La liebre de Paasilinna

Para darse cuenta de que al finlandés Arto Paasilinna no le van los personajes convencionales o conformistas, y mucho menos los caminos trillados, basta con resumir los argumentos de algunas de sus últimas novelas publicadas en España, todas ellas por Anagrama.

1.- ‘El bosque de los zorros’: Oliva Jantunen, un gángster con cuatro lingotes de oro robados a los que le ata una ‘relación paterno-filial’, se echa al monte para eludir la venganza de sus compinches. Allí monta una sociedad de intereses con una nonagenaria huida del asilo y un militar en periodo sabático y que nada en alcohol.

2.- ‘Delicioso suicidio en grupo’: En Finlandia, el alto nivel de vida no impide que quitarse la vida sea un deporte nacional. Onni Rellonen descubre que es más interesante (¿y divertido?) hacerlo en compañía, y organiza un viaje colectivo en un autobús bautizado como ‘Flecha de la muerte’.

3.- En ‘El mejor amigo del oso’, el pastor protestante Oskari Huuskonen supera sus frustraciones con ayuda de un plantígrado, al que llama Lucifer, y con el que comparte todo tipo de peripecias en un viaje disparatado.

4.- En ‘El año de la liebre’, publicada en Finlandia en 1974, pero que sólo ahora se edita en España, arropada por el éxito de las otras tres, el periodista Vatanen cura y proteje a un lebrato atropellado por su fotógrafo, rompe del todo con su vida (trabajo, esposa, banco…) y, en comunión con el entorno, vaga por el norte desolado de su país e incluso traspasa la frontera con la Unión Soviética persiguiendo a un oso.

En los cuatro casos, el tema recurrente de Paasilinna es la huida, de la rutina pero, sobre todo, de una sociedad alienante y convencional, hacia una naturaleza cruel pero también acogedora, propicia a facilitar la armonía con uno mismo. ‘El año de la liebre’ es un canto romántico a esa libertad de espíritu casi imposible de encontrar hoy en ningún país del mundo, incluso en los que aún conservan amplias extensiones de territorio apenas habitadas.

Vatanen es una especie de Robinson Crusoe, con la liebre en el papel de Viernes, pero que no está condenado a la soledad por un naufragio o cualquier otro capricho del azar, sino por su libre elección, por una filosofía personal no tan extrema como para impedirle que se involucre en relaciones humanas que, a la postre, resultan mucho más consistentes que las de su vida anterior, así como en borracheras memorables. Por encima incluso de todo ello, ‘El año de la liebre’ es una loa a una forma de vida primaria y auténtica que, al parecer, todavía es posible encontrar en esas regiones desoladas del Norte de Europa.