El ojo y la lupa

El pasado nazi pasa factura

Maurizio Collini, un inmigrante italiano jubilado después de trabajar 34 años en Alemania, pega cuatro tiros al magnate de la industria Hans Meyer en una habitación del hotel Adlon, junto a la berlinesa Puerta de Brandenburgo. Espera a que llegue la policía, se entrega sin resistencia y se niega a pronunciar palabra. A un joven letrado, Caspar Leinen, le toca el caso por el turno de oficio y su sentido de la responsabilidad le lleva a asumir la defensa pese a conocer a la víctima, cuya nieta fue su primer amor.

Caso Collini, El_137X220Ferdinand von Schirach, un abogado que con tres libros de temática jurídica ha conmocionado el panorama literario germano, relata en El caso Collini (Salamandra) el desarrollo del proceso con la precisión de alguien obsesionado por el correcto funcionamiento de la justicia y el convencimiento de que, cuando se juzga a un acusado, no solo importan los hechos, sino también las motivaciones. Eso le lleva a hurgar en la herida abierta del pasado nazi en la administración de justicia.

Leinen comprende la relevancia que tiene para el caso determinar qué fue lo que impulsó a Collini a matar a Meyer, e investiga hasta conocer los detalles del fusilamiento de 20 civiles en Italia en 1943, ordenado por un joven oficial como represalia por la muerte en un atentado partisano de dos soldados alemanes. Se trata de aclarar si ese tipo de acciones estaban permitidas, bajo determinadas circunstancias, por el derecho internacional, la forma en la que esa percepción ha cambiado desde entonces y hasta qué punto la obediencia debida puede ser atenuante o eximente. También de establecer la distinción entre homicidio, asesinato y complicidad por asesinato en ese tipo de matanzas. Y, por fin, de explicar las condiciones para que la responsabilidad penal de un hecho como ése se considere prescrita. Son todas ellas cuestiones esenciales para que Collini sea visto por los tres jueces y dos jurados como un asesino frío e implacable o como alguien que se toma la justicia por su mano porque una ley injusta ha impedido que se haga justicia.

En este caso, lo que resulta más sustancial es la prescripción, lo que lleva al abogado —y al autor— a denunciar que en 1968, casi de tapadillo, se aprobó una ley, promovida por Eduard Dreher, jurista y alto funcionario de pasado nazi, que hizo posible que muchos cómplices de las atrocidades cometidas durante el III Reich vieran rebajada la gravedad de sus presuntos delitos y que estos quedasen prescritos. La publicación del libro causó una conmoción en Alemania donde, poco después, se creó una comisión independiente para investigar el pasado nazi en el Ministerio de Justicia.

La forma en que la nieta del muerto afronta el conocimiento de lo que su abuelo hizo durante la guerra, entronca con la historia familiar del propio Von Schirach, cuyo abuelo fue condenado a 20 años de prisión en los juicios de Nurenberg por crímenes contra la humanidad: participó en la deportación de los judíos de Viena que condujo a la muerte de la mayoría de ellos en los campos de exterminio.

Von Schirach es un maestro de la concisión, tiene una infrecuente capacidad para privar de lo accesorio a todo lo que escribe, y reducirlo a pura sustancia. Se aprecia así en El caso Collini, pero era más visible aún en sus dos libros anteriores, Crímenes y Culpa, basados en su experiencia de más de casi 20 años como abogado defensor y en el convencimiento de que hay que humanizar el aparato de justicia.

Es, también, un optimista incorregible, que cree que el sistema judicial y penal de Alemania favorece la humanización y la redención, al menos en teoría. Algo quizás aprendido de un tío —una especie de compensación por su abuelo— que, según asegura en el prologo de Crímenes, "fue un buen juez, humano, íntegro y con gran sentido de la justicia". El mismo tío que, pese a estar manco de un brazo por la explosión de una granada durante la guerra, logró matarse apretando el gatillo de su escopeta, y que dejó una carta a un amigo que empezaba así: "La mayoría de las cosas son complicadas, y la culpabilidad es siempre un asunto delicado".