Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

El engaño de la Constitución

Hoy, que se conmemora el 41 aniversario de la Constitución de 1978 se han escuchado las declaraciones más falsas y aduladoras hacia la Constitución, de todos los tiempos, por parte de los comentaristas y políticos de la izquierda. Hemos oído al ínclito Nicolás Sartorius, antaño sindicalista, creador de CCOO, prisionero de la dictadura, dirigente del Partido Comunista de España, afirmar que esta Constitución es la mejor que hemos tenido en nuestra historia y que nos ha traído el más largo periodo de paz de todos los siglos. Ya sabemos que después de aquella militancia, que no sé si supo nunca lo que significaba, Sartorius pasó a ser de los escogidos del PSOE y encontró el acomodo de su vida. Otros más también lo hicieron. Y ninguno tiene el valor de aceptar  que  en aquel momento trascendental, cuando se moría Franco y la dictadura se iba liquidar por los poderes europeos y transnacionales, los dirigentes de izquierda  decidieron que no cabía más que la rendición incondicional.

Con la derrota de la República llegó también la derrota de la Transición. Si no nos obligaron a aceptar una Constitución peor fue porque nacía un Movimiento Feminista no pervertido todavía y aún quedaban los restos de un Movimiento Obrero que imponía miedo, y que tanto Sartorius como otros dirigentes se encargaron eficazmente de domesticar enseguida  con los perversos Pactos de la Moncloa del 27 de octubre de 1977. A partir de ese momento quedó en la irrelevancia la oposición de izquierda y anulada la reclamación de la República.

Resulta infame que se diga que la Constitución de 1978 es la mejor posible. Una Constitución que después de tres años de Guerra Civil y 40 de dictadura exterminadora para liquidar no sólo el régimen republicano legítimo sino también los partidos políticos, los movimientos sociales, la universidad, la ciencia, la investigación y el feminismo, acepta la Monarquía, es una Constitución ilegítima.

Ya se está sabiendo que cuando Adolfo Suárez investigó la aceptación que tenía la Monarquía en España únicamente resultó favorable a ella el 5% de los encuestados. Por ello no se convocó un referéndum sobre el tema y no se volvió a averiguar qué opinión tenía la ciudadanía. Únicamente la rendición del PSOE, del Partido Comunista y del Movimiento Sindical permitió que se aceptara la Monarquía sin más oposición que la que mostramos las organizaciones republicanas, acallado el pueblo por los dirigentes políticos de izquierda.

Es falso que en ese momento hubiese peligro de golpe de Estado. Ni el Capital ni el Ejército ni siquiera la Iglesia acunaba semejantes intenciones. No iban a poner en peligro la vida regalada de que estos poderes habían disfrutado durante cuatro décadas. El franquismo concedió una buena parte del sector industrial al Ejército, apoyó y financió a la patronal y le dio la casi exclusiva de la educación y de la ideología dominante, así como los medios de comunicación, a la Iglesia. Durante cuatro décadas todos los poderes vivaquearon en paz, disfrutando de prebendas, beneficios y enorme prestigio y protagonismo. ¿Y estos poderes iban a poner en peligro todo ello por el remoto éxito de una nueva contienda, con sus víctimas y pérdidas, que al final les proporcionara lo que ya tenían?

Las amenazas continuas con que el PCE asustaba a sus militantes y votantes eran un chantaje que aceptaron sus fieles y seguidistas militantes y creyeron los sectores asustadizos de la sociedad, todavía conmocionados por el genocidio de la Guerra Civil. Pero en la realidad lo que había era lo que fue: el contubernio entre la derecha, la patronal, la OTAN y el Mercado Común para situarnos en el centro de los intereses de EEUU. Y semejante plan, urdido mucho antes de la muerte del dictador, fue aceptado cobardemente por el PCE. (Ver mi última novela El Honor de Dios)

Que no nos mientan más los comentaristas, políticos y creadores de opinión de la izquierda, porque para mentir ya tenemos a la derecha. Ni había peligro de golpe de Estado ni la Monarquía era aceptable ni el Movimiento Obrero tenía que someterse a la patronal. Pero todo eso se hizo, con la dirección del Departamento de Estado de EEUU, el apoyo logístico del SPD alemán y la complicidad del PCE y CCOO. Y así están hoy ese partido y ese sindicato.

Si hacen falta más pruebas para demostrar la estrategia suicida que siguieron no hay más que comprobar el estado ruinoso del partido, el desprestigio del Sindicato y su mísera afiliación y todas las consecuencias que se han seguido: las reformas laborales que incluyen el permiso para despedir a los trabajadores enfermos y a las mujeres embarazadas, la Ley Mordaza, los desahucios, que se producen en cadena, de los trabajadores más pobres, un millón más de mujeres en paro que hombres, la brecha salarial femenina del 30%, un centenar de feminicidios anuales, la irrelevancia del feminismo en los órganos de poder,  una juventud tan mal preparada que hemos perdido puntos en matemáticas y lengua en este último informe PISA, la desindustrialización del país condenados a vivir del turismo,  y el celérico aumento de la desigualdad y la pobreza, mientras las clases dominantes: aristocracia y burguesía, son cada vez más ricas y disponen de todos los recursos del país. Mientras el complejo militar industrial hace su agosto con la fabricación y venta de armamento que tenemos la desvergüenza de venderle a Arabia Saudí.

De todo ello son autores los dirigentes de las multinacionales con la complicidad de la burguesía nacional y el beneplácito de la UE que sigue fielmente las consignas del Departamento de Estado de EEUU. Pero el arquitrabe que sostiene todo el edificio, el elemento de cohesión y de legitimación, que dispone de la mejor campaña de publicidad, es esta Monarquía que nos oprime desde hace 300 años y de la que tan trágica y tristemente ha intentado liberarse el pueblo español en tres y continuadas guerras en los siglos XIX y XX.

Así hemos llegado hasta estos tiempos tan confusos, mediocres, pusilánimes, chaqueteros y traidores, en que la izquierda atomizada en cien sectas, temblorosas, está pensando y conspirando únicamente para conseguir rendimiento de cada uno de sus pasos. Por eso es posible que Pablo Iglesias afirme que «Creo que la monarquía no está en crisis, y lo dice un republicano». Y también ha reconocido «que sentó bien en Cataluña, aunque no todos lo reconozcan, escuchar a Leonor, que aspira a ser jefa del Estado, hablando en perfecto catalán. Ya ves tú, no es para tanto. No creo que la hayan tenido que adoctrinar en una escuela catalana». Ni a más podía llegar esa señorita Leonor ni a menos la izquierda española.

Ya tenemos otra tendencia de izquierda monárquica. Un oxímoron que parece mentira que no les de vergüenza defender.

Lo más grave es que una parte de la ciudadanía española no sabe que esa estrecha alianza entre el Capital, la Iglesia y la Monarquía, dirigidas por la OTAN y los poderes que la constituyen, les cuesta la sanidad, la educación, la asistencia social, la vivienda, la electricidad, los transportes, la seguridad, la justicia y hasta la supervivencia como comprueban tan trágicamente cada día las víctimas de la violencia machista.