El ojo y la lupa

Teoría y práctica del 'best seller'

Los éxitos de ventas pueden cumplir una función social, como potenciadores de la lectura. No hay por qué anatemizarlos como subproducto literario. Clásicos como ‘Los miserables’, ‘La comedia humana’, ‘Ana Karénina’ o ‘Crimen y castigo’ fueron ‘best sellers’ en su época. Casi lo siguen siendo.

Dos grandes cultivadores del género son españoles: Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ruiz Zafón. No son Víctor Hugo, Balzac, Tolstói o Dostoievski, pero sí buenos escritores, magníficos forjadores de tramas, personajes y ambientes. Han demostrado que son capaces de conectar con millones de lectores de sensibilidades diferentes. El primero de ellos, académico de la lengua, ha creado con el Capitán Alatriste un prototipo que se echaba en falta: el del aventurero de la época en la que España era aún una superpotencia y sus soldados de fortuna se la jugaban en los campos de batalla europeos. Su antecedente más directo es los ‘Tres mosqueteros’ de Alejandro Dumas, un éxito de ventas eterno.

La última entrega de Alatriste, ‘El puente de los asesinos’ (Alfaguara), no enriquece demasiado la serie, pero tampoco defrauda a su legión de incondicionales. Ofrece un sobrio sabor a añeja novela por entregas -que enriquecen la tipografía y las ilustraciones-, una escritura antigua y moderna a la vez, capítulos cortos y de acción bien dosificada, un halo de misterio, y una tensión creciente hasta el estallido final, que cierra el episodio y abre de forma natural la puerta al siguiente, que promete ser el último.

Ruiz Zafón es otro notable escritor que, con ‘La sombra del viento’, encontró la piedra filosofal capaz de convertir la palabra en oro. Su serie del Cementerio de los Libros Olvidados, que prosiguió con ‘El juego del ángel’ y ahora con ‘El prisionero del cielo’ (Planeta), está más en la línea del Eugenio Sue y sus ‘Misterios de París’ que en la de las intrigas de capa y espada de Dumas. Sin embargo, Zafón, de éxito más internacional, con un arranque en su serie mucho más potente que Reverte en la suya, no mantiene el nivel con ‘El prisionero del cielo’. Brinda una lectura amena y mantiene siempre el interés del lector, pero se queda sin fuelle antes de rematar la faena. Se echa en falta más ‘metraje’ (es con gran diferencia la obra más breve de las tres) y esfuerzo en la elaboración de la trama y la composición de los personajes.

Huérfano de intriga y misterio en comparación con sus dos hermanos mayores, Zafón defrauda a quienes van pasando páginas en espera de una apoteosis que nunca llega, sustituida por un ‘continuará’ que preludia un cuarto libro con el que seguir haciendo caja.