El ojo y la lupa

El eterno conflicto entre Oriente y Occdidente

El historiador británico Anthony Pagden ilustra en ‘Mundos en guerra. 2.500 años de conflicto entre Oriente y Occidente’ (RBA), una pugna que se remonta a las guerras de los griegos contra troyanos y persas, que llega hasta hoy y que enfrenta dos concepciones ideológicas teóricamente opuestas: la de los ‘orientales’, definidos con el estereotipo de sumisos y serviles, constreñidos por la religión y por gobernantes dictatoriales, y la de los ‘occidentales’, bajo la etiqueta también desviada de amantes de la libertad, laicos, defensores del imperio de la ley, críticos con el poder y capaces de derribarlo si se excede. Se trata de un libro notable y muy oportuno para ayudar a comprender la realidad más inmediata, cuando los aires de libertad recorren el mundo árabe y ningún tirano se siente seguro en su poltrona. Sin embargo, la reducción a estos dos modelos en conflicto puede pecar de simplista, y así lo reconoce el propio autor, aunque se decante de forma clara por la superioridad de ‘su’ modelo, el occidental.

La historia ayuda a poner las cosas en su lugar y rebaja cualquier ilusión sobre la limpieza de las intenciones occidentales y la supremacía de sus valores, desde el disparate de las Cruzadas y otras guerras de religión al oscurantismo de los siglos del absolutismo, la forja de los grandes imperios, el colonialismo del siglo XX y el neocolonialismo norteamericano surgido de las cenizas de la guerra fría y de la destrucción del sistema bipolar que la caracterizó. La mayoría de los conflictos Este-Oeste podrían explicarse por la ‘necesidad’ de Occidente de satisfacer sus ambiciones materiales y de dominación. Este flujo es ahora imposible en sentido contrario, dada la abismal diferencia económica y tecnológica entre el primero y el tercer mundo.

Los griegos de la generación de Heródoto, señala Pagden, explicaban la guerra de Troya como el primer gran triunfo de Occidente sobre Oriente, pero la visión de Homero en ‘La Iliada’ es más bien la de un conflicto entre pueblos de continentes diferentes pero que compartían valores y dioses, separados tan sólo por el mar Egeo y un par de estrechos. Ya por entonces, pues, existía ya algo parecido al debate hoy tan al uso entre si lo que predomina es el choque o el conflicto de civilizaciones.

Pagden, pesimista, sostiene que el conflicto Oriente-Occidente, aunque se circunscriba de momento a episodios de terrorismo, odio y resentimiento, "no será menos agrio, ni a la larga menos infructuoso, que durante los últimos dos milenios". Sin embargo, hoy que los jóvenes de tantos países ‘orientales’ luchan contra la tiranía, nadie debería arrebatarnos la esperanza, por efímera que sea, de que se derrumbe por fin la frontera ideológica entre esos dos mundos.