El ojo y la lupa

Carmen Machi es mejor actriz que Julia Roberts

El duelo interpretativo que Meryl Streep y Julia Roberts ofrecen en Agosto, con el que ambas han entrado en la quiniela de los Oscar, podría calificarse de notable de no sufrir en la comparación con Amparo Baró y Carmen Machi, que representaron los mismos papeles que ellas en la versión teatral de la obra de Tracy Letts, que Gerardo Vera montó hace un par de años en el teatro Valle Inclán de Madrid.

Colocadas obra y película la una frente a la otra, la primera conclusión es que las dos actrices españolas son mucho más creíbles sobre un escenario que las dos norteamericanas ante una cámara. La segunda es que, por mucho que le atrajese la oferta de Hollywood, y aunque él mismo se encargase del guión, Letts no debería haberse dejado convencer para permitir la adaptación al cine de su magnífica obra, ganadora del Pulitzer pero que sufre en su paso a la pantalla, en el que no supera el estereotipo de cine filmado.

Esa traslación funciona a veces, pero no de forma automática. Ha dado pie a películas extraordinarias, como Un tranvía llamado deseo (basada en la obra homónima de Tennessee Williams) y ¿Quién teme a Virginia Wolf? (en la de Edward Albee). Pero para conseguir ese resultado fue necesario un director de los grandes en el primer caso (Elia Kazan) y otro en el segundo (Mike Nichols) que, aunque no lo era, estuvo en esa ocasión en estado de gracia, lo que no puede decirse del director de Agosto, John Wells.

Además, en el tranvía brillaron con luz propia Marlon Brando y Vivien Leigh, y en ¿Quién teme… Richard Burton y Elisabeth Taylor protagonizaron un cataclísmico choque de talento y caracteres, a tono con el argumento y con el morbo añadido de su propia y tormentosa relación personal. Por cierto, que Machi también sale bien parada de la comparación con la Taylor en la versión teatral del argentino Daniel Veronese, aunque en este caso no está claro quién supera a quién.

En el Agosto cinematográfico, ni todo el oficio de Streep y Roberts consigue diluir la sensación de asistir a una agobiante, desaforada, pedestre  y poco convincente riña de patio de vecinos… y eso que la acción transcurre en una casa aislada del corazón de Estados Unidos, en un condado de Oklahoma donde, por cierto, se da una de las mayores proporciones de población india del país.

Las mismas tensiones de un atormentado microcosmos familiar a las que Vera, Baró y Machi dotaron de credibilidad porque tocaban fibras esenciales del comportamiento humano, con esporádicos toques de humor amargo que daban respiro a una sensación opresiva, parecen artificiales en la versión fílmica, y recuerdan en ocasiones a los programas de telerrealidad en los que el famoseo cutre se saca los ojos. Eso sí, destacan en papeles secundarios Chris Cooper, Sam Shepard  y, sobre todo, Misty Upham, que da vida a una empleada de hogar india que ejerce de contrapeso de bondad, serenidad y sentido común en una familia cuyos miembros se dedican con entusiasmo al deporte no olímpico pero si muy practicado de hacerse pedazos los unos a los otros. Lo más imperdonable es que, después de ver la cara de bobo con la que se presenta a Benedict Cumberbatch, será ya casi imposible imaginarle como el genio de la deducción en la magnífica serie televisiva Sherlock .

El Agosto teatral duraba tres horas y media y te dejaba con ganas de más. El Agosto cinematográfico apenas llega a las dos horas, y en la segunda no dejas de mirar el reloj y removerte en el sillón. La culpa, más que de Meryl Streep y Julia Roberts, que hacen lo que pueden, es del director y del autor-adaptador, pero el resultado es que, en la comparación, Amparo Baró y Carmen Machi demuestran ser mejores actrices que los dos mitos de Hollywood.

Hoy tocaba orgullo patrio…