Interiores

El amigo de Erdogan

Las revueltas árabes revalorizan la "ocurrencia" de la Alianza de Civilizaciones.

La corriente de democratización que recorre el mundo árabe ha venido a revalorizar la Alianza de Civilizaciones, aquella denostada "ocurrencia" que tuvo José Luis Rodríguez Zapatero en septiembre de 2004 y que goza del copadrinazgo del turco Recep Tayyip Erdogan.

Gracias a que, contra denuestos y mofas, ha mantenido esa idea, cuyo fundamento último es la convicción de que la democracia es posible para todos, Zapatero es percibido hoy en el mundo árabe como "el amigo de Erdogan". Y esto ocurre justo cuando Turquía aparece como el espejo en que mirarse para los nuevos regímenes que están surgiendo del "corazón del pueblo", pues tal es el origen de las revueltas, según pudo constatar el presidente sobre el terreno.
Zapatero ha puesto esta semana una pica en Túnez para el futuro de la influencia internacional de España y de Europa, aunque quienes han decidido echar el resto a su linchamiento político han vuelto a demostrar que están decididos a no reconocerle nada. Ni siquiera aquello que aplaude un diario tan poco sospechoso de simpatías izquierdistas como el francés Le Monde: "Hay que darle las gracias a Zapatero, en nombre de Europa".

Haciendo honor al hecho de que España es la frontera física y espiritual con el Norte de África, ha tomado la delantera a sus colegas y ha llenado el vacío de la Unión Europea en el Magreb y el Golfo. Y, sobre todo, lo ha hecho con una actitud en la que ha sabido conjugar el apoyo a los procesos de cambio con la no injerencia, sintonizando así con el sentimiento del pueblo árabe, que espera "acompañamiento" pero ya no acepta comportamientos neocoloniales.

Democracia y economía

A Zapatero se le ha criticado por mezclar la visita a dos autocracias, como son Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, con el viaje a Túnez, donde comenzó lo que puede ser el arranque de una nueva era. En los dos primeros países recaudó cerca de 5.000 millones de euros para ayudar a recapitalizar las cajas de ahorro, el agujero del sistema financiero, y afianzar la internacionalización de las empresas españolas, sin las cuales no parece que la recuperación económica vaya a ser posible.

Pero las visitas no sólo sirvieron para hacer caja en beneficio de los intereses económicos de España. De hecho, los acuerdos anunciados ya estaban precocinados. En todas las conversaciones salió a relucir la Alianza de Civilizaciones y lo que representa: diálogo, tolerancia y trato en igualdad de condiciones. Y en todas sus actividades, públicas y privadas, habló Zapatero de reformas y pluralismo. Incluso marcó algún hito, aunque pasara desapercibido entre la lluvia de millones.

Así, por primera vez, Emiratos Árabes aceptó suscribir una declaración conjunta en la que figura la palabra "democracia". Su punto octavo, dice: "Los gobiernos de la UEA y España siguen de cerca los sucesos que están teniendo lugar en la región de Oriente Próximo y consideran que la vía hacia la democracia, el desarrollo económico y la justicia social se merece respeto y apoyo, sin comprometer el principio de la no injerencia".

Zapatero también habló de reformas en su comparecencia con el primer ministro de Qatar, Hamad bin Jaber Al Thani, en la que situó como primer punto de su agenda de trabajo "la evolución política de los países árabes" y, como segundo, "la economía y las inversiones". Aunque está muy lejos de ser democrático con los patrones occidentales, Qatar ha iniciado reformas aperturistas que favorecen la incorporación de la mujer al mundo laboral y es la cuna de Al Jazira, la cadena de televisión que ha sido una herramienta decisiva para sembrar el clima social que está impulsando los cambios democráticos.

Ha sido el de Zapatero, por tanto, un comportamiento coherente con la guía de actuación en política exterior que estableció en su discurso del Museo del Prado, en junio de 2008: hacer compatibles la promoción de la democracia y la captación de inversiones.

Pero el presidente del Gobierno se trajo también algunas enseñanzas. En todas sus reuniones, en mayor o menor medida, recibió el mismo consejo: Europa debe actuar con la máxima prudencia porque tiene sobradas razones para sentirse avergonzada. Como escuchó en los Emiratos Árabes Unidos, Occidente debe tener cuidado en "cabalgar una ola cuyo alcance y dirección desconoce", porque –según le insistieron– no es lo mismo la tiranía de Gadafi en Libia que la monarquía hereditaria de Bahrein. Y, como le advirtieron los representantes de la sociedad civil y los líderes políticos con los que se reunió en Túnez, Europa y EEUU tendrán que purgar sus culpas por 23 años de apoyo al dictador Ben Alí y a otros sátrapas.

Oportunidad histórica

Pero la oportunidad puede ser única si se sabe aprovechar. "Con su visita, Túnez se reconcilia con la Europa de los valores y de la democracia", le dijo a Zapatero al presidente del Foro Democrático tunecino, Mustapha Ben Jaafar.
La visita a Túnez, donde España carece de intereses económicos, no sólo tenía por objeto dar un apoyo a las reformas democratizadoras en este país, sino también proyectar un mensaje a todo el mundo árabe y a la comunidad internacional. El presidente ya ha hecho saber a Bruselas su propósito de compartir sus conclusiones en la reunión extraordinaria que el Consejo Europeo celebrará el viernes para abordar la crisis de Libia. En la situación actual, para afianzar la predisposición al encuentro expresada por el tunecino Ben Jaafar, no estaría de más que se desbloquearan las negociaciones para la adhesión de Turquía a la Unión Europea.

En Turquía era donde Zapatero tenía previsto poner el broche a su minigira. No fue posible por problemas de agenda, pero mantiene un contacto frecuente con su amigo Erdogan, primer ministro del país que representa la bisagra entre Oriente y Occidente, y el único que conserva la capacidad de interlocución con Irán, la gran amenaza oculta.