La realidad y el deseo

Una izquierda con vistas al mar

Las personas de tierra adentro agradecemos vivir unos días junto al mar. Resulta un privilegio poder mirarlo desde una ventana o caminar a lo largo de la orilla. No se trata sólo de disfrutar de su belleza. También necesitamos sentir la cercanía de la invitación al viaje que hay detrás cada ola. Necesitamos desligarnos, sabernos lejos de nuestros lugares cotidianos, dialogar en libertad con nosotros mismos.

La izquierda española debería aprovechar este verano para darse un paseo junto al mar y meditar sobre su futuro. ¿Cómo ofrecer una respuesta seria a la degradación económica, laboral y ética que vive la democracia española? Utilizo en mi pregunta la palabra seria porque la élite económica y sus portavoces políticos están multiplicando la estrategia tradicional de quitarle rigor a un posible cambio del panorama representativo español. La maldición rutinaria del voto inútil lanzada sobre Izquierda Unida se renueva ahora con las acusaciones de populismo peligroso lanzadas sobre Podemos.

Contra las denuncias de falta de seriedad, lo mejor será dar una respuesta seria. El problema es que no se puede asumir el concepto de seriedad que ha establecido el sistema reinante. Una voluntad transformadora no puede confundir la seriedad con una burocracia política oficial alejada de la vida de los ciudadanos. Tampoco puede confundir la participación democrática con las mentiras electorales, la corrupción generalizada y unas reformas que tienden a empobrecer a la mayoría y a criminalizar la protesta política, ampliando los mecanismos de represión y limitando el valor de una justicia independiente. Esta deriva dibuja sobre nuestra sociedad un panorama muy serio. Pero no es precisamente la seriedad que necesita una voluntad transformadora.

La cuestión, por tanto, es atreverse a imaginar una seriedad propia y alternativa. En esta tarea, sin duda, resultará oportuno el paseo junto al mar de los responsables políticos que apuesten por la ruptura del bipartidismo establecido en las últimas décadas. Es bueno desligarse de las propias limitaciones y hablar con imaginación y con audacia.

Lo primero que exige la seriedad es hacer un análisis de la situación. ¿Qué es lo que no queremos que ocurra? La tarea inmediata de una ciudadanía dispuesta a defender su dignidad es desalojar al Partido Popular de unas esferas de poderque  están liquidando nuestra humilde democracia social con velocidad de vértigo. Por eso el peligro más grave es que la subida de las opciones alternativas no sea suficiente para redefinir el horizonte que dejeun naufragio del PSOE. El PP puede fraguar unas mayoríasraspadasque le permitan seguir controlando la situación. El buitre de una reforma electoral tramposa sobrevuela esta posibilidad.

Otro peligro grave es pasar del bipartidismo al monopartidismo. La dispersión de un voto alternativo incapaz de consolidarse puede suponer -con un poco de manipulación mediática sobre el populismo, la locura y las amenazas contra España-, que algunos dirigentes del PSOE impongan su deseo de gran coalición con el PP. En eserecurso trabajan desde hace tiempo las élites económicas. Un sector importante del voto socialista está en contra de la coalición. Pero conviene evitar situaciones que faciliten el abrazo del oso. Para los que piensan en la gran coalición, las subidas muy salpicadas y a medias de los adversarios serían más cómodas que una voz unida y tajante en la izquierda.

Como las situaciones sociales cambian de rumbo con cierta rapidez, también puede ocurrirque, una vez perdida la posibilidad que abren las próximas elecciones municipales, el paso del tiempo resuelva el hundimiento del PP con una nueva recuperación del PSOE. Eso nos devolvería a los turnos de un bipartidismo inservible para dar respuesta a los cambios de raíz que exigela democracia española.

Quien quiera evitar estas situaciones debe compartir un paseo junto al mar y desligarse de sus estrategias más egoístas. Será un lastre todo lo que dividalos votos que pueden remar en el mismo rumbo. Tan malo parece romper la unidad de un frente común, con el deseo de seguir controlando por dentro una respuesta social minoritaria,como la tentación narcisista de pensar que un éxito notable acabasiempre en un camino recto de final feliz. Más que controlar, hace falta organizarse en común. Más que convertirse en un aluvión de pasados rencores e indignaciones repentinas, conviene conducir la respuesta política hacia una nueva ilusión colectiva.

Izquierda Unida y Podemos tienen un punto de coincidencia que evita la mezcla innecesaria de siglas en la próximaconvocatoria municipal: los ciudadanos. Opciones como Ganemos Barcelona…, o Madrid, o Villavieja de Arriba y Villanueva de Abajo, pueden indicar el camino de una experiencia en común.

Merece la pena intentarlo. De nada valdrán los "éxitos envenenados" que ayuden a mantener el sistema reinante en cualquiera de sus posibilidades. Unas, desde luego, son peores que otras, pero ninguna sirve para soltar amarras, desplegar velas y empezar de nuevo la navegación.