Opinion · Lo queremos todo

Convirtamos la solidaridad en un instrumento de cambio

Alba García, candidata de Podem Girona y Teresa Rodríguez

Salt es un municipio pegado a Girona que goza de una rica realidad multicultural, con 77 nacionalidades conviviendo en un espacio de 6,6 km cuadrados y una población de poco más de 30.000 habitantes. Tiene fuentes sin agua y muchos niños en las calzadas, si cruzas una calle puedes estar en Girona pero parece distar un abismo entre ambas. Con un índice de inmigración que supera el 40% y una situación de emergencia social donde la crisis económica se ensaña de nuevo con los que menos tienen, los vecinos y vecinas de Salt son de los más golpeados por el desempleo y la pobreza en los pueblos de Catalunya. “A 200 metros, cruzando a Girona, las fuentes tienen agua” nos contaban algunos de los vecinos y vecinas de las asociaciones de migrantes con las que nos reunimos la semana pasada en el local de la Asociación Multicultural de Inmigrantes en Catalunya, en Salt.

Mientras observamos sobrecogidas la crisis humanitaria y la ineficiencia y falta de voluntad política de las instituciones europeas, poblaciones como Salt siguen siendo reflejo del trato desigual, la intolerancia y la xenofobia institucional que practicamos dentro de nuestras fronteras. Muchas voces críticas están poniendo el énfasis en el derecho legal y legítimo al asilo de quienes huyen del terror y las bombas, por supuesto pero, ¿qué ocurre con quienes huyen de horrores como la miseria, el hambre y la escasez de recursos? ¿Cómo abrimos nuestras puertas e integramos a esas personas que luchan diariamente por hacerse un hueco en un país desconocido?

Son igual de legítimas las ansias de dignidad de aquellos que huyen de las guerras económicas que el capital despliega a diario por el planeta y las voces de los vecinos y vecinas de Salt que reclaman ya desde nuestros barrios el derecho a una ciudadanía plena, a tener hogar, un trabajo digno, una sanidad y educación públicas y de calidad, derecho a sufragio directo e indirecto. Con voluntad política del 10 al 15% de la población migrante que no puede votar en Cataluña, según estas asociaciones, este 27S podría hacerlo.

Nosotras aspiramos a construir una Catalunya, una Andalucía, una Europa, en la que los Derechos Humanos y la solidaridad internacional sean los principios rectores, no una asignatura pendiente. Porque a Europa le sangran las fronteras no desde hace meses, sino desde hace años, aunque se nos presente  como un fenómeno climatológico en el que la Unión Europea se limita a ser un actor pasivo desbordado ante uno de los mayores movimientos de refugiados de las últimas décadas. Hace tiempo ya que millones de sirios y sirias sufren tal situación de violencia y de indefensión que tienen que huir de sus casas en circunstancias difíciles de imaginar, pero que pueden parecerse en muchos aspectos al éxodo hacia Francia ante la entrada de las tropas franquistas en Catalunya al final de la Guerra Civil.

A pesar de la responsabilidad de muchos países que integramos la Unión Europea en la guerra civil multilateral que asola la población siria, nos negamos a responsabilizarnos de sus consecuencias. Y hacemos todo lo posible para evitar que lleguen las víctimas.

Europa reconoce el derecho de asilo y refugio, pero erige todos los obstáculos para que lo pueda ejercer efectivamente sólo una pequeña porción de la gente que lo necesita. No se admiten solicitudes a embajadas o consulados (una medida relativamente fácil de aplicar y que eliminaría de golpe muchos de los riesgos) y se cierran las entradas legales a los territorios. Como expresó el primer ministro británico, que había ofrecido recibir la cifra ridícula de 20 mil sirios en cinco años, con tanta claridad como cinismo: «Es importante ayudar a mantener a la gente cerca de sus casas, darles ropa, comida y alojarlos. Que no tengan que hacer el peligroso viaje a través de los mares que ha supuesto una pérdida de vidas tan espantosa”.

Ahora, casi 10 días después de la ‘reunión de emergencia’ (emergencia tardía) de los ministros del interior de la UE, ya hay sobre la mesa un acuerdo de reparto de los refugiados que sigue una lógica malsana en Europa: salvar urgentemente bancos, pero no personas. Es obvio que Italia y Grecia tienen grandes dificultades para atender adecuadamente a todos los refugiados que consiguen entrar, pero son algunos de los países del centro y este de Europa los que ponen más obstáculos.

Rajoy ha tenido una actitud más bien mezquina, en consonancia por cierto, con todos los gobiernos españoles anteriores en materia de asilo y migración. Si finalmente se ha rectificado un poco ha sido gracias a la iniciativa de los nuevos ayuntamientos liderados por la gente, como Barcelona, Cádiz, Zaragoza, Badalona o Madrid. Estos espacios conquistados, junto a la presión de la reacción de indignación y movilización de gran parte de la población, han conseguido dar un vuelco a las iniciativas del gobierno y convertir nuestra tierra en un lugar de acogida y asilo.

La solidaridad no entiende de dinero ni de números, sino de personas y valores. No son admisibles ni los tiempos ni las cuentas que tanto las élites europeas como el gobierno español llevan haciendo desde hace años en esta materia. No se trata de caridad, sino de derechos y de solidaridad, de reconocernos como iguales y asumir las consecuencias que suponen las políticas europeas en otros países. Una buena base para empezar a cambiar las cosas y construir un mundo, una Catalunya y una Andalucía, más orientadas a satisfacer las necesidades reales de las personas que a aumentar los beneficios egoístas de unos pocos, es entender la solidaridad como instrumento de cambio. Los espacios multiculturales como Salt son espacios de riqueza, sepamos cuidarla y hacer uso de ella.