La judía sospechosa

En ‘Los perros y los lobos’ (Salamandra), última novela que publicó la judía rusa nacida en Ucrania Irene Nemirovsky antes de ser deportada en julio de 1942 desde Francia al campo de exterminio de Auschwitz (donde murió), la autora de ‘Suite francesa’ ofrece numerosas muestras de una actitud que le ha valido a veces entre los suyos la etiqueta de antisemita.

Se atribuye por ejemplo el origen de la fortuna de los banqueros judíos Sinner al “tabuco de un cambista, el chiribitil de un prendero, de un usurero que prestaba a una semana vista”. Los tíos de Harry, el gran amor de Ada, la protagonista, tienen “la tez aceitosa, rasgos afilados y ojos inquietos”. La esposa de Harry ve en Ada “esa mezcla típicamente judía de insolencia y servilismo”. Y el marido de Ada evoca este futuro para su arruinado rival: “Ir de país en país, vender y comprar baratijas, cambiar moneda, trabajar de viajante, pasar encajes falsos o munición de contrabando”. En definitiva, muchos de los tópicos que han servido durante siglos de coartada a pogromos, expulsiones y hasta el horror del Holocausto.

Esa visión simplista de la compleja relación de Nemirovsky con su condición judía se agudizó porqué en 1939 se convirtió al catolicismo con su familia, para evitar lo inevitable. Fue un gesto inútil que no la salvó de un final trágico. Ni a ella ni a su marido, aunque sus hijas lograron huir en azarosas circunstancias.

Autora famosa en los años treinta en Francia (donde su familia recaló tras una arriesgada huida de Rusia en 1918), cayó sobre ella en la posguerra un espeso velo de silencio, símbolo de la vergüenza y el olvido colectivos en una sociedad marcada por el colaboracionismo con los ocupantes nazis y la complicidad en la deportación masiva de judíos. La publicación en 2004 de su desconocida obra póstuma, ‘Suite francesa’, impresionante fresco de las caravanas de refugiados que huían del avance alemán, la catapultó a una fama universal.

Dejando en evidencia a quienes le niegan el pan y la sal, como los directivos del Museo de Historia del Judaísmo de París que rechazaron acoger una exposición sobre su peripecia humana y literaria, la obra de Nemirovsky refleja una ‘caracteriología positiva’ de los suyos, toda una reivindicación de su singularidad. Así, en ‘Los perros y los lobos’, se refiere a una raza que necesita lo imposible, marcada por la maldición de intentar ser más fuerte que Dios, de una “desfachatez judía” que implica una energía tenaz, una necesidad salvaje de conseguir lo que se desea y un desprecio ciego hacia la opinión ajena. Y ahí late más el orgullo que la vergüenza.