El ojo y la lupa

HHhH

Un buen título no se encuentra todos los días. ‘HHhH’, de Laurent Binet (Seix Barral), lo es. Sorprende e intriga, y el interés aumenta cuando se descubre que esas cuatro letras son las iniciales de ‘Himmlers Hirn heisst Heydrich’ (‘El cerebro de Himmler se llama Heydrich’), las mismas que, aunque con menos precisión, podrían establecer una relación similar entre Himmler, todopoderoso jefe de las SS, y Adolf Hitler.

Una ensalada de haches, con tres de tamaño gigante, como toca a los egos de sus portadores, criminales megalómanos dotados de un enorme talento para el genocidio. ‘HHhH’ se centra en Reinhard Heydrich, lugarteniente de Himmler, virrey nazi en Chequia y organizador de la ‘solución final’ para exterminar a los judíos con criterios de máxima eficiencia. Conocido como La Bestia Rubia y El Carnicero de Praga, murió en mayo de 1942 en la capital checa como consecuencia de un novelesco atentado perpetrado por tres patriotas, dos de ellos aerotransportados desde Inglaterra y lanzados en paracaídas.

‘HHhH’, premiado con el Goncourt a una primera novela, reconstruye esta hazaña con sólida base documental, notable capacidad narrativa y cierta dosis de imaginación en lo accesorio. Pero dedica demasiado esfuerzo a evitar caminos trillados por novelistas, historiadores y cineastas que se ocuparon ya de este episodio, uno de los más fascinantes de la II Guerra Mundial.

Binet no quiere etiquetar su libro y asegura que "hay realidades que no necesitan ficción" [véase ‘Público’ del 21 de septiembre’], pero su huida de la narración lineal, su afán por convertirse él en protagonista, hace que el texto pierda en ocasiones fuidez e interés con disgresiones que llegan a rozar el absurdo, como "todo esto carece de importancia, pero lo refiero aquí, de todos modos" (página 289). Quiere evitar la comparación con otros autores, pero se refiere a algunos de ellos, casi siempre para tacharles de imprecisos o de inventarse detalles, ya sea el color del Mercedes en el que viajaba Heydrich (verde o negro) o para dudar de que Jonathan Littell, autor de la tolstoiana ‘Las benévolas’, pudiese saber que Paul Blobel, el Standartenführer de las SS que perpetró la matanza de 30.000 judíos en Babi Yar (Ucrania), tenía un Opel (página 272).

El ritmo de la narración se recupera en la segunda parte, la más corta, la más convencional, la más lograda, la que, sin tanto desvío, relata el atentado, la subsiguiente represión salvaje e indiscriminada, la huida desesperada de los activistas, su refugio en una iglesia de Praga y la batalla final en la cripta con la apoteosis del suicidio con sus últimas balas.