El ojo y la lupa

Johnny Depp rescata la novela perdida de Woody Guthrie

En las plazas de la ciudad, bajo la sombra de una torre,
 junto a la oficina de socorro, he visto a mi pueblo.
Estaba allí, hambriento, y le pregunté:
¿Se hizo para ti y para mí esta tierra?

De Esta tierra es tu tierra, de Woody Guthrie. Traducción de Jesús Zulaika

En 1947, Woody Guthrie, voz musical de las víctimas de la Gran Depresión, antecedente de muchos artistas folk comprometidos como Pete Seeger y Bob Dylan, escribió una novela, Una casa de tierra, que deseaba ver convertida en película pero cuyo destino fue el olvido durante 66 años, incluso para los herederos que gestionan y difunden su legado. El actor Johnny Depp y el historiador Douglas Brinkley han rescatado esta joya perdida y logrado su publicación en 2013, un año después de que se conmemorase el centenario del nacimiento del cantautor de Oklahoma (1912-1967).

La obra acaba de ser editada en España por Anagrama, incluyendo las ilustraciones originales del autor, aunque no el óleo de una casa de adobe recogido en la portada de la edición norteamericana. En su lugar se reproduce un cuadro de una de madera. La diferencia es importante, ya que el trasfondo de la novela es el anhelo de construirun hogar de barro y paja por parte de una pareja de aparceros del norte de Tejas azotado por una naturaleza cruel y una sociedad injusta, en plena Gran Depresión.

Es éste un libro singular, de solo tres personajes, cuyo aliento lírico podría alimentar centenares de canciones como las de Guthrie, que honra a la dura lucha por la supervivencia en una etapa crítica para Estados Unidos, constituye un desgarrador alegato contra la explotación y describe escenas de sexo, de un parto y de las horas previas a éste como pocas veces se han visto reflejadas en la literatura.

Ella May compone con su marido, el aparcero Tike, una pareja a la que Guthrie da fuerza de prototipo y qué ilustra cómo pueden sobrevivir, incluso en condiciones extremas, la fuerza del carácter, la rebelión interior contra la explotación y la miseria, la riqueza y complejidad de los sentimientos y la aspiración a una vida mejor, simbolizada en la casi utópica por inalcanzable construcción de adobe. Porque  la casucha de madera que habitan y la parcela de tierra reseca que cultivan y de la que apenas sacan lo suficiente para sobrevivir ni siquiera es suya: "Pertenece a un hombre que jamás ha puesto el pie en ella (…), a una enfermedad que es el peor cáncer de la paz de este país, que va de la mano del Ku Klux Klan (…), de la doctrina y el evangelio del odio entre razas, un cáncer que es el sistema de esclavitud conocido como aparcería".

Una casa de tierra es descriptiva, incluso en exceso: explica cómo es y se siente el árido paisaje, el clima inclemente, la fragilidad del carcomido habitáculo a merced del viento, el polvo, el frío helador, el calor asfixiante… Los ecos de Las uvas de la ira son potentes, aunque la de Guthrie es una novela estática, ya que sus protagonistas se mueven entre cuatro paredes, mientras que los de Steinbeck huyen hacia el Eldorado californiano empujados por las tormentas de polvo que se llevaron por el aire el suelo fértil de Oklahoma o Kansas y les arrebataron sus granjas en beneficio de los bancos y los grandes terratenientes.

Hay mucho en Una casa de tierra de rebelión, incluso de odio y rencor hacia los explotadores, pero también de comprensión hacia los seres humanos, sobre todo los que comparten con Tike y su mujer la maldición de una época de plagas bíblicas. Él sabe que algunos de ellos pueden tener "tres hábitos buenos y cuatro malos, otros once pecados y doce virtudes, otros dos vicios y una veta de honradez, otros ser justos en unas cosas y un desastre en otras".

Guthrie es un mito y un referente para cualquiera interesado en la función social de la música folk. La adaptación al cine –Esta tierra es mi tierra- que Hal Ashby hizo de su autobiografía en 1976, con David Carradine de protagonista, fue conmovedora. La inscripción que tenía su guitarra  -Esta máquina mata fascistas- es para muchos de sus admiradores tan icónica como el retrato del Che.

La traducción de Una casa de tierra, impecable y rica en matices, es de Jesús Zulaika. El libro incluye una extensa presentación de Douglas Brinkley y Johnny Depp. Este último, entusiasmado con la novela y rendido admirador de Guthrie, se ha declarado dispuesto a representar cualquier papel en la eventual adaptación cinematográfica. Sería una buena forma de hacer justicia a una obra que, al parecer, el cantautor sólo mostró al cineasta Irving Lerner y que, al no cuajar como película, dejó de lado y olvidó en algún rincón.

Este reconocimiento del genio de Guthrie no llega de forma clara a las nuevas generaciones, ni siquiera en Estados Unidos. Brinkley cuenta que, cuando preguntó por Guthrie en su clase de la universidad, sólo uno de sus 35 alumnos reconoció el nombre, aunque todos ellos admiraban a quienes se confiesan sus seguidores, como Bruce Springsteen y Bob Dylan. Cuando éste último leyó el borrador de la novela se mostró "sorprendido ante el genio de una prosa con tal poder de seducción, una meditación sobre cómo los pobres buscan el amor y el sentido en un mundo corrupto donde los ricos han perdido toda brújula moral". Pero quizás sea Steinbeck quien mejor le honró: "Es una voz y una guitarra. Canta las canciones de un pueblo, es en cierto modo ese pueblo". Y representa "la voluntad de resistir y luchar contra la opresión".