El ojo y la lupa

Valladolid: un festín de cine

"Si hay alguien interesado que lo diga". Con este toque irónico, el inglés de origen irlandés John Michael McDonagh, director de ‘El guardia’, una notable comedia negra con aires de ‘western’, mostraba hace días en un encuentro con periodistas su descontento porque el filme aún no tenía comprador en España. Sería una lástima que no lo hallara, sobre todo tras el buen sabor de boca que ha dejado en la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci). El olvido es una maldición que ha castigado a algunas buenas películas exhibidas en este festival, segundo de España por número de espectadores, pero no a la zaga del primero (San Sebastián) en cuanto a calidad y diversidad de sus propuestas, más para cinéfilos que para amantes del glamour.

Quien iba a decir en 1955 a las autoridades franquistas que la Semana de Cine Religioso, creada para mayor gloria del régimen y de la Iglesia, llegaría un día, privada ya de su declarada confesionalidad, a programar en la sección oficial una película cuyas protagonistas son dos iraníes lesbianas que intentan sobrevivir en la intolerante república de los ayatolás (‘Circunstancia’, de Maryam Keshavarz); otra sobre el desafío a la junta militar argentina de las Abuelas de Plaza de Mayo (‘Verdades verdaderas’, de Nicolás Gil Lavedra); y otra sobre un comprometido sindicalista que pierde su trabajo y, ya prejubilado, se enfrent a un dilema moral en el que sus principios quedan en entredicho: ‘Las nieves del Kilimanjaro’, del francés Robert Guédiguian.

Si algo sorprende en el palmarés de esta edición es que la Espiga de Oro haya recaído en ‘Hasta la vista’, del belga Geoffrey Enthoven, una ‘road movie’ divertida y sin pretensiones que trata del viaje a España, para perder su virginidad, de un ciego, un tetrapléjico y un enfermo terminal de cáncer. Lástima que su director fuese incapaz, pese a un prolongado ‘casting’, de encontrar actores con esas mismas minusvalías.

La Seminci ha ofrecido, en sus diferentes secciones, todo un festín para los aficionados al buen cine, agobiados si acaso por una oferta tan amplia como de elevado nivel medio. Tres toques más de atención: la desternillante y original ‘Starbuck’ (del canadiense Ken Scott); una espléndida muestra de cine social y comprometido (‘Monsieur Lazhar’, de Philippe Falardeau) y, por fin, ‘La conquista’, de Xavier Durringer, excelente cine político que refleja la implacable lucha por el poder de Nicolas Sarkozy y su disputa a muerte con Dominique de Villepin. Ojalá que la Seminci contribuya a que todas estas películas se abran paso hacia su exhibición comercial en España.