En los pliegues del tiempo

La socialdemocracia se quedó atrapada entre la caída del muro del Berlín y la de Lehman Brothers

Entre la caída del muro de Berlín (1989) y la caída de Lehman Brothers(2008) los socialdemócratas se han quedado atrapados en los pliegues del tiempo, con sus dirigentes repitiendo con humano empecinamiento los mismos errores políticos que en ambos momentos de crisis global han situado a los partidos de esta ideología al borde de la irrelevancia, un abismo al que se han acercado de forma paradójica cuando más necesarios son para más gente los valores de la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Los principales errores que -más allá de variables imprevisibles como la crisis financiera- han conducido al PSOE a su hundimiento electoral, podrían resumirse en el siguiente cuadro: en primer lugar, el distanciamiento, y en algunos casos enfrentamiento, con los sindicatos, especialmente con la UGT. El segundo error, conectado con el anterior, fue iniciar, de manera no consensuada ni suficientemente debatida, una inflexión en las políticas sociales y económicas. En tercer lugar, un liderazgo que se acabó decantando hacia posiciones más de derechas (o moderadas) e incluso tecnócratas. El cuarto error fue la excesiva personalización del poder interno en el PSOE.

El cuadro expuesto es una síntesis del análisis realizado por José Félix Tezanos, director de la Fundación Sistema, pero no está referido a la primera década del nuevo milenio, la que abarca el periodo marcado por el liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero, sino al estudio de «los principales errores políticos» que contribuyeron al hundimiento electoral «de una fuerza política tan formidable, y aparentemente tan bien encarrilada, como era el PSOE de los años ochenta del siglo pasado» (Temas para el debate, octubre 2010). A los cuatro factores enunciados por Tezanos cabría añadir, ahora como entonces, la falta de relato, consecuencia de haber dejado para mañana la narración del hoy, lo que equivale al suicidio político en unos tiempos en los que primero se dispara y después se pregunta.

Por todo ello, quizás resulte especialmente oportuno, ahora que la vieja guardia dirigente parece de nuevo entregada a la tentación de orientar por penúltima vez el devenir del PSOE, rescatar un extracto de la «Carta escrita al Comité Federal (primera y última)» por Felipe González en marzo de 2000, tras el batacazo sufrido por la candidatura que encabezó Joaquín Almunia, bajo el título Renovarse o perecer:

«En lo que se refiere a la condición humana no hay casi nada nuevo bajo el sol. Las discusiones sobre renovación o tradición, sobre ideas o sobre modelos de organización, se confunden en un marasmo de intereses personales más o menos pequeños y respetables. El sentido común se pierde junto con la sensibilidad ante el estado de ánimo de los demás, sean militantes, simpatizantes, votantes o abstencionistas. El grupo humano pierde autonomía de análisis y de oferta, sin salir, por ello, del autismo en que se ha introducido en relación con la sociedad.

No parece discutible que haya que renovarse, ni en el terreno personal (la naturaleza se encarga de ello, si se aferra la gente a permanecer), ni en el dominio de las ideas, de las propuestas (la realidad deja atrás las que pierden relevancia para los ciudadanos). Por tanto, la renovación es una necesidad permanente, que en algunos momentos se hace crítica.

(…) La renovación consiste en dar respuesta de progreso a los nuevos desafíos, con políticas incluyentes del mayor número de gentes de cada sociedad y del mayor número de pueblos en el mundo».

El cambio de liderazgo

Está demostrado, como así pudo verificarse en las elecciones generales del 20-N, que los cambios de caras, cuando no van acompañados de cambio de políticas, son evanescentes. Pero sería engañarse adrede esperar que el 38 Congreso del PSOE, que se celebrará en cuestión de semanas, vaya a ser el de la refundación de la socialdemocracia. Una auténtica reformulación ideológica exige de un debate a fondo y el PSOE no dispone de mucho tiempo para elegir a un nuevo líder, so pena de emprender la travesía del desierto cual pollo descabezado, la situación más temida por cualquier organización. Así pues, en febrero elegirá a un nuevo líder, cuya misión prioritaria habrá de ser impulsar la refundación o la reformulación del socialismo democrático, activar la tecla ReiniciarPSOE.

Tan equivocado es sobrevalorar la importancia del líder como subestimarla. Como señala Guillem Rico, doctor en Ciencia Política, «las imágenes de los líderes encierran un contenido políticamente sustantivo, y por lo tanto su influencia a menudo adquiere un significado político» (Líderes políticos y opinión pública. CIS 270).

Hasta ahora, el proceso de cambio en el liderazgo del socialismo español se caracteriza por la guerra de nervios, con los aspirantes mirándose de reojo -y con recelo- hasta cuando, como en esta semana, han aprovechado el largo puente para evadirse de la presión.

Alfredo Pérez Rubalcaba transmite unos días la impresión de estar decidido a ir a por todas y otros la de querer apartarse, lo que da pie a que algunos de los que inicialmente apostaban por él sugieran que lo más conveniente para los intereses que representa sería que dejase paso a la tercera vía, sea Ramón Jáuregui, Eduardo Madina o cualquier otro nombre. Los partidarios de esta maniobra opinan que con ese paso atrás privaría automáticamente a Carme Chacón de la etiqueta de «lo nuevo».

Para los partidarios de la candidatura de Chacón, la tercera vía es sólo un artificio para fragmentar el voto de rechazo a Rubalcaba y creen llegado el momento de sacudir el partido con algún manifiesto o declaración que, abierto a cuantos se quieran sumar, dé cobertura a su probable candidatura sin tener que esperar el alumbramiento de una ponencia marco en la que se esperan pocas sorpresas y muchas enmiendas.

El documento de la Ejecutiva no se conocerá hasta el 8 de enero y al día siguiente comenzará el proceso de asambleas locales del que saldrán los delegados al congreso. Esperar hasta entonces para conocer lo que ofrecen los candidatos sería tanto como pretender que los militantes se pronuncien a ciegas. El tiempo empieza a correr en contra de quienes aspiran a tomar el relevo de Zapatero.

 

Ilustración de Iker Ayestaran