Interiores

La herencia de ZP y el desafío de R

Para elevar un santuario nuevo, hay que derribar un santuario, tal es la ley", escribió Nietzsche. Y tal es la tensión que subyace en la transición por tiempos que vive el PSOE, que tuvo su punto de partida en el momento en que José Luis Rodríguez Zapatero anunció su renuncia al liderazgo, pero no habrá culminado hasta que los socialistas elijan a un nuevo secretario general –el cargo que lleva aparejado el auténtico bastón de mando en el PSOE–, un relevo cuya identidad dependerá en gran medida del resultado de las próximas elecciones generales.

Mientras que Zapatero intenta retener los cargos de presidente del Gobierno y secretario general del partido hasta el final de los correspondientes mandatos para los que fue elegido en 2008, Alfredo Pérez Rubalcaba se enfundó ayer el mono de sucesor y, para poder embutirse sin romper las costuras, ha tenido que quitarse el traje de ministro antes de lo que hubiera querido.

A la tensión connatural al intercambio de papeles entre quienes han sido el número uno y el número dos del poder socialista, se añade una versión inédita del tradicional problema freudiano de matar al padre castrador como forma de trascender al progenitor, pues en este caso es el padre el que ha de matar al hijo, y sometidos ambos a la vigilancia del abuelo: Felipe González, el auténtico Don de la familia socialista.

El puente Gobierno-PSOE

La prioridad de los pocos fieles que aún le quedan a Zapatero es preservar su mejor y más indiscutible legado, que es el de la primera legislatura: la extensión de los derechos sociales y de las libertades individuales. Por algo el PP tiene recurridas ante el Tribunal Constitucional dos de las leyes que simbolizan aquella etapa, la de reforma de la despenalización del aborto y la del matrimonio entre personas del mismo sexo, que puso fin a una de las más lacerantes injusticias de la historia de la Humanidad, que en España duró la friolera de 2005 años. Y por algo, a la espera de que ambas sentencias lleguen antes que las próximas elecciones generales, continúa bloqueada la renovación del Alto Tribunal.

La defensa de ese legado se ve entorpecida por la actitud de Zapatero, quien hace tiempo que ya no habla de derechos y libertades. Aunque sostenga que no ha habido "dos Zapateros", sino "dos circunstancias", el presidente está convencido de que su auténtico legado es haber "salvado a España" de la bancarrota económica con la política que, precisamente, ha hecho el gran roto al PSOE. Y, sin que pueda decirse aún que el país está a salvo de los depredadores del dinero, algunos estudios internos sitúan las expectativas electorales del PSOE en una horquilla tan amplia como demoledora: entre 145 diputados (24 de los escaños actuales en el alero de 19 provincias), en el escenario más favorable, y hasta por debajo de 100, según los cálculos más pesimistas.

Superar la discordancia de expectativas, la que media entre el discurso y la práctica, es el mayor desafío de Rubalcaba en la carrera que ahora emprende para ser él mismo. Siendo el candidato un eslabón natural entre las mejoras del Estado de bienestar que pilotó Felipe González y las que impulsó José Luis Rodríguez Zapatero, su discurso social goza del aval de ser el ADN del PSOE.

Pero quienes se han apresurado a establecer que el fracaso de Zapatero en su segundo mandato constituye el fracaso de una generación, olvidan que al llevarse por delante a gobernantes de todas las ideologías y países, la crisis tampoco ha reparado en edades. Es cierto que el presidente encarnó la generación del baby-boom de los sesenta, que se instaló en la felicidad y llegó a creer que, por mal que fueran las cosas, siempre irían a mejor y que cualquier crisis no pasaría de ser un accidente de recorrido. Pero también lo es que ninguno de los dos únicos ministros de Economía que ha tenido Zapatero, Pedro Solbes y Elena Salgado, son precisamente de esa generación, sino más bien de la de Alfredo, como también quienes han sido sus dos únicos portavoces, María Teresa Fernández de la Vega y el propio Rubalcaba.

Una política inteligente y cooperativa entre el líder que se va y el que viene debería llevar a intentar agotar la legislatura, pero no de cualquier modo ni para cualquier cosa, sino como una oportunidad para tender puentes hacia la recuperación del crédito electoral del PSOE, coordinando las grandes apuestas electorales de Rubalcaba con medidas concretas del Gobierno que desbrocen el camino y proporcionen un mínimo de certeza en que, realmente, se está en un tiempo nuevo de la crisis, que permite ya una mejor redistribución de sus costes. Sólo así, prolongar la agonía del Gobierno contribuiría a superar el divorcio del PSOE con su electorado natural y el de los ciudadanos con los políticos en general.

Rebeldía y memoria

El discurso de ayer del candidato, que puso en el frontispicio de su proyecto el reconocimiento del malestar social que cristalizó en el Movimiento M-15, minusvalorado por la dirección socialista durante la campaña del 22 de mayo, confirma que canalizar institucionalmente esa rebeldía es una de las prioridades de Rubalcaba para atajar la sangría electoral del PSOE.

"¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero si niega, no renuncia", explicaba Albert Camus (El hombre rebelde, Alianza Editorial). Ahí reside la oportunidad de Rubalcaba, en dar motivos para no renunciar a votar PSOE.

La tendencia en la Unión Europea no sólo es de fuerte retroceso de la socialdemocracia, como pone de relieve el dato de que ya sólo cinco de sus 27 estados tienen un jefe de Gobierno progresista –España, Grecia, Eslovenia, Chipre y Austria–. La tendencia es hacia un severo recorte de la hegemonía bipartidista de los dos partidos tradicionales, con un fuerte auge de ecologistas y populistas –de izquierda y derecha–.

Añadía Camus: "El pensamiento en rebeldía no puede prescindir de la memoria: es una tensión perpetua". Enhebrar rebeldía y memoria es un reto propio de alquimistas, pero no en vano la alquimia fue precursora de la química, disciplina en la que Alfredo Pérez Rubalcaba se doctoró con premio extraordinario. Este es el margen de crédito del candidato del PSOE ante el duelo entre vicepresidentes que ya está en cartel.