El ojo y la lupa

Emigración, raíces e insurgencia maoísta

La norteamericana de origen indio Jhumpa Lahiri, que ganó el Pulitzer con su primera recopilación de relatos (Intérprete de emociones, Ediciones del Bronce), cosechó con la segunda (Tierra desacostumbrada, Salamandra) un gran éxito internacional con reflejo en España. Eran historias de raíces nunca extirpadas, de emigración de quienes, sin experimentar la necesidad material de escapar de la miseria, buscan en Occidente –y sobre todo en Estados Unidos- , un horizonte vital más rico y, con frecuencia, la integración en las élites culturales e intelectuales.

Sus personajes se adaptanrazonablemente bien a la vida en un país muy diferente del suyo, no sufren casi nunca en carne propia los efectos de la discriminación racial, se emparejan en ocasiones con norteamericanos –cuando no se someten a la tradición de los matrimonios concertados por los padres-, tienen hijos que van perdiendo la conexión con India, pero nunca dejan de ser indios del todo, sino que mantienen una doble condición que la mezcla de culturas y razas permite en Estados Unidos sin que tenga por qué resultar traumática. Son híbridos que no siempre se enriquecen con la mezcla. Tierra desacostumbrada consiguió convertir ese cóctel de desarraigo e integración en algo que llegó al corazón y el cerebro de lectores de todo el mundo.

Lahiri, nacida en Londres en 1967, pero que ha residido casi toda su vida en Rhode Island (Nueva Inglaterra), vuelve a la misma temática, en esta ocasión con una novela: La Hondonada (Salamandra). Se nota que lo suyo son las distancias cortas, da la impresión de que alarga sin necesidad un argumento al que no ha podido extraer todo el jugo. Aun así, capta la atención por su destreza para convertir al clásico narrador omnisciente en un penetrante psicólogo capaz de describir desde dentro las contradicciones y razones últimas del comportamiento humano cuando está sometido a traumas importantes y a influencias culturales opuestas.

Hay cuatro personajes principales en La hondonada: dos hermanos, Subhash y Udayán, ambos universitarios de familia de clase media baja que viven en Calcuta (hoy Kolkata) cuando la desigualdad, la injusticia y la corrupción abonan el nacimiento en el distrito de Darjeeling, en la década de los sesenta, de la insurgencia maoísta naxalita, que recurre a métodos terroristas y es perseguida con ferocidad por unas fuerzas de seguridad que recurren a la tortura y el asesinato como habitual arma de guerra.

Subhash emigra a Estados Unidos para completar su formación, casi se olvida de esa realidad inquietante y se queda allí para siempre. Udayán se casa con una estudiante, Gauri, contra la opinión de sus padres que se creían con derecho a organizar su matrimonio, y se compromete a fondo con los naxalitas hasta que, tras el asesinato de un policía, es detenido y muerto en aplicación de la ley de fugas, cuando su mujer lleva ya un hijo suyo en el vientre. Subhash, muy unido a su hermano, regresa y rescata a su cuñada de la prisión en que se ha convertido la casa de sus suegros, se la lleva a Estados Unidos, se casa con ella y cría como propia a su sobrina, Bela, a la que no se informa de su origen.

Estas tres vidas se desarrollan al principio en el mismo espacio físico, pero en compartimentos psicológicos separados, sin que llegue a consolidarse nunca una familia en el sentido orgánico y emocional del término, sin que el matrimonio llegue a disipar del todo el fantasma del hermano/marido muerto, y sin que Gauri sea capaz de volcar en su hija el amor que esta necesita. Y así hasta que la ruptura interior se hace física y cada cual tira por su lado, durante años y décadas, con culpas repartidas y desiguales en el desastre, con Gauri como el actor más egoísta, con Subhash como la víctima más notoria, con Bela como la única que es capaz de alcanzar algo parecido a la armonía. Y con el origen indio de los tres, el peso de lo que dejaron atrás, influyendo de forma sutil en el rumbo que toma su vida.

En teoría, hay aquí materia prima para componer una novela que podría ilustrar la famosa primera frase de Anna Karénina, la que sostiene que todas las familias felices son iguales, pero que las desgraciadas lo son cada una a su manera. El problema es que a Lahiri le falta a veces el aliento para conseguir que el lector se interese por el destino de sus protagonistas con la misma facilidad y aparente falta de esfuerzo que denotaba en la mayoría de sus relatos. Este defecto es flagrante en el personaje de Gauri, cuyo egoísmo esencial no está lo suficientemente bien explicado como para ser entendido y quién sabe si exculpado.

La autora de La hondonada desaprovecha además la oportunidad de dar a conocer al lector occidental la génesis y desarrollo de una de las insurrecciones más desconocidas que existen, la naxalita, y eso a pesar de que dedica más de la mitad de la página de agradecimientos a reseñar las fuentes esenciales que ha utilizado para documentarse sobre el movimiento maoísta armado de la India.

Es una pena, porque no se trata de agua pasada, sigue muy activo, se ha extendido por buena parte de India, se le atribuyen cerca de 12.000 muertes, está considerado el mayor problema de seguridad del país y hasta las autoridades que luchan para reprimirlo admiten que se alimenta de la explotación y los abusos que sufren los más pobres en la que presume de ser "la mayor democracia del mundo".

En manos de Lahiri, este tema tan prometedor no se desarrolla, sino que se limita a formar parte del paisaje, se utiliza tan solo para hacer más comprensible la huella de dolor que la muerte de Udayán deja en su hermano y en su mujer, así como la culpa secreta que esta última almacena por su contribución en la preparación de un atentado que se cobró una vida.