los que son y hemos sido ateneístas, con la exaltación de la barbarie y la ignorancia fascista. Y yo me pregunto, ¿qué Junta de Gobierno ha permitido semejante ofensa? Leo los nombres de los mandatarios de hoy  y es evidente que nunca había llegado a menos el Ateneo de Madrid. Y vuelvo a preguntarme, ¿qué clase de socios y socias los eligieron en vez de la candidatura de la Convergencia que creó Carlos París en 2002, y que durante los diez años de sus mandatos, dio pruebas de la brillantez de ideas,  de la innovación en la filosofía y del buen talante y de la tolerancia que rigió su presidencia?, tarea que sus discípulos y compañeros han proseguido después de su muerte.

También yo creé allí en 2002 la Plataforma Feminista del Ateneo, donde durante largos 14 años reuní a las más inteligentes y activas militantes feministas que organizaron la serie de encuentros, conferencias, jornadas, teatro y el homenaje que me rindieron en 2005. En sus salas celebramos debates sobre todos los temas de actualidad y reunimos a representantes de todos los partidos políticos, en un ejercicio inteligente de apertura y tolerancia.

Y vuelvo a preguntar, ¿qué quieren hacer del Ateneo sus ilustres socios y socias? La Vicepresidenta, Asunción Valero, que estuvo en nuestro grupo un tiempo, ha tenido ahora la vilantez de explicar que se alquiló el salón de actos a los grupos falangistas porque hay que “respetar la libertad de expresión” y que al fin y al cabo únicamente se les alquiló el salón, como si se tratara de un almacén que sirve lo mismo para guardar zapatos que lechugas.

Y pregunto nuevamente, después de este episodio, ¿Qué van a hacer los ateneístas que han trabajado duramente para mantener el nivel y el rigor de la calidad de la institución durante muchos años? ¿Qué determinación van a tomar ahora las juntas directivas de las numerosas secciones que trabajan allí, la tertulia republicana,  la agrupación Juan Negrín, literatura, política, lectura de poesía? ¿Se harán los desentendidos y seguirán reuniéndose como si no hubiese sucedido nada? ¿Y los miembros de la Junta que votaron que no a ese horrible despropósito, se sentarán nuevamente a la misma mesa con los que lo aprobaron, como si lo sucedido no tuviese importancia? ¿No dimitirán en bloque manifestando así que no quieren ser cómplices de semejante vergüenza, para que se tengan que convocar nuevas elecciones?

Ciertamente estamos en tiempos de involución cuando ni siquiera el Ateneo de Madrid se ha salvado de incluir en su mítico salón de Actos la exaltación de Franco y la defensa de los horrores del fascismo. Este episodio no solo quedará en la historia de la institución, y no sé cómo podrá redimirse de él, sino que temo que sea emblemático de los tiempos que nos esperan con la resurrección de la bestia fascista que ya empieza a ocupar los espacios más importantes: primero los escaños del Parlamento de Andalucía, después los del Congreso de los Diputados y ahora los del Ateneo de Madrid. ¡Qué dolor!