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Rubalcaba ‘versus’ Alfredo P.

Así como cada ola del mar borra de la arena toda huella cuando se retira para dar paso a la siguiente, cada nuevo episodio de esta crisis civilizatoria –económica y política, pero también social y cultural– entierra el rastro del anterior, provocando la desmemoria colectiva y sumiendo a protagonistas y espectadores en un estado de angustia permanente que arrastra a decisiones compulsivas, con validez equivalente al intervalo de tiempo que media entre cada ola y la que le sucede. Y el PSOE, que presume de ser el partido que más se parece a España y con mayor capacidad de adaptación a las nuevas realidades –133 años de historia–, es un fiel espejo de esta era en la que todo cuanto ocurre se difunde en tiempo real, tan real que a veces hasta trasciende antes de que el pensamiento se haya decantado en una decisión, para mayor confusión de todos.

"Íbamos a morir", confiesa un relevante dirigente al evocar el estado de ánimo con el que los socialistas acudieron el martes al Debate de la Nación. A morir, previo entierro de José Luis Rodríguez Zapatero. Y no sólo no hubo entierro, aunque hubiera despedida, sino que el PSOE demostró que sigue en la carrera, si bien ambas circunstancias inducirían al equívoco si se interpretan como valores duraderos. Ganaron el debate en la tribuna y en las votaciones, lo que da resuello al Gobierno, pero no en las encuestas ni en la calle, donde sigue ganando el desencanto con los políticos.

Un cesto de cerezas

Acreditada por enésima vez la incapacidad empática de Mariano Rajoy, y también la capacidad del PSOE para articular acuerdos aun en sus trances más difíciles, el resultado parlamentario del debate ha venido a reforzar la posición del presidente del Gobierno a favor de apurar al máximo la legislatura. Y con Zapatero instalado en un berroqueño "hay que hacer lo que hay que hacer" frente a las presiones internas para que adelante las elecciones a noviembre en presunto beneficio del PSOE, se han desatado los nervios de quienes, alentados por el éxito que tuvieron con el presidente para forzarle a corregir su hoja de ruta en la sucesión, pretenden ahora dictar a Rubalcaba el calendario a seguir por Alfredo P. "Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros", que decía Pío Cabanillas en tiempos de la Transición. O "Cuídame de mis amigos, que de mis enemigos me cuido yo", que recomienda el refranero popular de siempre.

Hasta CiU, que ya no oculta su cortejo con el PP, reconoce abiertamente su temor a que un adelanto electoral propicie la mayoría absoluta para Rajoy, el mismo temor que prolonga el apoyo del PNV a Zapatero, cuyo temor es que la parálisis electoral excite a los carroñeros del dinero que aún acechan a España. Una mayoría absoluta del PP podría ser el efecto de arrastre del tsunami del 22-M, pero también hay quien opina que sería el contrario: la movilización de un electorado de izquierdas "asustado" por la dimensión del castigo infligido al PSOE y sus posibles consecuencias.

Como ocurre con las cerezas, que cuando se tira de una sale una ristra, discernir cuál de los dos pronósticos es el acertado es determinante para atinar con la fecha de las elecciones que más conviene al PSOE, lo que a su vez es determinante para atinar con el momento idóneo en el que Rubalcaba debe retirarse del proscenio para ceder todo el protagonismo a Alfredo P. En el cesto están también las repercusiones de la intervención económica de Grecia, los resultados de la recapitalización de las cajas de ahorros, el juicio de los mercados a las reformas aún pendientes de aprobación definitiva por el Parlamento, las opciones de aprobar los Presupuestos para 2012 y unas cuantas cosas más que en su mayoría no dependen de la voluntad exclusiva del Gobierno.

Rubalcaba concede mucha importancia a su presencia en el Gobierno para el futuro de Alfredo P. Pero, sin necesidad de que nadie de los suyos fuera dándole cuartos al pregonero, sabe también que antes de las elecciones tendrá que poner fin a la otra bicefalia del PSOE, la suya propia, y que el tiempo de la decisión se aproxima inexorable.

Para la renuncia a sus cargos en el Gobierno, el vicepresidente, portavoz y ministro del Interior tiene sobre la mesa un calendario con tres fechas marcadas en rojo, aunque sólo las dos primeras parecen contar ahora, y por este orden: en este mes, tras su proclamación definitiva como candidato, que se producirá el sábado; en septiembre, cuando se celebrará la Conferencia Política que se prepara como su gran plataforma de lanzamiento; y en enero, apurando hasta la convocatoria electoral si Zapatero resiste hasta marzo.

La política del ‘diferencial’

La semana, que empezó con las apuestas a favor de julio, ha concluido con un cambio de tendencia favorable a septiembre, movimiento que se ha producido en paralelo al afianzamiento de las opciones de agotar la legislatura. Pero es muy probable que la nueva semana traiga otro giro porque a cada argumento se opone otro y la política reproduce la dinámica de montaña rusa del diferencial de los bonos del Estado.

La tesis de que Alfredo P. necesita tiempo para tomar distancias con Rubalcaba y afianzar su perfil de candidato presidencial es una de las que más peso está teniendo en los análisis internos, sobre todo porque confluye con la opinión de quienes le han aconsejado que dedique agosto a preparar la Conferencia Política para exprimir su potencialidad y evitar el fiasco de que acabe reducida a una reunión de cuadros con discurso del líder. Pero el día en que salga del Gobierno pasará a ser sólo un aspirante que convoca ruedas de prensa en la sede del PSOE. Y así, suma y sigue.

Hasta la fecha no ha habido una puesta en común del equipo de Alfredo P. y, en consecuencia, su Comité Electoral trabaja con un cronograma que llega hasta marzo de 2012. Aunque químico de formación, algo sabe también el candidato de Física. Lo suficiente para tener presente que lo malo de guiarse por las teorías del instante es que el instante es tan volátil como el líquido que se transforma de manera espontánea en vapor.