Theroux se retrata en Calcuta

Paul Theroux, autor de ‘La costa de los mosquitos’ y ‘El gran bazar del ferrocarril’, ha elegido su última obra de ficción, ‘Un crimen en Calcuta’ (Alfaguara), para ofrecer un curioso ejemplo de autorretrato: el protagonista, Jerry Delfont, mantiene una imposible entrevista con su autor que da pie a una caracterización de Theroux que tanto puede ser un ejercicio de narcisismo como de autocrítica, sin descartar la burla cruel.

Theroux se presenta como un metomentodo “despiadado” que se aprovecha de las confidencias que arranca a compañeros de viaje que ignoran de su identidad, que fagocita los encuentros más triviales y recorre el mundo generalizando y llegando a conclusiones superficiales, como que “en el Pacífico el jefe suele ser el hombre cuya camiseta no está tan sucia como la de todos los demás”. Una imagen que se completa con el de su personaje en la ficción, que admite que falsea sus peripecias y se hace pasar por un aventurero “cuando en el fondo se da el gusto de ser un turista”

Como Theroux, Delfont es escritor de viajes, aunque no novelista. La falta de ideas le mantiene en dique seco hasta que se ve envuelto en una improbable investigación detectivesca y en una relación tempestuosa con una norteamericana aparentemente dedicada a salvar a niños de la calle, una sacerdotisa blanca (¿) que le manipula mientras le descubre que los límites de la sensualidad están mucho más allá del coito.

Pero lo que más importa es el paisaje humano de Calcuta y, por extensión de la India, descrito sin compasión ni esperanza, y que hace posible que 44.000 niños desaparezcan al año y once millones estén abandonados, carne de explotación sexual, adopciones ilegales y talleres clandestinos. Un contraste terrible con esa otra India en auge, que escapa a trompicones y entre desigualdades lacerantes de la miseria de antaño y que aspira a convertirse en superpotencia mundial y Meca de la tecnología y los servicios. Theroux no se hace ilusiones sobre su retrato del país asiático, ya que pone en boca de uno de sus personajes: “No hay un solo libro sobre la India que sea fiel a la verdad (…) La verdad es algo prohibido, sobre todo si es por escrito”. Y si lo hubiese, “resultaría insoportable: un libro sobre el rencor, el veneno, la crueldad, la represión sexual, el incesto y los crímenes sin sentido”.

Theroux atribuye a la señora Unger, su otro protagonista de ‘Un crimen en Calcuta’: “Nunca puedes amar la India. Terminarías destruido”. ¿Cuál debería ser pues la actitud hacia una realidad tan atroz? Ésta: “Respeta a la India como respetarías a un tigre. De lo contrario, te comerá vivo”.