Cinco crisis para un presidente

La eficacia es la virtud mejor acreditada en el historial político de Alfredo Pérez Rubalcaba

Los siete bíblicos -o cabalísticos- pecados capitales de José Luis Rodríguez Zapatero, recitados el miércoles por Mariano Rajoy como la principal enseñanza extraída de su largo septenio entregado al disfrute de la privilegiada posición de diletante observador, encuentran su contrapunto en las cinco crisis a las que habrá de enfrentarse quien se convierta en presidente del Gobierno tras las elecciones generales del 20 de noviembre.

Así como los diez mandamientos cristianos se resumen en dos (“Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”), los siete pecados imputados a Zapatero vendrían a resumirse en uno (“No engañarás”). Pero, por el contrario, la crisis se desdobla en cinco, el número que está considerado como símbolo de cambio, que no necesariamente es sinónimo de mejora.

Si el PP gana el 20-N, Rajoy empezará su mandato presidencial infringiendo el séptimo de sus mandamientos de buen Gobierno -“No gobernar por decreto ley”-, pues este será el procedimiento al que recurra para aprobar una inmediata vuelta de tuerca al ajuste económico. Seguirá con el tercero -“No generar falsas expectativas”- porque, lo quiera o no, las expectativas ya están creadas y difícilmente colmará la que tienen de encontrar empleo cada uno de los casi cinco millones de parados, alentada por la irresponsabilidad de Esteban González Pons cuando dijo aquello de que su partido “aspira” a crear 3,5 millones de empleos. El juicio sobre el cumplimiento del segundo, cuarto y sexto dependerá de quién lo emita, pues su propio enunciado remite más al espíritu que a la letra: “No gobernar con ocurrencias”, “Hacer previsiones razonables” y “Hacer reformas”. Para cumplir el quinto -“No gastar lo que no se tiene”-, no tendrá que esforzarse mucho porque apenas queda algo que rascar en el calcetín. De todo lo cual se colige que, en boca de Rajoy, resulta dudosa la sinceridad del mandamiento enunciado en primer lugar

-“No engañar”-, pues según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua “engañar” tiene entre sus acepciones la de “inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas”.

Aunque no hubiera fingimiento alguno y sí sincero propósito de enmienda de los errores ajenos, cabe preguntarse si los siete mandamientos de Rajoy bastarán para derrotar a las cinco crisis que asuelan Occidente. Cinco, aunque Angela Merkel, la madrastra de Europa, haya conseguido imponer en la Unión Europea el pensamiento único de que sólo existe la crisis del déficit público.

Las cinco crisis

1. La crisis fiscal. Creyó la socialdemocracia que la economía ya había dejado de marcar la frontera ideológica entre la izquierda y la derecha, y proclamó Zapatero aquello de “bajar impuestos es de izquierdas”. En esto llegó la crisis y puso blanco sobre negro que los servicios públicos sólo pueden mantenerse con impuestos acordes al nivel de bienestar que se pretende disfrutar como un bien colectivo, para cuyo sustento la aportación de las rentas del capital no puede ser menor que la de las rentas del trabajo.

2. La crisis financiera. Es el fruto podrido de la suplantación de los emprendedores por los gánsteres de cuello blanco, que han campado a su antojo en un casino sin fronteras y sin reglas, dando rienda suelta a su codicia al tiempo que alentaban la ajena en su propio beneficio.

3. La crisis institucional. En Europa es la consecuencia de la falta de liderazgo político, pero en España es también el resultado de una meditada estrategia populista de la derecha para desacreditar el Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo, el Tribunal de Cuentas, RTVE, la Justicia, la Policía o cuanto no se pliegue a sus intereses partidistas.

4. La crisis de la economía real. Es la de los cinco millones de parados y la de quienes no encuentran capital para desarrollar sus ideas, la que hace imprescindible pasar de la economía del ladrillo a la del conocimiento y necesario establecer una ley de hierro que imponga a los beneficios al menos la misma contención que sistemáticamente se reclama en los salarios.

5. La crisis social. Es la crisis de valores que está en el origen más profundo del desconcierto contemporáneo y es, a la vez, su primera consecuencia. Es la peste que unas veces conduce a la guerra y otras, al Renacimiento.

La campaña y la elección

Para cabalgar este monstruo de cinco cabezas, en España se postulan como los mejores jinetes Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy. El candidato de la derecha parte con la ventaja de saber que es consustancial a la condición humana la necesidad de poner nombre y cara a la causa de sus males. El nombre es Zapatero y la cara, el PSOE. El gran mérito de Rajoy no es otro que estar en el lugar a   decuado en el momento oportuno.

En contra de lo que afirma la doctrina oficial del Comité Electoral del PSOE para mantener la moral de combate, sí hay un importante trasvase de votos hacia el PP. Más aún. No es que lo esté habiendo, es que ya lo ha habido. Esa tendencia ha sido constante a lo largo de toda la legislatura y se concentra en el llamado “voto de centro”, el que, según los expertos electorales, sigue inclinando en España el fiel de la balanza hacia el PP o hacia el PSOE. Es un voto ya irrecuperable porque se fundamenta en la convicción de que la alternancia es imprescindible o en la esperanza de que la derecha gestione mejor la crisis de lo que lo han hecho los socialistas. Se trata de un electorado al que, en estos momentos, le resulta irrelevante -y hasta poco creíble- el intento de Rubalcaba de presentarse como el regenerador de la socialdemocracia.

El mayor atractivo electoral del candidato socialista reside en su virtud política mejor acreditada y, hasta ahora: la eficacia. Puede hacer gala de una densa y solvente trayectoria bajo ese epígrafe: ETA al borde de la desaparición -aunque no se habría llegado a esta situación sin el empeño personal que puso Zapatero en impulsar el fallido proceso de paz-, las muertes en carretera en un récord de mínimos, la tasa de criminalidad rebajada, la inmigración ilegal contenida… Hechos que trascienden el mito de que la derecha gobierna mejor las crisis.