El ojo y la lupa

La abundancia, más dañina que la pobreza

En El hundimiento de la banca (Los libros de la Catarata), Íñigo de Barrón, uno de los mejores periodistas económicos españoles, ofrece un esclarecedor análisis del caos financiero que, alimentado por la burbuja inmobiliaria y por complicidades múltiples, ha conducido a este país al grado de extrema postración en que hoy se encuentra.

Nos hemos despertado bruscamente del sueño que prometía un empleo bien pagado, un piso en propiedad, un accesible y amplio surtido de productos de consumo y diversión, vacaciones en la playa o el extranjero, un coche y generosas prestaciones del Estado. Ya sabemos que las cosas tardarán mucho en volver a ser como antes, o más bien que nunca volverán a serlo. Sin embargo, todavía ahora, mucha gente sigue sin entender cómo se ha llegado a esta situación catastrófica, sin que los poderes públicos fuesen capaces de prevenir y evitar el desastre. Este libro, de honda vocación didáctica, pretende llenar esa laguna. Sin merma del rigor exigible a todo análisis económico, utiliza las más legítimas armas del periodismo para explicar de una manera transparente y accesible para los no iniciados, con aliento de reportaje e incluso de novela, la génesis y el desarrollo de una crisis llamada a dejar una huella profunda en la historia del siglo XXI.

El hundimiento de la banca es, además, una oración fúnebre por las cajas de ahorros, una banca diferente, cercana y sin ánimo de lucro que, a través de su obra social, repartía sus beneficios en forma de programas asistenciales, sanitarios, culturales o científicos. Un retorno de más de 10.000 millones de euros en los últimos seis años, reducidos ya en más de un 50%, justo cuando el Estado nos cobra cada vez más caro por cada vez menos prestaciones públicas.

La apisonadora ha aplastado a la mitad del sistema financiero español en un tiempo récord, fulminando a la mayoría de las cajas, con frecuencia centenarias (Caja Madrid se fundó en 1702), en una demolición acelerada como nunca antes se había visto en España. La ironía, que Íñigo de Barrón resalta, es que "ha sido más dañina la abundancia que la pobreza", ya que estas instituciones, "que sobrevivieron incluso a la devastadora guerra civil", han sido incapaces de resistir el tsunami ocurrido cuando el país presumía de estar en el club de los más ricos del mundo. Resulta ejemplarizante que hayan sido dos pequeñas cajas, las de Ontinyent y Pollença, las que mejor han capeado la tormenta, gracias a que mantuvieron el modelo tradicional de negocio y ajustaron la concesión de créditos al nivel de sus depósitos.

En El hundimiento de la banca se denuncian la codicia de "ejecutivos ineptos, inexpertos y temerarios" que, en lugar de los pobres "prefirieron la compañía de los nuevos ricos del ladrillo. También se tira con bala contra los banqueros extranjeros (con alemanes y franceses a la cabeza), que "engrasaron los engranajes del festival"; los ayuntamientos, que se convirtieron en "adictos al IBI", recalificaron terrenos a mansalva y se endeudaron por encima de sus posibilidades; los Gobiernos central y autonómicos, y a los sucesivos gobernadores del Banco de España, que se cruzaron de brazos o abdicaron de su labor de supervisión; los ciudadanos, muchos de los cuales se convirtieron a la fe en el enriquecimiento fácil y rápido, olvidando principios tan básicos como que hay que invertir con prudencia y ahorrar por lo que pueda ocurrir el día de mañana. Y por fin, los medios de comunicación, que no supieron ver la magnitud del Apocalipsis que se avecinaba.

Mención especial merece en el libro el caso Bankia, al que se dedica un capítulo titulado Crimen perfecto, y que Íñigo de Barrón considera "el Lehman Brothers español", un "cóctel terrible", un "ejemplo colosal de injerencia y lucha de poder político, mezclado con una gestión deficiente". Una bomba de tantos megatones, la segunda en potencia explosiva de cuantas han estallado en Europa durante esta crisis, que obligó a un Gobierno incapaz de gestionar sus consecuencias a pedir desesperadamente ayuda financiera a la UE. Bankia es el epítome de una crisis financiera que se está llevando por delante 60.000 empleos en el sector y 20.000 oficinas.

¿Adónde nos ha llevado esta avalancha? A recortes brutales para el ciudadano mientras se invierten fortunas en salvar el sistema financiero, a la pérdida de derechos sociales, cesión de soberanía, a una tasa de paro inasumible, a una juventud sin horizonte vital, a un empobrecimiento generalizado, a una reforma laboral que prefigura el despido libre, a unos Gobiernos elegidos por el pueblo pero que traicionan sus programas y solo obedecen a Bruselas, Berlín, el FMI o la tiranía de los mercados. Y todo sin que los culpables se sienten en el banquillo de los acusados.